Fogoso encuentro

1273 Words
Leonardo caminaba con sigilo en el interior de aquella habitación yendo directo a la licorera, estiró el brazo y tomó una botella con whisky y luego dos vasos; colocó unos cuantos cubos de hielo en ellos y luego sirvió mientras que su mirada vacía se encontraba puesta en Mia. Levantó los vasos y se acercó a ella, estrellaron los vasos brindando porque nuevamente estaban juntos, de un solo sorbo Leonardo acabó con aquel líquido. El cuello de Mia era espectacular, el cual llamaba la atención de él, dio dos pasos quedando lo suficientemente cerca de ella, inclinó la cabeza y sin permiso alguna beso cuello mientras aquel aroma es su loción impregnada su nariz. Mía recostó la cabeza hacia atrás al sentir aquellos besos recorrer su pecho; de inmediato Leonardo tomó su cuerpo y lo giró quedando a espaldas de ella, olfateó su cuello y luego adiós unos cuantos besos más. Leonardo sin mediar palabra colocó la mano sobre la pierna de ella, lentamente fue subiendo llevándola directo hasta su trasero, con su mano libre levantó el vestido quedando ella al descubierto mostrando su ropa interior. Mía se dio vuelta rodeando el cuello de Leonardo con sus brazos y luego lo besó desenfrenadamente, una lluvia de placer en el interior de aquella habitación hacía presencia. Con rudeza la levantó llevándola directo sobre la cama. Mía recostó el pecho contra el espaldar de la cama, mientras que su trasero quedaba descubierto expuesto a la voluntad de Leonardo. De un solo movimiento quitó el broche del pantalón y luego lo bajó, luego se quitó la ropa interior quedando su parte masculina al descubierto. Leonardo subió a la cama y sin tener la más mínima delicadeza con el dedo índice corrió la tanga, tomó un preservativo y lo colocó en su parte masculina, luego llevó aquella erguida y fuerte parte hasta los labios íntimos y frotó antes de entrar en ella. —Tómame con todas tus fuerzas Leonardo, hazme sentir que estoy tocando el cielo con tus embestidas —dice ella mientras lo observa a través del rabillo del ojo. De inmediato estiró el brazo y tomó con fuerza aquel cabello rubio, aquel acto hacía que levantara la cabeza, arqueando su espalda y al mismo tiempo levantaba su trasero, quedando completamente expuesta a él. De un solo empujón introdujo su parte erguida en ella, Mía soltó un largo y profundo gemido, de inmediato Leonardo con su otra mano introdujo el dedo medio e índice en su boca. —Extrañaba tu enorme pen@ entrar en mi, nadie te puede ganar en ello, en la forma en que lo haces te juro que te he considerado único —dijo ella con su voz enredada debido a los dedos que tenía su boca. Mientras tanto Leonardo continuaba embistiendo con todas sus fuerzas, la intensidad con la que él se movía provocaba en ella que su piel se colocara de puntitos. Leonardo tensaba la mandíbula, respiraba con fuerza mientras que su cadera golpeaba contra su trasero. Los minutos transcurrían lentamente como si el tiempo estuviera a su favor. Mientras que en la cabeza de Mia aquel momento significaba algo más profundo, para Leonardo simplemente era s*x@, su mejor s*x@, eso en comparación con las otras cuántas mujeres con las que desahogaba sus necesidades. Leonardo continuó moviendo sus caderas con fuerza hasta que los dos llegaron a su nivel máximo de placer; al finalizar una última estocada con fuerza dio Leonardo, provocando en ella que soltara un último feroz y largo gemido. Sacó su parte masculina del interior de aquella mujer, luego le dio una fuerte nalgada; Leonardo bajó de la cama sintiendo completa indiferencia hacia ella, actuando como si estuviera al lado de cualquier otra persona que nunca antes había tocado ni siquiera un solo cabello. Retiró el preservativo y luego fue al baño para limpiarse, mientras que ella acomodó su ropa íntima al igual que el vestido, se sentó frente al tocador y se retocó. Al salir del baño Leonardo se vistió en frente de ella. —Por lo visto después de tanto tiempo continúas siendo el mismo hombre frío y sin sentimientos, por lo menos deberías ser un poco menos indiferente conmigo —Mia se levantó y se acercó a él queriendo besar su boca. —No pretendas que vas a recibir un trato especial, entiéndelo simplemente fue s*x@, no te sientas importante, no logras imaginar con cuántas mujeres al día me meto —Leonardo colocó el dedo índice sobre sus labios alejándose de ella. —Te aseguro Leonardo que ya no soy la misma mujer de antes, así que si no me vas a tomar en serio te voy a hacer que la próxima vez tengas que implorar por poder tocar mi piel —Mia lo único que obtuvo de su parte fue una sonora carcajada. —No seas ilusa Mía, alguien como yo jamás va a hacer tal cosa por tener a una mujer, si tu cuerpo me provoca tan solo lo tengo y ya, no me interesa cuánto dinero o mercancía tenga que darte, pero nunca voy a suplicar por tu cuerpo, tú misma llegarás a mí para entregarte. Leonardo era completamente seguro de sí mismo, ya que ninguna mujer se solía resistir a sus encantos. Levantó el brazo y luego le indicó con la mano que saliera de la habitación. Una mala mirada de aquella decepcionada mujer se fijó en Leonardo, no era para menos luego de su mala manera de actuar, en el fondo Mia tenía la más mínima esperanza en que Leonardo fuera a actuar de manera diferente luego de entregar su cuerpo. —¡De nada!, te veré luego en medio de la fiesta —Mia salió de aquella habitación satisfecha pero al mismo tiempo molesta porque desea terminar de otra manera. Leonardo encendió un puro y le dio unas cuantas bocanadas, mientras disfrutaba de unos buenos tragos de whisky, al cabo de unos cuantos minutos más tarde decidió salir. Ajustó la puerta, siendo cauteloso Leonardo llevó la mirada hacia un costado, allí se encontraba Matteo, él asintió lentamente con su cabeza indicando a su jefe que todo estaba bien. —Ven acá necesito hablar contigo —Matteo se acercó como su jefe indicó. —¡Señor!, ¿en qué le puedo ayudar? —Necesito que hagas una averiguación bastante minuciosa sobre lo que sucedió con aquella mujer con la que me iba a casar, todo estaba fríamente calculado para que nada saliera mal y en último instante todo se fue al carajo. »Quiero que lo más antes posible coloques sobre mi escritorio en un trozo de papel grabado el nombre del culpable de lo sucedido, no solamente puedo llegar a pensar que lo sucedido ha sido obra de alguno de mis enemigos. »Sabes perfectamente que luego de obtener matrimonio estaba cumpliendo con la petición de mi padre —Leonardo dio unos cuantos pasos, mientras que frotaba de su mentón pensando cuidadosamente. —Hay tantas personas a quienes no les conviene que yo sea el nuevo jefe, así que a partir de ahora vas a estar más pendiente de todo lo que sucede a mi alrededor, el más mínimo error será motivo suficiente para que acabe con tu mugrosa vida. »Además necesito que aumentes la seguridad de la habitación donde se encuentra Amaranta, no sé por que, pero algo me dice que muy seguramente también van a querer hacer algo en contra de ella. Matteo ante las palabras de Leonardo simplemente asentía, siendo inevitable no sentir temor de lo que fuera a llegar a suceder con su vida si alguien llegara a atentar en contra de la esposa de su jefe.
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