Ese día las pruebas psicológicas no fueron tan agobiantes como las anteriores, aunque Tania sabía que aquello se debía a que Flora había evitado ciertos estudios. En algunas pruebas la mujer repitió los registros de días anteriores, concediéndole tiempo de descanso entre uno y otro. Como estaban solas en el laboratorio, nadie se fijó en lo que sucedía, pero Tania sentía una gran curiosidad. —¿No te vigilan a través de las cámaras de seguridad? —le preguntó en susurros cuando la mujer se acercó a ella para ayudarla a quitarse los electrodos que le había colocado en la cabeza y en el pecho. Flora la observó con los ojos muy abiertos unos segundos, pero se esforzó por disimular sus emociones. —Están de espaldas a mí. No ven que tipo de registro realizo en la computadora —masculló la mujer

