Lucrecia. —Haber, quietito. —Estoy quieto. —los miro desde el marco de la cocina sin creer, Ignacio mira un partido de fútbol reclinado sobre el sillón, y la única forma que lo vea con tranquilidad por así decir, las nenas lo transforman, Gaia le pinta las uñas de los pies, Maca lo maquilla sentada desde su pecho y Gemma le quiere poner hebillas en el pelo que parece le quiere hundir la cabeza al pobre—. ¿Falta mucho? Muévete Maquita que no me dejas ver. —Te tienes que quedar quieto, ey, mírame que te estoy hablando. —la mira alzando las cejas—. Quietito te dije, que no me dejas terminar. —Bueno, pero quiero ver el partido. —Ya terminé, ahora tus manitos. —No, las manos no Gaia, el otro día me olvidé de sacármelo y fui a trabajar con las uñas pintadas. —Pero te sacamos papi, mira qu

