Ese año Sebastián cumplía 50, y quiso festejarse haciendo una fiesta de cumpleaños, por lo que organizó una reunión algo apresurada para el sábado. Supongo, que como fueron prácticamente personas de la empresa y amigos cercanos, no hubo mayor problema por lo precipitado del evento.
Contratamos un par de meseros, así como una persona que apoyara a Lara en la cocina con los platillos; de cualquier manera, me mantuve presente para dar instrucciones y que no me tomaran por sopresa los imprevistos. Hasta que se llegó la hora en la que llegarían los invitados, fue cuando subí a terminar de arreglarme.
La ropa que elegí para esa ocasión, fue un vestido vintage azul con cuello V, manga corta y que me llegaba a la rodilla, el cierre estaba a lo largo de la espalda, un cinturón grueso de la misma tela rodeaba mi cintura y, la falda era acampanada. Recogí todo el cabello en una coleta simple, dejando caer simples mechones en desorden, aunado a un maquillaje ligero. Una gargantilla a juego con la pulsera y aretes, fueron los accesorios. Los zapatos de aguja en color n***o, completarían el atuendo.
-¿Estás lista? -Preguntó Sebastián tan pronto atravesó el umbral de la puerta.
-Sí - me puse de pie para sonreírle y recorrerlo con la mirada. Su pantalón de vestir gris metálico, debía ser del mismo traje que el chaleco que estaba usando, porque el color, la tela y diseños eran iguales, pero no uso el saco. La camisa negra lisa le complementaba grandioso, haciéndolo lucir realmente apuesto; pero sus ojos miel brillando y su amplia sonrisa, eran seductoras. Él podía hacer pecar a cualquiera.
-Te ves bien - incliné mi rostro como señal de indignación. Yo estaba alucinándome por cómo se veía, ¿y él me daba ese minúsculo halago? Se acercó para abrazarme, sin quitar su sonrisa. -Es que, me gusta más cómo te ves sin ropa - me reí.
-No creo que sea una buena idea que ande desnuda en la fiesta - bromeé.
Comenzó a besar mi cuello. -¿Y si hacemos mejor una fiesta aquí, solo tú y yo? Así podrías andar desnuda - sonreí, mientras él no dejaba de besarme y sus manos se paseaban por mi cuerpo.
-Estás loco, ya no tardan en llegar todos, ¿qué excusa les darías? -Se separó de mí, dándome una mirada maliciosa; cuando un sonido en la puerta llamó nuestra atención.
-Señora, los primeros invitados acaban de llegar - escuchamos la voz de Lara y sonreí.
-Ya vamos Lara - respondí, sin quitar la mirada de Sebastián, que se encogió de hombros y me tomó de la mano, para salir de mi habitación.
Poco a poco la casa se fue llenando de personas, Sebastián me presentó a las pocas que no conocía, mientras el resto ya sabía quiénes eran. Nos separamos, ya que él continuaba hablando con todos en la casa, y yo me hice cargo de algunos detalles con las bebidas.
Un hombre me abordó, Sebastián me lo había presentado como uno de los nuevos inversionistas. Era muy amable y agradable, se mantuvo haciéndome conversación por un período de tiempo considerable, hasta que Sebastián llegó tomándome de la cintura con firmeza, halándome a su cuerpo; y me pregunté, ¿era posible que estuviera celoso? Estábamos en uno de los mejores momentos de nuestro matrimonio, después de poco más de 20 años unidos, habíamos recuperado una parte importante de nuestra relación. Tal vez algunos años atrás podría entender el caso, yo había pasado por ese sentimiento; pero en ese instante, no había un por qué.
-Señor Davies - comenzó a hablar, mientras yo me perdí en su perfil, sonriendo, cavilando en su inseguridad, en su notoria molestia.
-Me disculpan - le di una mirada fugaz al Señor Davies. -Voy a darle la bienvenida a Natalia que acaba de llegar - me dirigí completamente a Sebastián, quien aligeró su agarre de mi cintura.
Caminé con diversión hacia Nat, quien venía acompañada de un hombre acorde a sus estándares. -¡Nat! -Llegué abrazándola.
-¡Alexa! -Correspondió el abrazo con calidez. -Te presento a Nick - dijo con picardía, mientras el sujeto me estrechó la mano educadamente.
-Mucho gusto, soy Alexa. -Comenzamos a conversar cosas triviales, hasta que Nat mandó a Nick a conseguirle una bebida, que solamente era una excusa para que nos dejara a solas.
-El tipo de gris que está del otro lado de la sala, no deja de verte seductoramente - su tono era de diversión.
-Es Sebastián - confesé con culpabilidad.
-Creo que necesita un poco de liberación - cerró la mano en un puño, moviéndola de arriba a abajo, animándome.
-¡Estás loca! -Dije alarmada.
-¡Vamos! Estás en tu casa, y lo harán en una de las habitaciones; no pasará nada si desaparecen por 15 minutos - me guiñó un ojo con perspicacia.
-De acuerdo - sonreí atrevidamente y ella me la devolvió. Me giré a ver a Sebastián, que estaba en medio de un grupo de personas hablando, pero noté que no les estaba prestando demasiada atención; le sonreí coquetamente y caminé hacia las escaleras. Me siguió con la mirada y justo antes de perderlo de vista, lo vi abandonando el grupo en el que estaba.
Llegué a mi recamará, comencé a pensar que estaría bueno hacer, no quería que arruinara mi maquillaje, el peinado o el vestido. En medio de mis ideas Sebastián atravesó la puerta, poniéndole seguro una vez dentro.
-¡Dios! Estoy tan ansioso - acortó la distancia en poco tiempo, uniendo nuestros labios y abrazándome con fuerza. Terminé el beso abruptamente, lo aventé sobre la cama, y comencé a desabrocharle el pantalón. -¿Qué estás haciendo? -Cuestionó desconcertado.
-¡Shhh! -Lo callé y seguí con mi objetivo. Liberé su m*****o, que estaba caliente y duro, relamí mis labios, para darle una última mirada a sus ojos miel. Aprisioné con mis labios ese suculento pedazo de carne, mi lengua se paseaba con descuido, mientras escuchaba a Sebastián siseando descontroladamente. Lo metí por completo en mi boca, porque en mi cabeza la idea de tenerlo dentro, era excitante.
-¡Diablos Alex! -Dijo en medio de los gemidos, y supuse que estaba haciendo un buen trabajo. Mi saliva se convirtió en el excesivo lubricante, ayudando a mis labios a recorrerlo desde la punta hasta la base; su glande tocaba mi garganta, por lo que tenía que hacerlo muy lento para poder soportarlo. -¡Oh! ¡Bebé! –Succioné con fuerza una última vez, para mantener la boca en el glande, y mis manos comenzaron a masturbar el resto del pene, provocando que Sebastián se tensara por completo. –Bebé, vas a hacer que termine – habló rápido, pero su advertencia no me detuvo, continué con la misma técnica. Quería probarlo, ordeñarlo con mi boca y beberme toda su deliciosa leche…