3.

1118 Words
Querido Josh (diario):                 Hoy mi mejor amigo me ha venido a visitar. Su nombre es Iker Hoffman. Había sido tanto tiempo que lo veía, pero de alguna forma, nos arreglábamos para siempre tratar de estar comunicados.                 No fue premeditado.                 La tarde comenzó conmigo haciendo la limpieza, tomando una ducha y tratar de ser normal. Ver una serie, leer un libro y tal vez dejar de pensar en Sam.                  Había sido un día verdaderamente duro, cada vez que miraba en mi habitación había algo que me lo recordara. Aquella rosa de fantasía, aquel peluche... incluso el afiche lleno de fotos.            Pude haber quitado aquel afiche, peor no importaba, ya que aunque no se hubiera tratado de un día ente nosotros dos; su cara aparecía en todas.                 El hecho de que mi amigo viniera para darme un poco de apoyo, me hizo sentir una sensación cálida y llena de cariño. No soy una persona muy afectuosa... pero con Iker, a veces eso se olvidaba.                  Iker y yo íbamos a la misma escuela secundaria, ambos un par de cerebros y ambos de las personas con matrícula de honor. Es curioso cómo alguien a quien no le agradabas y no te agradaba, puede convertirse en alguien constante.                 Iker es como el hermano que nunca tuve y jamás tendré... o al menos hasta hoy.                 Vino a casa y me trajo ni chocolate favorito. Hablamos de trivialidades y de mi estúpida afición por las caricaturas sangrientas, además de las estúpidas películas de amor.                 Todo iba bien, hasta que Iker me beso.                 O yo bese a Iker.                 Ya no sé lo que paso.                 Cuando menos lo vi, estaba besando a Iker, a la persona que era como un familiar para mí. Al chico de los consejos y psicoanálisis cuando lo necesitaba. Estaba besando a alguien por la que no tendría y me jure no tener sentimientos románticos. Sigo sin tenerlos, pero algo en mi cabeza nio deja de repetir aquello.                 No fue  un simple beso, hubiera querido que así hubiera sido.                 Dicen que tu vida puede cambiar en unos segundos y doy fe de ello. Porque, segundos después, Iker estaba sobre mí. Yo cambie de posición y estaba sobre Iker. Besándonos, tocándonos, excitándonos.                 No lo aparte cuando succiono mi labio inferior con el suyo, tampoco cuando coló su lengua dentro de mi boca y, mucho menos, cuando sus manos estaban colándose debajo de mi camiseta y sacando la misma, momentos después. Sus manos subieron mi sujetador arriba de mis tetas y empezó a besar mis pechos.                 Sentí su pene endurecerse con cada segundo que transcurría en nuestro beso, y no me importo. No m importo cuando se sacó los zapatos y desengancho su cinturón, pera después desabotonar sus vaquero y bajarse la cremallera. No reacciones cuando sus manos se colaron debajo de mis bragas y pantalón, ni siquiera, cuando sus manos estaban amasando mis nalgas.                 No reaccione cuando nuestros sexos entraron en contacto.                 Me sentía vacía, me sentía sola... sentía la ausencia de Sam. Lo cual provoco una especie de entumecimiento del cual me arrepiento ahora.                 El pene de Iker se resbalaba en mi sexo húmedo de arriba hacia debajo en mi v****a, lubricándose con los jugos que salían de la misma. Se sentía bien, más que bien. Pero cuando se posiciono para entrar en mí, me removí un poco incomoda.                 No quería que Iker entrara en mí, solo necesitaba venirme.                 Iker intento varias veces entrar, pero al ver que no lo dejaría, siguió con lo que había estado haciendo. Trazo círculos en mi clítoris con su pene, me besaba y trataba de distraerme. Pero no pude.                 Sus besos se sentían diferentes. Mientras Sam era experimentado y meticuloso a la hora de tocarme y llevarme al clímax, Iker solo pensaba en satisfacerse así mismo. Mientras que los labios de Sam eran suaves y llenos de ritmo; los de Iker eran torpes, apresurados y me babeaban casi la mitad de la maldita cara.                 Aun recordándolo (y escribiéndolo) no sé cómo pude dejar que lo hiciera, porque era sumamente repugnante.                 Después mi mente empezó a maquinar. El entumecimiento seso y de nuevo actué. El cuerpo encima del mío restregando sus partes con las mías, no era igual al de la persona que ame. Era un cuerpo más delgado, mucho más delgado. Eran besos y caricias más torpes, mucho más torpes.                 Y sobre todo: eran movimientos tontos, llenos de vacilación y nada de rudeza. Una rudeza que me había acostumbrado a Sam. Una rudeza que se convirtió en mi delirio y, una rudeza tan cruda, que sé que ahora me es necesaria para poder llegar tan alto como lo es un orgasmo.                 No me vine. Ni siquiera sentí algo.                 Es un poco estúpido ahora que me desahogo. Hace un momento dije que se sentía bien, pero ahora, sé que todo eso estuvo mal.                 Entonces me aparte. Como si de un momento de ebriedad fuera de mi sistema se tratara, lo aparte. Su cuerpo se quitó pero un poco de renuencia.  Sus ojos me miraban curiosos, pero a la vez frustrados y llenos de interrogantes que no le podía decir.                 ¿Comprendería que quería que fuera tanto Sam? ¿Entendería que no me gusta nada de él y siempre será un momento de debilidad?                 Pero después sucedió algo que no me esperaba ni yo ni él: rompí a llorar.                 Me rompí.                 Creo que sigo rota, pero viéndolo atrás, creo que el desencadeno todo aquello no pude hacer sola.                 Quiero a Iker, aprecio a Iker... peor jamás será Sam. Nadie será capaz de hacerlo.                 Como el buen amigo que es, me consoló. Me hizo pensar en los momentos felices a lado de mi  ex y todo el dolor se esfumo, por un rato.  Me hizo reír y bromeamos un poco sobre la situación, fue olvidado el asunto del casi sexo o al menos, ya no lo mencionamos.                 Deje frustrado a Iker y me siento mal por ello, pero creo que él no hubiera sido feliz si supiera el premio de consolación que se convirtió.                 Después, él se fue.                 No de mi vida claro, pero sí de mi casa. Él se fue y no sé cómo se sintió. La verdad, es que no me interesa mucho saber. Pero, él no sabe que seguí llorando después. Tampoco que Sam me llamo borracho, diciendo -rogándome- que no lo cambiara. Que yo era suya.                 Llore más, porque aunque me lo pidiera -y se lo prometiera-, ya hubieran sido palabras vacías.                 Iker tampoco sabrá lo que yo sentí, así mejor. Espero que jamás lo sepa.                 Quiero a Iker, pero siempre amare a Sam. Tal vez algún día pueda que ame a Iker. ¿Quién sabe? Es buena persona...                 Pero no es Sam.                 Tu creadora: Wen
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD