Los días siguientes parecen una extensión de ese frágil pero apasionado equilibrio que logramos en la habitación del hotel. El feriado de Todos los Santos nos ofrece una pausa perfecta, una excusa para perdernos de la realidad y entregarnos a la aventura, a lo desconocido de lo que hemos construido. Decidimos viajar. Escaparnos por unos días, alejarnos del ruido de la ciudad y las miradas curiosas. Brandon propone ir a la costa, algún lugar tranquilo donde el mar pueda ser el telón de fondo de nuestras decisiones. Patric sugiere una ciudad más pequeña, con calles empedradas y un aire nostálgico, el tipo de lugar que inspiraría una novela romántica. Elegimos ambos. Un road trip que nos llevará desde una pequeña villa costera hasta un rincón oculto entre montañas. Es un escape improvisado,

