Al despertar, se encontró en una habitación pequeña e iluminada, con paredes llenas de azulejos blancos. La puerta estaba apenas abierta y no había ningún tipo de guardia. A pesar de que sentía algunos dolores en el cuerpo, estos no eran intensos y hasta podía captar el latido de su esencia sobrenatural en su interior, algo que no experimentaba desde hacía semanas y echaba mucho de menos. Volver a captar esas sensaciones le produjo cierta inquietud. No quería moverse para que nadie se enterara, o la atacarían con decenas de inyecciones como lo habían hecho al llegar a la instalación. Era evidente que el brebaje que le había suministrado Iván en la sala de suturas despertó sus instintos, aunque no entendía por qué él se lo había dado y cómo lo había conseguido. Alguien debió enviarlo. C

