La noche vuelve a cubrir la cabaña con su manto oscuro, y el ambiente en el interior ha cambiado. La tensión de antes, la urgencia de las emociones reprimidas, se ha transformado en algo más profundo, más controlado, pero igualmente poderoso. El fuego en la chimenea baila como testigo mudo, proyectando sombras suaves sobre los rostros de Brandon y Patric, mientras los tres nos sentamos juntos, disfrutando del calor del hogar y de nuestra extraña pero intensa conexión. Brandon es el primero en romper el silencio, por supuesto. Siempre ha sido el más directo de los tres, incapaz de soportar las pausas largas. Se recuesta en el sofá, con una copa de vino en la mano y esa sonrisa despreocupada que parece decir que el mundo está a sus pies. —Así que, ¿qué ? —pregunta, su tono es ligero, pero

