Eres mi esposa y punto

1526 Words
Una lágrima tras la otra rodaron por las tiernas mejillas de Amaranta, para ella no había otra cosa más frustrante que el hecho de sentirse incapaz de no poder decidir por sí misma, lo único que deseaba con todas sus fuerzas era salir de esa pesadilla que la estaba consumiendo. Leonardo levantó lentamente el brazo llevando la mano directo a la cara de ella. Ella tenía que tener claro que él tenía el poder y lo más importante era evitar que él cumpliera con su promesa. —Pero ¿quién mierda te estás creyendo para que actúes de esta manera conmigo? —ella dice, cuando siente el tacto de él sobre ella. Sintiéndose sucia… ningún hombre la había tocado sin su consentimiento, nadie se había atrevido a llegar tan lejos. De inmediato Leonardo soltó una sonora carcajada al escuchar aquellas palabras, negaba con la cabeza mientras disfrutaba del momento, él dio un paso largo acercándose lo suficiente a ella. —No eres la mujer más hermosa que ha estado frente a mí, en mi cama he tenido a las mujeres más espectaculares, así que por más que me mires así, no lograrás nada. No tienes ese efecto en mí, para mi no eres más que un simple objeto. —Amaranta frunció el ceño mostrando su enojo—. No hagas esa cara, solo mira a tu alrededor para que te des cuenta de lo que está sucediendo. »Por si acaso dentro de tu cabeza no logras comprenderlo, te recuerdo que traes un vestido de novia puesto, además en tu dedo anular una argolla, a eso le agrego que hace unos cuantos minutos atrás aceptaste ser mi esposa. —Amaranta resopló al escuchar la manera en la que él le hablaba. —Acepte porque me amenazaste con tu maldita arma —ella lo interrumpió—, porque de lo contrario jamás hubiera aceptado casarme con un imbécil como tú que solo ve a las mujeres como un objeto —sus ojos se humedecieron al sentir tanto enojo—. Jamás me hubiera casado sin amor. —Solo espero que de ahora en adelante tendrás que actuar como tal, nunca vayas a olvidar que eres la esposa de Leonardo Mancini y estás bajo mis órdenes, hasta el día de tu muert@ —habló Leonardo muy tranquilamente mientras camina alrededor de su esposa haciéndola sentir de manera minúscula. »Quieras o no serás mía —su voz ronca y llena de soberbia provocaban que Amaranta se sintiera de lo peor, levantó el brazo y colocó el dedo índice en el mentón de ella, luego lo levantó y fijó la mirada fría en la suya. —No me toques desgraciado. —Amaranta levantó la mano con fuerza retirando la mano de Leonardo—. Me han tomado a la fuerza, me colocaron quien sabe que mierda haciendo que perdiera el conocimiento, luego me amenazaste con tu pistola para que me casara contigo, me traes a una habitación. »Aseguras que tienes información exacta de mí, ¿crees que con ello eres mi dueño? —Amaranta hablaba de manera rápida debido a que se encontraba llena de enojo. —No lo creo, lo aseguro —Leonardo se dio vuelta y caminó directo a la estantería de licores, tomó una botella con whisky y luego sirvió en un vaso hasta el rebose, de inmediato bebió de él hasta desocuparlo. »Dentro de poco mis hombres traerán ropa, así que espero que te cambies y te prepares para pasar una feliz noche de bodas a mi lado —él dio unos cuantos pasos acercándose a ella mientras que era observado con desprecio. —Maldito seas cretino de mierda, allá afuera hay personas que dependen de mí, seguramente en estos momentos deben estar completamente angustiados por mi ausencia, necesito ponerme en contacto con ellos. —En las condiciones en las que te encuentras no eres apta para hacer una llamada —él abrió un cajón y sacó un puro, le encendió fuego y nuevamente regresó la mirada en ella—. Por tus familiares no te preocupes, porque ya Matteo se ha hecho cargo. —¿Matteo?, ¿estás hablando del imbécil que me tomó a la fuerza para traerme a este maldito lugar? —la respiración de Amaranta se aceleró tanto que le era difícil ocultar su molestia—. ¿Hacerse cargo, acaso los has enviado a hacerles algo? —Amaranta de inmediato arremetió con golpes en contra de Leonardo. Cada uno de aquellos golpes eran completamente inválidos ante la altura y el cuerpo musculoso de Leonardo. —¡Basta, basta! ¡he dicho que basta maldita sea que te cuesta escuchar!, —Leonardo empujó el cuerpo de Amaranta hacia atrás, para que dejara de intentar hacerle daño. —Tan solo son dos niños y un adulto mayor que no se pueden defender por sí mismos, déjame ir. No logras imaginar la situación por la que estoy pasando en casa para que me estés involucrando en tus cosas. Unos cuantos golpes a la puerta interrumpieron la conversación, por las mejillas de Amaranta no dejaban de salir lágrimas ante la frustración de estar encerrada y no poder ayudar a sus seres queridos. —Adelante —al abrirse la puerta eran unos cuantos hombres al servicio de Leonardo, quienes traían suficiente ropa como para vivir un largo tiempo sin repetir prenda alguna. »Organicen todo y al terminar dejen la puerta con seguro —Luego se acercó a ella a tal punto que quedó demasiado cerca de su oído—. Tengo que salir a encargarme de unos asuntos, en la noche regreso cariño —ante sus palabras Amaranta resopló. —Sí señor —respondieron aquellas personas al mismo tiempo mientras Leonardo se retiraba tranquilamente dando pasos cortos y en su mano llevaba su puro. Leonardo iba de regreso a encontrarse con su familia, amigos y demás invitados, él era un hombre frío que ocultaba todos sus sentimientos, pero en su interior moría de ganas por escuchar aquello tan esperado salir de la boca de su padre. Yendo de camino es interceptado por aquel angosto pasillo por nada más ni nada menos que Mia Rinaldi, sosia y por supuesto una de las amantes de Leonardo. Una vez tuvieron contacto visual ella de inmediato dibujó una traviesa sonrisa en su rostro, mientras que él se mantenía sin dar respuesta física a su presencia. Mía era una mujer demasiado peligrosa en el mundo de la mafia, a diferencia de Leonardo que siempre actuaba acorde a las órdenes de su padre, ella siempre ha hecho lo que primero se le viene a la cabeza, sin importar por encima de quién tenga que pasar. Mía es una mujer muy deseada por los hombres, no es para menos, su espléndido cuerpo delgado, sus ojos color ámbar y una espléndida cabellera color rubio qué trae las miradas por donde pasa. Ella menea su cadera de manera sexy, dando pasos cortos entrelazando las pisadas, levanta el dedo índice y lo lleva a su boca, dio una leve mordida a la punta del dedo mostrando lascivia. El deseo de estar en la cama completamente desnuda sintiendo las caricias de Leonardo provocaba que su cuerpo se estremeciera. —Hola cariño, me da gusto verte, te ves estupendo y más ahora que eres un hombre casado —Mia acercó su cara a la de Leonardo y le dio un cálido beso en la comisura de sus labios. »Disculpa la hora de llegada, pero tuve que encargarme de algunos asuntos importantes, espero que podamos tener un poco de tiempo a solas, digo, para poder celebrar este grandioso momento. —El gusto es completamente mío, hace largo tiempo que no te veía, espero que todos los negocios marchen de maravilla, sabes que siempre hago lo mejor para que tus pedidos estén lo más antes posible en el lugar que me lo pides. —Eres un buen socio, tu astucia en la manera de actuar supera cien veces a la competencia, luego de ir por varios países finalmente he decidido vivir en Italia el resto de mi vida, jamás llegué a imaginar que iba a obtener de regalo de bienvenida tu boda. Mia colocó la mano sobre el antebrazo de Leonardo y con sus dedos jugaba con el saco, los dos sabían perfectamente la manera en que iba a terminar este encuentro, Leonardo con aquella mujer tuvo un apasionado pasado, el cual para los dos era completamente difícil de olvidar. Leonardo con una mirada la ha desnudado, en cuanto ella, no se ha quedado atrás, la pasión se hace presente en ellos; se desean con fuerza, pero Leonardo sabe que no puede dar motivos para que su padre se moleste con él. Aún así Leonardo la tomó de la mano y la llevó hasta el interior de una habitación, colocó doble llave para no llegar a ser descubiertos, la mirada fría y penetrante de Leonardo atravesó el cuerpo de ella. Mia lanzó el bolso de mano sobre la mesa de noche y se dispuso a pasar un placentero momento, tal y como en los viejos tiempos lo solían hacer, los dos eran apasionados en la intimidad y se entregaban con fervor
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