Capítulo 2: Atrapada

1444 Words
Narra Emma Se supone que debo estar toda la semana en casa para tratar de mejorar mi propuesta, pero ¿Qué más puedo hacer? Duré un mes entero preparando esto, desde mis entrañas salió este trabajo ¿Qué otra cosa puedo presentarle al jefe? Daba vueltas en la cama sin hallar comodidad, esa desesperante sensación de querer dormir, pero tus pensamientos no te dejan, me roban la tranquilidad. Trataba de pegar mis ojos y fundirme, pero mi cerebro estaba activo, no me dejaban conciliar el sueño. Me senté en mi cama y me pregunté. —¿Debí irme con Olivia al club? Agité mi cabeza y volví a recostarte. —No, duerme, Emma; necesitas recuperar energías. Al otro día, me levanté más temprano de lo normal, quise depurar mis propias energías y tratar de ver las cosas con positivismo. Tan pronto salí de la cama empecé a abrir todas las ventanas, a prender inciensos y manifestar un día maravilloso. Soy diseñadora de modas, llevo cuatro años trabajando en ZANDA, una de las industrias de moda más importantes de París. Mi sueño es ser directora del departamento de diseños y desde hace unos meses me estoy partiendo el lomo para que el señor Smith me vea como la persona apta para ocupar ese cargo, siento que ya estoy lista para ser ascendida, tengo buenas ideas, mis aportes son muy buenos. En las colecciones de las temporadas anteriores mis ideas también fueron importantes, casi todo mi trabajo está en juego, ellos valoran mucho mi percepción de las cosas; pero últimamente me exigen más de lo que creo que puedo dar. Seguí abriendo las puertas de cristal de la sala de estar para que todo el apartamento se ventilara, la mañana estaba fresca y el amanecer me regalaba un lindo paisaje. Salí al balcón aun con mi bata de dormir y cerré mis ojos para inhalar el aire puro. —Tú… tú eres la que se robó mi pañuelo ¿verdad? Abrí mis ojos de golpe y miré a un lado de mí, justo al balcón del vecino. Había un tipo semidesnudo, tenía una toalla enrollada en su cintura y otra secando su cabello, enfoqué su rostro y me di cuenta que era él, el tipo que derramó su café en mi vestido. Tenía que ser una broma. —Oh, tú eres el pervertido que derramó su café en mi vestido para luego intentar tocarme los pechos ¿verdad? Él me miró con su ceño fruncido, parece que no lo ha gustado mi comentario. —No soy un pervertido —refuta rápidamente. —Ni yo una ladrona. —Oh, eso es un alivio, no quería una ladrona como nueva vecina. —Sí, que lastima que no pueda decir lo mismo. Parece que debo ponerle seguro a las puertas de ahora en adelante. —Oye, no lo dices enserio ¿o sí? por cierto, ¿puedes devolverme mi pañuelo? —Lo tiré a la basura, lo siento. Le di una sonrisa forzada y di un par de pasos hacia atrás para volver a entrar. Empecé a organizar el lugar en el que trabajaré el resto de la semana; así que, dejé mi laptop, mi IPad y mi móvil en la mesa, junto con las muestras y la propuesta que había hecho; ahora sí, es hora de tomar una rica ducha para y luego hacer mi trabajo. Entré al baño y puse un poco de música, amo la música tranquila, soy de las que cree que es la vibras y las energías y una melodía agradable puede hacer que mi sentido del ánimo también se sienta igual. Salí de la ducha tarareando una canción, pasé a la habitación y cuando estaba por cambiar mi ropa, escucho mi móvil sonar. —Carajo —solté al darme cuenta que lo dejé afuera. Caminé a la puerta y al intentar abrirla, me doy cuenta que está un poco atorada. No me preocupé y traté de tirar más fuerte, pero al intentarlo más de cinco veces y darme cuenta que no abría, me empecé a angustiar. —¿Qué te pasa maldita porquería? ¿por qué no abres? —le pregunté a la puerta como si con eso se fuera abrir o me fuera a responder. Lancé el peso de mi cuerpo contra ella esperando tener éxito, pero mis hombros comenzaron a doler, por más fuerte que empujaba, no se abría. El desespero se apoderó de mí y por unos minutos enloquecí, sin mi móvil para llamar a alguien, alterada porque ya habían pasado casi veinte minutos y no había logrado salir. Mi negativismo me hizo pensar en todo tipo de cosas terribles. Sentí que podría morirme aquí y nadie se daría cuenta. Un nudo se hizo en mi garganta y como buena cobarde empecé a llorar. —Me voy a morir encerrada en estas cuatro paredes sin despedirme de mis padres, jamás pensé que esto me pasaría —soltaba entre sollozos extremistas. Luego me pegó el impulso de supervivencia y salí del rincón donde me lamentaba y me resignaba para empezar a gritar, era mi única forma. Desde mi habitación hay una ventana, pero estoy a varios pisos de altura, tampoco quiero morir así, debe ser doloroso. —¡Ayuda! ¡Estoy encerrada en mi habitación! ¡Ayuda! ¿Quién puede escucharme desde aquí? No, debo seguir intentándolo. —¡Ayuda! ¡¿Alguien puede oírme?! Pegaba mi oreja a la puerta y no escuchaba nada, a esta hora la mayoría de mis vecinos están en el trabajo. De la nada, escucho que alguien toca la puerta. —¿Hola? Me emocioné y comencé a gritar y dar palmadas en la puerta de mi habitación. —¡Estoy encerrada en mi habitación! ¿Podría decirle al administrador que envíe a alguien? Pegué de nuevo mi oreja y no escuché más. —¿Hola? ¿Me escucha? La persona que estaba en la puerta de mi apartamento, no dice más. ¿Tuve una alucinación? —¡Espere! ¡Estoy encerrada, necesito ayuda! Mis ojos se volvieron a nublar, quería llorar de angustia, pero luego escucho algo en la sala, era un ruido extraño, algo que no puedo descifrar. —¿Ho… Hola? —Aléjate de la puerta, voy a tirarla —escucho del otro lado. —¿Eh? —¡A la cuenta de tres! Retrocedí rápidamente hacia atrás hasta que la pared me detuvo. Apreté mis brazos contra mi pecho para que el nudo de mi toalla no se soltara. Escuché el conteo y de pronto aparece el portazo. Por un reflejo cerré mis ojos y traté de cubrir mi rostro, pero cuando vuelvo a abrirlos, veo al hombre que me ha ayudado. —Veo que te tomaste muy enserio eso de ponerle seguro a las puertas. Espero que no te moleste recibir la ayuda de un pervertido —dice el nuevo vecino con tono sarcástico. Mis mejillas comenzaron a arder, me sentía un poco avergonzada. El hombre se da cuenta que me he incomodado y se da la vuelta. Aproveché para tomar una bata y cubrirme por completo. —¿Ya puedo girarme? —Sí… sí, ya puedes. —Creo que debemos llamar un cerrajero, tuve que… bueno, ya sabes, no había de otra. —Gracias —dije en voz baja, casi inaudible. —¿Qué dijiste? No te escuché bien. —Dije que gracias, es que mi puerta está dañada y cuando entré mi móvil empezó a sonar y cuando… en fin, gracias, llevo casi una hora tratando de salir. —Lo sé, te escuchaba gritar desde hace un rato, pero no estaba seguro. Es que ayer secuestré a una chica y la tengo amarrada en mi habitación, pensé que eran sus gritos, pero luego me di cuenta que eran de alguien más. Así que salí a asegurarme de donde venía, en fin, tuve que saltar por el balcón. Tragué sonoramente y volví a apretar mis brazos contra mi pecho. —Espero que sea una broma porque ya me estoy poniendo nerviosa. —Es broma, quería… olvídalo. Si necesitas ayuda con la puerta me avisas, sé cómo repararla. —No, está bien. Le hablaré al administrador. Ya hiciste mucho con esto. Muchas gracias. —Por cierto, soy Benjamín, viviré al lado por un tiempo. Él extiende su mano, así que di algunos pasitos lentos hasta tomarla. —Soy Emma. Él me sonríe y suelta mi mano para retirarse. —Oye, sobre tu pañuelo, en realidad no lo tiré a la basura. Más tarde te lo entregaré, ¿de acuerdo? —Oh, eso es bueno. Él no va hacia la puerta principal, sino que regresa por donde llegó, por el balcón.
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