6.

983 Words
Querido diario:                 ¿Alguna vez has soñado con la ostentosidad de una vida glamurosa? Hasta hace poco yo sí. Soy consciente de que visto lo mejor que puedo, pero claro, mi madre todo lo compra con rebajas y promociones.                 Visto bien, huelo bien e indudablemente ahora que soy rebelde, el glamour para atrapar a un buen hombre me está llevando a un lugar que no conocía. Hasta hace poco, todo lo que tenía me hacía feliz y me llenaba hasta cierto punto; ahora, solo quiero ser como esas jóvenes que se ven en las revistas de Vogue.                 Mis sueños antes se basaban en poder graduarme, conseguir un buen empleo y después tratar de viajar por todas las partes del mundo posibles. Ahora, cuando cierro mis ojos, todo lo que me imagino es a mí: vistiendo un montón de cosas caras.                 Mis pensamientos empiezan a ir a un vestido lleno de glamor Gucci, un perfume extravagante Chanel, a un par de zapatos Hermes, hasta un par de joyas de Cartier. Soñar en grande, para alguien con tan poco como yo.                  Todos esos sueños vuelan en mi cabeza como gotas de lluvia fría. Sueños inalcanzables, o al menos eso pensé.                  Sugar Daddy.                 Sugar Daddy.                 Sugar Daddy.                 Guárdate bien esa palabra, porque puede que se pronuncie mucho.                 Viví toda mi vida creyendo que aquellas mujeres que vestían todas esas importantes marcas, estaban destinadas a ellas por ser glamurosas, bellas y delgadas. Pensaba que solo aquellas personas nacidas del dinero, famosas o destinadas a modelar; eran las únicas que podrían tener aquellas cosas bellas y caras.                 Vaya mierda que es enterarte de lo que en realidad pasa.                 No siempre hay que ser bella, ni delgada ni glamurosa. A veces solo hay que rebajarse a algo por dinero.                  Tal vez esos hermosos vestidos Vera Wang no valgan los miles de dólares de que muestra su etiqueta, su precio puede basarse en una cena con un hombre mayor, lleno de coquetería y un poco de sonrisas falsas. Tal vez ese perfume Versace no valga esos cientos de dólares que marca la etiqueta, y su precio se base en un inocente beso de labios falso de una joven en una velada, cuando su esposa con tres hijos espera en casa.                 Tal vez ese par de pendientes Hermes de diamantes no valgan ese medio millón de dólares que marca la etiqueta y, su precio se base en un delicado y cerrado himen de una muchacha con deseos de conocer el sexo a través de alguien experimentado y sobre todo: adinerado.                 Ahora lo sé, la puta del grupo social con el que me estoy juntando recientemente, me ha dicho más de lo que quiero saber.                 Cuando iba por los pasillos de la preparatoria y escuchaba hablar de ella, pensé que eran patrañas. Dude cuando escuche que su virginidad la perdió por un auto, me escandalice cuando me entere del divorcio de su mejor amiga, al haberse acostado con su padre a cambio de un apartamento. Me reí, cuando los rumores de que pasaba sus créditos acostándose con los profesores fueron infundados.                 Pero ahora... ahora presto atención a todo lo que me cuenta de aquella vida llena de lujos a cambio de un poco de sexo.                 —¿Eso no es prostitución? —Le pregunte.                 —Es prostitución cuando eres lo suficientemente estúpida para cobrar poco por denigrarte tanto, solo recuerda hacer buen trato, algo beneficiario; de ser posible consigue un solvente—me contesto.                 Pensé en ello, pero igual: ¿qué mierda era un solvente? Estaba claro que se lo pregunte.                 —Mi querida Wen—empezó—. ¿Qué más da dar tu cuerpo por cosas costosas? Se lo ibas a dar al imbécil de tu novio por nada, no crees que regalar todo de ti, ¿es más denigrante?                 Pensé en ello, y al final mi pensamiento fue: ¡Al diablo!                  Ella tiene razón. Las personas juzgamos a las prostitutas por unas cuantas monedas a cambio de sexo. Pero... ¿Por qué no juzgan a las mujeres que se acuestan por sus novios una larga temporada, a cambio de mendigar amor? Lo ves seguramente con tu amiga, esa que presume de sus peluches baratos del supermercado o tiendas de regalos, aquella que da su cuerpo como "prueba de amor" y después es dejada en unos cuantos días al final de que ellos tienen lo que quieren. O puede que sea esa, tu familiar. La que ves que está siendo engañada, ultrajada y estúpidamente mentida en su cara  por aquel que la dice amar. Todo porque: solo sexo. Si lo vemos de distintos puntos, ser una prostituta no está mal. Al menos su cuerpo les da para vivir, posiblemente pagar sus estudios, tal vez pagar las cuentas, en dado caso conseguir medicamento y en lo peor de los casos: sustentar una familiar.                 ¿Tú qué sabes?                  Tal vez todas somos idiotas, regalando algo tan valioso como nuestra virginidad, para un niño estúpido que no sabe complacer y tampoco se quedara contigo para toda la vida. Tal vez yo soy una hija de puta estúpida que está pensando seriamente dar su virginidad por un brazalete de diamantes de Tiffany & CO.                 Todos hacemos cosas estúpidas, y créeme, prefiero sacar algo valioso y costoso de algo sin sentido como el sexo. Que ser utilizada por un niño de mi edad cachondo, que no sabe qué hacer con sus manos y mucho menos con su pene, solo por haber salidos unos meses; haberme dado unos estúpidos chocolates, unos estúpidos osos de felpa horribles y algunas salidas a bailar a acompañados de unas pésimas comidas de baja calidad y precio en el mercado de la esquina.                 Como dije: es hora del rock & roll.                 Al diablo el amor.                 Al diablo el tema de la virginidad y su tan memorable precio.                 Al diablo los chicos sin experiencia de mi edad.                 Al. Diablo.  Tu creador: Wen.
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