Ahí estaba yo, en lo que sería un nuevo día no solo en la vida de mi hijo sino también para nosotros como padres que lo llevaríamos a esta nueva etapa en la guardería. Ese día a las 7:00 am. Llegué muy puntual para entregarlo, sabía que era algo diferente en mi rutina y en el crecimiento del pequeño. Pero en ese momento hubo algo más que creció cuando la ví. La admiración por su belleza, por esa sonrisa que solo una amante de los niños puede tener. Tan cordial y guapa que casi se me salen los ojos al verla. Una mujer alta, de cabello café obscuro y con unos ojos muy grandes que a lo lejos se podían distinguir de color miel. Su tés era clara como la de la leche que tanto nutre al cuerpo. La leche que comenzaba a revolverse en dentro de queriendo salir solo por verla. Sucede que bebí demasi

