CULPA

1413 Words
Sara apretó el borde de su bolsa mientras observaba cómo la camioneta de su cuñada desaparecía en la distancia, dejándola en medio del estacionamiento del centro comercial, tal parece que hoy no era el mejor día para Sara. La pequeña mujer miró alrededor, confundida y ligeramente incrédula. Claramente, no había sido un descuido; su cuñada había decidido abandonarla ahí, quizás ella había abusado al elegir aquel vestido, Sara no duda en echarse la culpa a ella misma. Sin ninguna alternativa más inmediata, suspiró y comenzó a caminar hacia la mansión de su marido sabiendo que la distancia era considerable, pero no tenía otra opción, debía de llegar, o quizás debería de pagar un taxi. “Oh no, definitivamente no puedo gastar el dinero de Joaquín” piensa Sara mientras empieza a avanzar. El sol caía con fuerza, y el pavimento ardía bajo sus sandalias. La caminata era incómoda, y el calor aumentaba la sensación de malestar que ya sentía en su interior. Con cada paso, la incomodidad física comenzó a mezclarse con la emocional al pensar en Clara. La culpabilidad le pesaba en el pecho, como si el asfalto caliente buscara fundirse con sus pensamientos más oscuros. Sabía que, aunque había aceptado casarse con Joaquín, nunca había logrado superar la sensación de estar ocupando un lugar que no le correspondía. Su mejor amiga, ella sabe perfectamente que Clara había sido el amor de la vida de Joaquín hasta el punto de estar dispuestos a casarse, aunque lo que ha ocurrido después es un misterio para todos, y Sara no podía evitar sentirse como una impostora, un reemplazo en una posición que jamás había sido diseñada para ella, en ocasiones ella culpa a su hermano, pero al pensar en sus padres ella encontraba una mínima calma. Mientras sus pensamientos la atormentaban, un sonido de motor rugiendo cerca la sacó de su ensimismamiento. Instintivamente, se detuvo y miró hacia un costado, justo a tiempo para ver cómo una camioneta negra disminuía la velocidad junto a ella. Cuando el cristal del lado del conductor bajó, su corazón dio un vuelco. Ahí estaba él. Joaquín, con su rostro endurecido y esa mirada severa que tanto intimidaba. Sus ojos la escanearon rápidamente, y sin siquiera darle tiempo para explicarse, lanzó la primera de sus preguntas con una ceja alzada y un tono sarcástico. —¿En qué clase de nueva moda vas? —comentó, con una sonrisa apenas perceptible de incredulidad. Sus ojos descendieron de su rostro al pavimento y luego nuevamente a ella, como si hubiera algún código secreto que ella debería haberle comunicado antes de embarcarse en esta caminata—. ¿O acaso ahora quieres ejercitarte en medio del desierto? Sara bajó la mirada, sin saber cómo responder. Su instinto le decía que no mencionara a su cuñada, que tratara de inventar una excusa para evitar más problemas familiares. Pero Joaquín, con esa intuición que parecía haber desarrollado desde que la conocía, no le quitaba los ojos de encima. —Entonces, ¿me vas a explicar qué estás haciendo aquí, caminando sola y en estas condiciones? —continuó él, su tono ahora más incisivo, aunque sin perder el toque irónico—. Porque, Sara, no creo que esto haya sido exactamente por decisión propia, ¿verdad? Ella apretó los labios y pensó en responder que simplemente quería caminar un poco, pero sabía que Joaquín no se tragaría esa historia, por el horario mismo. Él se acomodó en el asiento, apoyando un codo en la ventanilla y mirándola con expectación. Su impaciencia era obvia, y estaba claro que no aceptaría evasivas, era evidente que su marido estaba molesto ante su silencio y si valoraba su vida debía de hablar. Finalmente, Sara suspiró y admitió en voz baja: —Tu hermana… me dejó aquí, hemos ido al centro comercial y creo que la ofendí al buscar un vestido que a ella no le pareció en lo absoluto… Joaquín parpadeó, y por un momento, pareció desconcertado. Sin embargo, su desconcierto se transformó rápidamente en una expresión de comprensión y, para sorpresa de Sara, en una leve risa que escapó de sus labios. —¿De verdad? —dijo, negando con la cabeza, como si la escena fuera tan ridícula que solo pudiera reírse—. Esa mujer nunca dejará de sorprenderme, odia tus vestidos de niña, bueno ella los llama así. Sara, por su parte, no sabía si sentirse aliviada o avergonzada. Joaquín le hizo un gesto para que subiera a la camioneta, y cuando ella se acomodó en el asiento, la miró de reojo con una sonrisa burlona. —La próxima vez que decidas salir a “explorar” el pavimento ardiente, avísame. Prometo comprarte un par de zapatillas para que sea una experiencia más cómoda — el vehículo empieza a avanzar a gran velocidad por la carretera. Sara no pudo evitar una sonrisa tímida nunca escucha al hombre tan relajado. Había sarcasmo, sí, pero en su tono se había colado también una pizca de ternura, como si a pesar de todo, él comprendiera lo difícil que era para ella todo esto. Y, al menos por ahora, parecía dispuesto a dejar de lado el interrogatorio y simplemente acompañarla en silencio. Cuando llegaron hasta la Villa, Sara se baja y espera que Joaquín haga lo mismo, cuando el hombre también toca suelo, Sara se veía sonrojada. — Gracias por traerme — expuso ella con la voz muy baja. Joaquín la miró de reojo, hubo un pequeño silencio antes de que tomara la decisión de hablar. —Agradece que haya salido a esa dirección, por cierto ¿Estás tratando de hacerle la competencia al sol, o solo es un nuevo método de bronceado extremo? —soltó el hombre —. Porque si tu plan era parecer una antorcha humana, déjame decirte que lo estás logrando. Joaquín la observa, su mirada tenía algo oculto, posteriormente se aleja de ella entrando en la gran Mansión, Sara también imita la acción de su marido. Cuando la pequeña mujer cerró la puerta de la habitación, aun con el calor del sol pegado en su piel y los pies adoloridos. Apenas había dejado la bolsa sobre la cama cuando su teléfono comenzó a sonar. Al ver el nombre de Clara en la pantalla, su corazón dio un vuelco, ella se muerde los labios antes de contestar. — ¡Hola! — dice ella con suavidad. —¡Sara! —exclamó su amiga en cuanto ella contestó—. ¡Estoy a minutos de llegar a la región! No sabes cuánto he esperado este momento. La voz de Clara sonaba emocionada, como si estuviera a punto de revelar el plan más esperado de su vida. Sara sintió una punzada de inquietud, y el aire en la habitación pareció volverse denso. —¿De verdad? —respondió Sara, tratando de sonar entusiasta aunque su voz tembló un poco—. ¡Qué sorpresa! No sabía que venías… Clara soltó una risa nerviosa al otro lado de la línea. —Lo sé, quería darte la sorpresa. ¡Y no solo a ti! Estoy tan emocionada por conocer a tu esposo. —Sara tragó saliva, sintiendo cómo la tensión le subía por la espalda, después de todo el matrimonio de ella y Joaquín era su secreto —. Pero lo más importante… estoy decidida a recuperar lo que es mío. Sara apenas podía respirar. Su mejor amiga continuó, sin percatarse del silencio de Sara. —Voy a reconquistar a Joaquín. No me importa el tiempo que haya pasado; él y yo estábamos destinados a estar juntos, y sé que, en el fondo, él aún me recuerda. La cabeza de Sara daba vueltas, y el teléfono se le resbalaba en las manos sudorosas. La realidad la golpeó como un balde de agua fría. Joaquín, su esposo, era el mismo hombre del que Clara estaba hablando. No había sido solo una sospecha; el nombre estaba ahí, tan claro como el día. —Sara, ¿me escuchas? —la voz de Clara sonaba ahora curiosa, impaciente. —Sí… claro, Clara —murmuró Sara, sintiendo cómo el peso de la verdad la hundía. —¡Perfecto! Nos vemos pronto, entonces. Prepárate porque esto será inolvidable. Sara apenas tuvo fuerzas para despedirse y colgar. Se quedó inmóvil, con la mirada perdida en el teléfono, sintiendo que el suelo se desmoronaba bajo sus pies. "¿Qué voy a hacer? " se pregunta Sara muy afectada por la situación y la traición de su parte.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD