La madrugada se apodera de la playa con una suavidad que sólo el amanecer puede ofrecer. El cielo comienza a teñirse de colores suaves, anunciando el final de esta noche intensa que ha sido un torbellino de emociones y deseos. Aún estamos tumbados en la arena, nuestros cuerpos entrelazados, cálidos y agotados después de horas de besos, risas, y confesiones. Brandon es el primero en moverse. Se incorpora despacio, estirando los brazos hacia el cielo, su musculatura tensándose mientras lo hace. La luz del alba baña su piel bronceada, haciéndolo parecer casi esculpido, un contraste con el hombre impulsivo y salvaje que acaba de compartir esta noche conmigo. Me lanza una mirada, una de esas sonrisas confiadas que siempre parece tener guardadas para cuando el momento lo requiere. —Tenemos que

