La mañana llega demasiado pronto, y la luz que se filtra a través de las cortinas parece tan invasiva como mis propios pensamientos. Mis emociones siguen revueltas, pero no tengo tiempo para reflexionar. Un mensaje en mi teléfono me saca abruptamente de mis dudas.
Es Brandon.
"Desayuno en mi casa. Te espero a las 10."
Me quedo mirando la pantalla, dudando. Con él siempre es así: directo, sin espacio para vacilar. Su mundo es una constante carrera, y yo siento que si no corro a su lado, me quedaré atrás. Pero algo en mí no quiere dejar que esta relación se desarrolle sin pensar bien lo que quiero.
Antes de que pueda responder, otro mensaje aparece. Esta vez de Patric:
"Hoy estoy firmando libros en la librería de la esquina. Me encantaría verte. Sé que necesitas claridad, y aquí estaré si decides venir."
¿Por qué tiene que ser tan fácil para ellos? ¿Por qué sus palabras, sus gestos, siempre me dejan a mí con el peso de decidir? Siento una leve frustración creciendo en mi pecho. Ambos me ofrecen algo único, algo que necesito de distintas maneras, y yo... yo no puedo dividirme entre dos.
Decido que primero enfrentaré a Brandon. Después de todo, su intensidad no me deja espacio para ignorarlo, y mi corazón late rápido solo de pensar en verlo. Me preparo con prisa, eligiendo algo casual pero lo suficientemente elegante para su mundo de lujos y éxito. Cuando llego a su apartamento, me recibe con esa sonrisa que me hace olvidar todo lo demás, por un momento.
—Llegas justo a tiempo —me dice mientras me guía hacia la terraza, donde nos espera una mesa perfectamente dispuesta para dos, con el sol de la mañana acariciando nuestras pieles. Siempre sabe cómo hacer que cada momento parezca sacado de una película.
Pero mientras desayunamos, siento una creciente inquietud en el aire. Brandon, a pesar de su carisma y seguridad, me mira con una intensidad que nunca había visto antes.
—Valeria, tenemos que hablar —comienza, y sé que este es el momento que he estado temiendo—. He estado pensando mucho en nosotros. Quiero que vengas conmigo a Europa. No solo para la gira. Quiero que estemos juntos de verdad, sin interrupciones. No quiero compartirte con nadie más.
Mis manos se congelan alrededor de la taza de café. Ahí está, la declaración. El ultimátum no dicho.
—Brandon... —mi voz suena más débil de lo que esperaba—. No es tan simple. Mi vida está aquí, mi trabajo, mis compromisos...
—Puedes escribir desde cualquier parte del mundo, Valeria. No me digas que esto es por trabajo —interrumpe, con una mezcla de impaciencia y deseo.
Pero no es solo por trabajo, aunque él no lo entendería. Es mucho más. Hay algo dentro de mí que se siente sofocado por su pasión, por su mundo de velocidad constante. No quiero perderme en su sombra, aunque la idea de estar con él sea embriagadora.
Me despido más rápido de lo que esperaba. Le prometo que pensaré en su oferta, pero ambos sabemos que hay algo más que necesito resolver antes de dar una respuesta. Me duele verlo con esa mezcla de confusión y determinación, pero no puedo dejar que esa sea la última palabra.
La librería de Patric está a solo unas cuadras. Camino rápido, como si mi cuerpo supiera lo que mi mente aún se niega a aceptar. Necesito verlo, hablar con él. Cuando entro, el ambiente es completamente distinto. Tranquilo. Seguro. Las estanterías de libros viejos y nuevos envuelven el espacio en una calidez que contrasta con el lujo frío de Brandon.
Patric está allí, firmando un libro para una mujer mayor que sonríe emocionada. Al levantar la vista y verme, sus ojos se suavizan, como si todo su día hubiera estado esperando este momento. Me acerco despacio, y cuando termino frente a él, no necesitamos palabras. Me toma de la mano suavemente, como siempre lo hace.
—Vamos a dar un paseo —me dice, dejando todo de lado. Y así, sin más, salimos del bullicio de la librería y caminamos por las calles, sin rumbo fijo.
El sol está más alto ahora, y mientras caminamos en silencio, siento que estoy exactamente donde debería estar. Con Patric, las palabras no son necesarias. Nos entendemos en una calma que me reconforta, pero que también me asusta. Es todo lo contrario a lo que Brandon ofrece. Pero ¿es suficiente?
Nos sentamos en un banco del parque. Él me mira profundamente, como siempre lo hace, como si intentara leer más allá de mis pensamientos.
—Sé que esto es difícil para ti —me dice con suavidad—. Y no quiero presionarte, Valeria. Pero necesito que sepas que no voy a luchar por ti. No de la manera en que él lo hará. Yo... solo quiero que elijas lo que te haga feliz, sea lo que sea."
Sus palabras me golpean con una honestidad que casi duele. Porque sé que en el fondo, él está dispuesto a dejarme ir si eso es lo mejor para mí. Y eso lo hace aún más irresistible.
—No lo sé, Patric. No sé lo que quiero —admito finalmente, mi voz rompiéndose un poco.
Él no responde. Solo aprieta mi mano un poco más fuerte, dejando que el silencio hable por nosotros. Y así, en ese banco, bajo el sol de media mañana, me doy cuenta de que, sea cual sea mi decisión, no será fácil.