Todo se siente diferente, pero a la vez familiar. Hay una calma extraña, como si la tormenta de emociones de la noche anterior hubiera dejado todo en su lugar. Despierto entre ellos dos, rodeada de calidez, y, por un momento, me permito no pensar en nada más que en la sensación de estar así, tan conectados. Brandon es el primero en levantarse, siempre lleno de energía, como si la intensidad de la noche anterior no lo hubiera afectado en absoluto. Se despereza con una sonrisa traviesa, tirando una almohada hacia Patric, que aún está medio dormido. —Vamos, escritor. No puedes quedarte en la cama todo el día —bromea Brandon, y su tono ligero rompe cualquier rastro de tensión —Es hora de salir y hacer algo divertido. ¿Qué tal una caminata por el bosque? Necesitamos despejar nuestras cabezas

