Ahora David tenía otra preocupación: ¿Dónde parquear el súper auto de su novia? No se podía creer la suerte que tenía; en esa zona seguramente tendría no sólo que estar pendiente de la mujer, sino del automóvil que conducía. Sus vecinos lo verían como un ganador de primera, pues venía acompañado de la mujer más hermosa del mundo, y con un costoso Audi como guarnición. Se detuvo al frente del edificio. Desde la entrada se escuchaba la música, y había gente entrando y saliendo con algarabía. Marissa miraba curiosa. —¿Hay una fiesta? —Sí, un vecino está de cumpleaños. —Ah… David bajó y activó la alarma. Marissa miró hacia el viejo edificio. La música venía desde la azotea, pero afuera había gente congregada en grupos y con latas de cerveza en la mano. David estuvo a su lado y le puso un

