La habitación del hotel se convierte en nuestro refugio, nuestro pequeño universo donde el caos del mundo exterior no puede alcanzarnos. Las luces son tenues, apenas suficientes para distinguir nuestras siluetas en medio del deseo que arde entre nosotros. Brandon es pura energía, intensidad pura. Su cuerpo se mueve con una confianza que me envuelve y me arrastra, sus manos recorriéndome con un hambre que me hace olvidar todo lo demás. Pero Patric, siempre calculador, nunca deja de observar, de esperar su momento. Su toque es más lento, más deliberado, y eso solo intensifica la sensación de estar atrapada entre dos fuegos opuestos pero igualmente irresistibles. La tensión s****l es palpable, densa como el aire antes de una tormenta. Brandon se ríe de algo que no escucho, su risa baja y ron

