¿Su esposa?

1737 Words
Mientras que la ceremonia continuaba en el patio trasero de aquella imponente casa, Amaranta no hacía otra cosa más que llevar su mirada de un lugar a otro, no quedaba duda alguna que toda su vida había cambiado drásticamente en tan poco tiempo. Ella quería huir, quería irse lejos, pero al tiempo, el miedo por ser herida o peor aún, el temor porque la mataran no la dejaba pensar con claridad. Las manos de ella temblaban, no se atrevía a subir la mirada, aún estaba en shock. ¿Por qué tuvo que estar en ese lugar en ese preciso instante? Un apretón en su mano la hizo volver a su triste realidad. —¿Alguien en este lugar tiene algún argumento para que esta boda se detenga? de serlo así, que hable ahora o calle para siempre —ante aquellas palabras un silencio sepulcral hubo en el lugar—. Ella quería hablar, pero seguramente ese sería su peor error. Leonardo carraspeó la garganta y de inmediato Matteo se acercó rápidamente con un cofre en su mano, lo destapó frente a los novios. —Yo Leonardo Mancini, te acepto a ti Amaranta Lorusso para que seas mi esposa hasta que la muerte nos separe —él denotó con sarcasmo. Por un instante Amaranta quedó estática, de inmediato Matteo le indicó con una seña para que continuara… no tenía otra salida. —Yo Amaranta Lorusso te acepto a ti Leonardo… Mancini como mi esposo —aquellas palabras salieron de su boca de manera forzada. —Muy bien, por el poder que se me ha otorgado los declaro marido y mujer, ya se pueden besar —Leonardo acercó su cuerpo al de ella y le dio un apasionado beso, mientras que ella conmocionada no podía cerrar los ojos. Una lluvia de aplausos cayeron sobre ellos, en el rostro de los invitados habían leves sonrisas, al igual que caras amargadas y llenas de envidia; Leonardo sabía que no se podía confiar en ella y debía aislarse lo más antes posible, todo antes de que ocurriera una desgracia. —Por lo menos podrías dibujar una maldita sonrisa mientras que somos observados —aquellas palabras hicieron que en el rostro de Amaranta se dibujara una leve sonrisa, una dolorosa y fingida sonrisa—. Vamos a ir a otro lugar y así poder hablar tranquilamente sobre lo que te espera a mi lado, así que no trates de resistirte o hacer movimientos bruscos. »La más mínima estupidez que trates de hacer traerá graves consecuencias, porque te aseguro que no voy a dudar un segundo en utilizar la fuerza —Amaranta asintió levemente mientras caminaba en medio de los invitados sin tener el más mínimo conocimiento del lugar al que iba a ser trasladada. Leonardo junto a su esposa fueron hacia el interior de la casa dando pasos cortos mientras saludaban a los invitados, de frente lo esperaba su padre junto a sus dos hermanos. —Ellos son mi familia, así que compórtate y ten mucho cuidado con lo que dices; el hombre que te ha traído a este lugar tiene pleno conocimiento de todas las personas que te rodean, y con el simple hecho de dar una orden no quedará con vida nadie. Amaranta pasó saliva mientras continuaba caminando directo a la familia de Leonardo. —Hijo, hijo, hijo... Te felicito, me alegra mucho que por fin hayas sentado cabeza, lamento haber sido tan drástico contigo, pero de no haber sido de esta manera hubieras continuado como un lobo solitario. »Me alegra ver que has encontrado a una mujer demasiado hermosa, estoy seguro que vas a recibir de ella tanto o igual apoyo que el que reciben tus hermanos con sus esposas. Leopoldo Mancini dio un par de pasos en dirección a ella, levantó sus brazos y colocó las manos sobre sus antebrazos, dio un beso en cada mejilla y luego le dibujó una sonrisa, Leonardo quedó sorprendido al ver aquel hombre actuar de aquella manera. —Bienvenida a tu nuevo hogar, espero que sean muy felices y seas una mujer digna de un hombre como mi hijo Leonardo —Amaranta abrió sus ojos para escuchar aquellas palabras. Ella al solo escuchar eso, sentía repulsión. Un silencio se mantuvo por parte de ella, mientras que Leonardo una vez más carraspeó la garganta. —Gracias padre por tus palabras, ella es una mujer de buen corazón y es la mujer perfecta para mí, de momento nos sentimos un poco indispuestos y preferimos estar en privado, espero nos disculpes. —No te preocupes hijo. Muéstrale a tu esposa su nuevo hogar, un regalo de mi parte, espero que formes aquí tu hogar y me des varios nietos antes de que fallezca. —Te aseguro que así será y ambos estamos agradecidos por tu regalo —al hablar Leonardo es observado a unos pocos pasos por sus dos hermanos. —Eres un hombre joven, además tu servicio es el mejor, a diferencia de tus hermanos, tú siempre estás dispuesto hacer lo que te he pedido sin importar lo que sea. Estás comprometido con el bienestar de la familia que es lo mínimo que puedo hacer por ti. »Espero que seas un nombre diferente a tus hermanos, quienes tienen esposa e hijos y aún así continúan llevando la mala vida, espero que puedan dejar de estar indispuestos, debo decir algo importante. —Así será, ahora con permiso —Leonardo con una venia se despidió de su padre mientras sostenía de su mano a su esposa. —Felicidades hermanito —dijo su hermano mayor quien sentía más envidia que su otro hermano. Leonardo simplemente giró la cabeza y fijó su mirada en él, deteniendo su marcha y luego llevó la mano hasta la parte de atrás tomando la empuñadura de su pistola. —¡Discúlpalo!, sabes perfectamente que es un imbécil y no sabe medir sus palabras —rápidamente dijo Alessandro Mancini tratando de defender a su hermano mayor. —No intervengas hermanito, soy el mayor y claramente me puedo defender por mis propios medios —dijo Tomasso Mancini mostrando superioridad solo por ser el mayor. —Pronto esta rivalidad se va a terminar, y ahora estoy más seguro que nunca antes en mi vida, así que yo les ordeno que cierren la maldita boca antes de que me hagan enfurecer —habló Leopoldo Mancini el rey de la mafia. Leonardo resopló ante el comportamiento de su hermano, frunció el ceño y continuó con su marcha sin soltar a su esposa, dirigiéndose hacia el interior de la casa siendo cada vez más privado, lo único que Amaranta podía observar era hombres vestidos con trajes muy elegantes a los que se les veía las armas marcadas en su ropa. Leonardo la llevó hasta la habitación principal, la cual se encontraba en la planta superior, la lanzó sobre la cama y luego ajustó la puerta con seguro. Al ingresar lo primero que hizo fue llevar su mano hasta su teléfono, en donde estaba la información que había dejado allí Matteo, lentamente comenzó a leer línea tras línea, párrafo tras párrafo y mientras lo hacía sus cejas se fueron levantando. Leonardo había encontrado en aquellas letras información bastante atractiva sobre la vida de aquella mujer que ahora era su esposa. Nada le gustaba más que tener el control de la situación. Amaranta se levantó de la cama mostrando su enojo al estar allí en contra de su voluntad, sin importar que todos allí se encontraban armados ella fue directo a Leonardo. —No soy un puto objeto para que me tengas aquí en este lugar sin ni siquiera tomarte la molestia en pedirlo, porque de todas maneras me hubiera negado rotundamente al hacer parte de este espectáculo de payasos. Así que te exijo que me dejes libre. »Por lo visto además de todo eres sordo, muy bien, si no me prestas atención entonces me iré por mis propios medios —ella dio unos cuantos pasos en dirección de la puerta, al girar de la perilla no consiguió abrir. »Escúchame imbécil, no sé qué puto trauma tengas, por ello te sugiero que busques a otra mujer para que continúe haciendo el papel de esposa que obviamente no quiero hacer. El hecho de que Leonardo no le prestara atención a sus reclamos hacía que ella enfureciera de sobremanera, por ello dio unos cuantos pasos alrededor de él y se paró frente a su cuerpo. —Te doy un minuto para que tengas la amabilidad en abrir la puerta, porque de lo contrario te aseguro que haré hasta lo imposible por tumbarla y te denunciaré por todo este show. —Mattia Lorusso, hermano menor, Federico Lorusso hermano del medio, los dos son menores de edad, Darío Lorusso abuelo paterno, esa es toda la familia que tienes —dijo Leonardo mientras su mirada se encontraba fija en la carpeta. »En cuanto a ti, Amaranta Lorusso, dejaste el estudio atrás, quedando tu carrera en el pasado; trabajas durante todo el día y una parte de la noche en un café internet. Que vida tan patética. »Por la falta de experiencia no has logrado obtener un mejor empleo y el dinero que te dan allí es casi insuficiente para alimentar a tus dos hermanos y a tu abuelo. Pobres… todos unos muertos de hambre. Aquí tengo la suficiente información para arruinar todo lo que me plazca. —Los ojos de Amaranta se fueron abriendo mientras se cristalizaron al escuchar sus estruendosas palabras. Aquellas palabras cayeron como un enorme balde con agua fría sobre ella. Por más que trataba de buscar quien había brindado tal información tan exacta, ella no lograba dar con el paradero del responsable. En su cabeza, las personas de su familia y los cercanos, eran personas de confianza. Ella no tenía amigos, ni mucho menos un novio, durante toda su vida se había enfocado únicamente en ser la mejor en el estudio. —Si deseas puedo continuar, hay una lista larga, cualidades, defectos, diferentes gustos y todo lo que te rodea. Podría seguir, pero no sería conveniente que me alejara por mucho tiempo de la celebración de mi propia boda —él dijo. Amaranta guardó silencio, mientras movía sus manos sintiéndose completamente nerviosa ante la situación. Con aquellas palabras lo único que trataba de hacer Leonardo era demostrar que él no era un simple hombre, que sus alcances eran tan densos que no tenía límite alguno, que simplemente ella estaba en sus manos.
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