Juguemos

1148 Words
Levanté mi rostro, lamiendo la comisura de mis labios, no quería que nada saliera de mi boca. Él se alzó sobre sus codos, sus ojos color miel no disimulaban el deseo. -¡Diablos Alex! Acabo de tener un orgasmo en tu boca, y solo estoy pensando en… - no terminó la frase, y yo sonreí con satisfacción. –Dime que tienes otra de estas ideas en tu mente – exigió saber. -¡Espera! –Me levanté corriendo a mi armario, a sacar de una de las bolsas un vibrador de control remoto. Salí, mientras le mostraba los objetos en cada una de mis manos. Sebastián estaba acomodándose la ropa, le di el control y yo me puse la ropa interior que vibraba; sonreí, saliendo lo más rápido que pude de la habitación. -¿Qué es esto? –Lo escuché decir en la distancia, pero ni siquiera me tomé la molestia de responder. Llegué a la planta baja, donde Nat me esperaba, tan pronto me vio sonrió con complicidad, haciéndome sentir una adolescente. -¿Cómo estuvo? –Interrogó sin reservas. Pero, que podía contestar, estaba excitada, no solo por lo que le había hecho, sino además lo que estaba por venir; por lo que sólo me encogí de hombros. Sebastián bajó por las escaleras, quedándose a unos cuantos escalones arriba, llamó la atención de los presentes. –¡Buenas noches a todos! –Las personas comenzaron a guardar silencio y prestarle toda la atención. –No todos los años se cumple medio siglo – se escucharon las risas. –Quiero agradecerles a todos por asistir a esta velada, sé que fue algo apresurado y valoro mucho que se hayan tomado el tiempo de asistir – algunas personas elevaron sus copas en su dirección. -Y aunque dos personas que son de suma importancia en mi vida, no se encuentran aquí, quiero llamar a la responsable de la existencia de ellos – me buscó con la mirada, y cuando me encontró, extendió su mano en mi dirección: –Alexa Hamilton, mi esposa – caminé hacia él, mientras las personas me hacían espacio para llegar. Me abrazó con fuerza. –¡Te amo tanto Alexa! –Susurró en mi oído con emotividad. -Y yo te amo a ti Sebastián – respondí sonriendo de felicidad. Me coloqué a un lado de él, mientras levantaba su copa. –¡Gracias a todos por estar aquí! – Vi como las personas levantaron sus copas, mientras algunos gritaban: -¡Felicidades! –Y bebieron su champagne. Le di un beso en la mejilla, para bajar los escalones que faltaban, y pronto las personas comenzaron a abordarlo otra vez; así que regresé con Natalia. La fiesta siguió con normalidad, hasta que de repente sentí algo entre mis piernas. -¡Dios! –Dije casi en un grito, sosteniéndome con una mano del hombro de Nat, apretando mis piernas con fuerza, y llevando la otra mano a mi estómago para disimular. Me di cuenta que había llamado la atención de la gente a mi alrededor. -¿Estás bien? –Preguntó Nat con preocupación. -Sí – y volví a sentir una vibración, que me hizo contraerme de nuevo. Natalia me dio una mirada dubitativa. Me llevó hasta una silla, mientras yo buscaba a Sebastián con la mirada. Sentí con mayor intensidad la vibración y me doblé en la silla, por la mezcla de placer, dolor y vergüenza de la situación, cuando escuché a Natalia carcajearse. -No sabía que ustedes estuvieran en ese punto – me dijo Nat con diversión. Levanté la mirada, para encontrarme con los perversos ojos color miel. -¿Se encuentra bien? –Escuché que alguien preguntó con real preocupación a un lado de mí, pero no pude percatarme de quién era. -No, creo que será mejor que vayamos - me volví a retorcer en mi lugar, sin darle oportunidad a Nat de terminar. -Iré a despedirme de Sebastián – dijo aquella voz, y tomó mi hombro. –Muchas gracias por la hospitalidad, espero que te mejores Alexa – y escuché como se marchó. Me pude enderezar, sosteniéndole la mirada a Natalia, que me veía disfrutando en demasía mi situación. Pronto la casa comenzó a vaciarse, quedando sólo un par de personas. –Tenemos que hablar – dijo Natalia, pero yo volví a sentir una fugaz vibración, por lo que di un ligero salto y sólo pude asentir, mientras ella se carcajeaba. Me dio un beso en la mejilla en señal de despedida, la vi alejarse en dirección a Sebastián, mantuvieron una conversación los tres, porque ahí estaba Nick con ella; haciéndome preguntarme: ¿de qué estarían hablando?. Di otro saltito en mi lugar, cuando la última pareja se despidió de mí, dejando la casa totalmente sola. Me dejé caer completamente en la silla donde estaba, y tan solo unos segundos después, una sutil vibración comenzó a incrementarse entre mis piernas, haciéndome doblarme por completo; llevé mis manos hacia el objeto demoniaco, para removerlo; pero de manera inexplicable, Sebastián estaba frente a mí, tomándome de las manos, evitando que me quitara el artefacto. –¡Por favor! ¡Es demasiado! –Supliqué, pero su mirada lujuriosa estaba sobre mí, estudiándome. Apagó el aparato, provocando que mi cuerpo se relajara por completo, me tomó entre sus brazos y me llevó a su habitación. -Corroboremos los milagros que hace ese aparato –Sebastián había levantado mi vestido, despojándome de las bragas y hundiendo dos dedos dentro de mí. Sobra decir que estaba más que lubricada, su intromisión fue lenta, entrando con suma facilidad, haciéndome darme cuenta de la magnitud de mi humedad y disfrutando del placer que me dieron sus dedos. –¡Oh, Bebé! ¡Será un placer comerte! –Su lengua comenzó a lamer todo a su paso, mientras mi cuerpo respondía a su toque. No podía articular palabra, me sentía tan ansiosa, tan desesperada. –Lo siento Bebé – se levantó muy rápido; – pero me tienes bien duro desde hace rato – lo observé removiendo su pantalón a gran velocidad, y de la misma manera, me penetró. Estaba sobre mí, jalándome de las caderas, en sintonía con sus penetraciones. La delicia de sentir su falo deslizándose en mi interior, me arrastraba hacia el orgasmo. Se alejó repentinamente. –Aún no Bebé – me giró para ponerme en cuatro, y no tardó en agarrar el ritmo de nueva cuenta; sus embestidas, su mano sobre mi clítoris, y sus gemidos, me hicieron alcanzar velozmente el éxtasis. Me levantó, haciendo que mi espalda se pegara a su pecho, tomó con firmeza mi mentón para ladear mi rostro y besarme, siendo así su turno de alcanzar la cima. Se desplomó a un costado mío, mientras yo sólo me dejé caer boca abajo sobre la cama. Las respiraciones agitadas eran el único sonido que distinguía; hasta que el silencio relajante me hizo quedarme dormida.
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