Querido diario:
Ha pasado una semana.
Me odio. Me odio. Me odio. Me odio. Me odio. Me odio. Me odio. Y lo diré y pensaré hasta que en verdad sienta el dolor que conlleva el verdadero odio.
¿La razón? Le he dicho a Sam que no. Un no definitivo. Y no solo al compromiso, sino, también a nuestra relación. Tres años perdidos, tres años desechos. Un solo corazón partiéndose.
Por primera vez me sentí más basura de lo que últimamente estaba sintiéndome, así que decidí ir al departamento de Sam y afrontarlo. Y dios, hubiera sido mejor no haberlo hecho.
Todo comenzó cuando estaba en la escuela y mi sexy profesor de Física Nataniel estaba hablando sobre su esposa e hijos. Lo único que podía escuchar, era: matrimonio. Mi mejor amiga me estuvo viendo rara, y tuve que decirle. Ella me alentó a pensar en una respuesta, y creo, que hubiera sido mejor si sola yo lo hubiera hecho.
Entonces fui a la casa de mi novio —ex novio—. Y me quiero matar (no en sentido literal). Todo fue bien.
Samuel me abrió y me recibió con el típico beso fogoso de siempre. Me dejo pasar, me dio de comer, vimos uno que otro capítulo de The Walking Dead y cuando íbamos a lo que siempre hacemos (sexo con ropa), pero primera vez me aleje de él.
—¿Qué pasa? ¿Estás con la regla? —Me pregunto un poco preocupado.
Sabía que él se preocuparía. Veras, Sam es de esos chicos atentos que ante cualquier síntoma, dolor o algo parecido, se esmeran en conseguirte algo que te calme, cure o reponga. Pude haber mentido e irme, siguiendo el día como siempre. Pude haber seguido y después decirle, pero la culpa me carcomió.
Así que en cambio le dije—: Tenemos que hablar.
Dios mío. Jamás había visto a Sam tan serio y asustado. En ese hecho, también me asuste yo. Sam es una persona madura y responsable, pero mis palabras, lo hicieron ver como un chico inseguro y muy joven.
Me. Odio.
Empecé suave. Le dije que lo amo, que lo respeto pero que nosotros no debíamos continuar.
Sam me miro con ojos llorosos y una mueca lastimera. —¿Por qué? —pregunto.
—Porque ya no me atraes más, y conocí a alguien de mi edad —mentí.
Sam no hace dramas, y por primera vez... lloro.
Me. Odio. Tanto.
Me rogo, se disculpó por cosas que no hizo, e incluso me dijo—: Si es por lo del compromiso olvídalo, te amo nena. Por favor no me dejes, en serio te amo. Esperare todos los años que estés lista, pero no lo hagas.
Y aun así me fui.
Lo deje ahí, rogando, suplicando... llorando.
Lo. Deje. Así.
En el camino a casa no pare de llorar, ni siquiera cuando mi rostro ardía a causa de las lágrimas.
Sam, mi amor. Si llegas a leer esto, que sepas que no quería dejarte. La última cosa que quería, era dejarte. Te amo, y creo que siempre lo hare. Pero estoy asusta.
También decidí llamarte Josh. ¿Te gusta? Eres un simple cuaderno (que por cierto Sam me dio en nuestro primer año juntos) así que lo menos que puedo hacer, es demostrarte mi respeto por medio de un nombre.
Así que: querido Josh (diario). Amo a mi novio pero lo deje por la paranoia de que me dejaría algún día por alguien más madura. Deje a mi novio, porque de cierta manera, quiero conocer a otras personas. Deje a Sam, porque tengo miedo a que se convierta a papá.
Es un poco estúpido estereotipar a mi hermoso y dulce ex novio con alguien jodido como mi padre, pero no puedo sacar de mí, aquella espina que me dice que todos son iguales (aunque no lo sean). Es idiota de mi parte, pero sé que algo me deparara el destino.
¿Te he dicho que amo a Sam?
Pues si lo hice, lo vuelvo a decir.
AMO A SAM MÁS QUE A NADA EN EL MUNDO. Y porque lo amo, debo decirle adiós. Y porque lo amo, lo dejo libre, para que sea feliz con la que pueda decirle: —Sí, quiero casarme contigo.
Sin dudar. Sin pensar.
Así que escribo esto. Llorando el poco contenido lagrimar que me queda en mis glándulas. Haciendo el esfuerzo por no correr a los brazos de mi madre en cuanto llegue del trabajo.
Hago esto, con el fin de desahogar lo que está en mi corazón.
Tengo miedo.
Tengo frio.
Creo que es hora de terminar este día.
Y mientras escribo esto, pienso en el futuro que no tendré a lado del hermoso Sam. Mientras escribo esto, pienso en todos aquellos libros que leímos juntos, aquellas cenas, todos esos aniversarios.
Todo.
Incluso cuando él jugaba conmigo a las muñecas.
Fingí ser fuerte para cuando mi madre llego, alegándole que tenía demasiada tarea. Finjo ser fuerte cuando hablo con mi mejor amigo por chat.
Y sigo fingiendo aun cuando escribo.
Espero que algún día me perdones Sam.
Un día más.
Tu creadora: Wen