Orgasmos múltiples

1022 Words
Íbamos en completo silencio en el auto, yo tenía los ojos cerrados, totalmente relajada, queriendo evitar por todos los medios pensar. Cuando en una luz roja, Sebastián tomó mi muslo. -¿Te gustó? -Abrí mis ojos para encontrarme con los de él. -Sí, estuvo bien. -Dejando de lado mi orgasmo con Nick, la experiencia había sido excitante y satisfactoria. Entrecerró los ojos, como si pudiera leerme la mente, como si supiera que estaba guardándome algo; pero, ya no mencionó nada y continuamos en silencio el resto del viaje. Llegamos a casa, me tomó de la mano y me acompañó hasta la puerta de mi recámara; sin decir ni una sola palabra, simplemente me besó, tranquila y pacientemente. Entré a prepararme para dormir, para posteriormente alcanzarlo en su habitación; mientras mis ideas no dejaban de pasar una y otra vez, ¿por qué? ¿Por qué no había podido controlarme? Con aquélla tormenta de ideas, los días comenzaron a pasar, y salí a comer con Natalia. -¿Puedo preguntarte algo, Nat? -Me sentía un poco avergonzada, no sólo por el hecho de que nunca había hablado con alguien de temas íntimos; sino que además, de alguna manera me preocupaba lo que pensaría Sebastián. En ese momento recordé sus palabras, las que había subestimado con anterioridad: "No hacernos daño sentimentalmente," y entonces, eso sólo me hizo sentir ansiosa. -¿Qué sucede Alexa? -Cuestionó Natalia impaciente. -¿Es posible que pueda tener varios orgasmos? -Interrogué seriamente. Se sentó correctamente para responderme. -Sí, hay mujeres multiorgásmicas - su respuesta me sorprendió. -¿Lo acabas de experimentar? -Preguntó realmente interesada. -Tuve uno con Nick, y después con Sebastián esa noche - confesé. -¡Es genial! -Había emoción en sus palabras, pero yo no podía evitar pensar en Sebastián. Escuché a Natalia suspirar. -Deberías hablar con Sebastián acerca de eso - la vi con un poco de temor. ¿Estaba leyendo mis pensamientos? -Y tal vez puedas experimentarlo de nuevo sólo con él - me aconsejó. Sus palabras me llevaron por dos lados totalmente opuestos: el miedo de hablar con él, y la emoción de volver a experimentarlo. Llegué a casa después de comer con ella, y pasé el resto del día meditando la manera correcta de plantearlo. -¿Te sientes mal? -Escuché a Sebastián a un lado de mí, ni siquiera había escuchado la puerta abrirse. -No. ¿Ya está la cena? -Comencé a levantarme de la cama. -Sí - me veía con extrañeza, pienso que mi semblante me delataba. -¿Segura que estás bien? -Volvió a preguntar, así que le di mi mejor sonrisa, lo tomé de la mano y bajamos para cenar como normalmente lo hacíamos. La conversación se basó en su día laboral, aun cuando estaba nerviosa y distraída, pude mantenerme atenta a sus palabras. Terminamos de cenar, y Lara se encargó de recoger la mesa, para terminar invitándolo a mi habitación. Me lancé con desesperación a sus brazos, besándolo, queriendo corroborar que podía dirigir mis esfuerzos para tener más de un orgasmo. Sebastián me correspondió, sus manos audaces me desvistieron y más pronto de lo que imaginé, él ya me tenía en cuatro. -Dime Alex, ¿Nick te estaba haciendo disfrutar? -¡Diablos! ¿Era tan fácil leerme? -Yo... - titubeé con mi respuesta. -Vamos Alex, sólo acéptalo, vi tu cara de placer - la oportunidad estaba ahí, y al no estarme viendo, lo hizo más fácil. -Tuve un orgasmo con él - admití. -¡Oh, Bebé! -Salió de mí a gran velocidad, me giró, aprisionando mi cuerpo contra la cama se hundió en mí de nueva cuenta. -Tuviste otro conmigo, ¿cierto? -Noté la intensidad de su lujuria al preguntar. -Sí - no pensé que mi confesión sería de aquella manera, pero debo reconocer que fue fenomenal. Sebastián, comenzó a hacer lo que ya sabía, tocarme y embestirme con la velocidad y fuerza exacta para hacerme llegar al clímax. Mi corazón estaba acelerado, mi cuerpo se estaba recuperando del placer alcanzado, cuando Sebastián reinició todo el proceso. -Otro Bebé, otro - me dijo al oído, mientras lo obedecí, dejándome llevar por el éxtasis de nuevo. -¿Cuántos podré darte? -Preguntó enfermamente lujurioso. -¡Espera! Cambiemos de posición. –Entre la aceleración de mi corazón, y mi cuerpo aprisionado entre el de él y la cama, estaba haciendo que mis pulmones exigieran más aire. En una maniobra, sin salir de mí siquiera, nos giró, siendo mi turno de estar arriba. Tomé el ritmo y para mi satisfacción, llegué otra vez. -¡Voy a exprimirte! -Su declaración fue gratificante, no había necesitado revelarle mis planes, y simplemente me llevó por el camino que yo también había ideado tomar. No pude llevar la cuenta de cuántas veces el orgasmo me alcanzó; pero mis piernas comenzaron a acalambrarse, cada vez sentía más mi clítoris palpitar con intensidad, mi corazón quería salir de mi pecho, ya no podía siquiera sostenerme, mi garganta estaba seca de tanto jadear, y de alguna manera mi cuerpo exigía más, era adictivo. -Sebs, ya no puedo - apenas alcancé a decir. Nos puso de costado, él atrás de mí, pegado totalmente a mi cuerpo y sus brazos rodeándome; entre sueños lo escuché gemir, y sentí un líquido caliente escurriendo entre mis piernas. Mi conciencia se apoderó de mi mente, sin abrir los ojos me percaté del cansancio de mi cuerpo, me dolía todo. Eché un vistazo a la cama, para notar que Sebastián ya no estaba, la luz entraba por la ventana, así que no tardé en obviar la situación: ya era tarde y él debió haberse ido al trabajo. Me levanté al baño, me aseé y cuando salí, para mi asombro Sebastián estaba en la cama, con pijamas y las charolas con comidas. Sonreí ante el detalle. Desayunamos en silencio, al menos mi cerebro ya estaba más tranquilo, me había confesado; y aunque su reacción no fue para nada la esperada, ya no tenía nada por lo que sentirme ansiosa. Cuando terminamos de comer, nos acostamos una vez más, la noche había sido demasiado intensa físicamente para ambos.
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