Los días que siguen a aquella noche en la playa son un torbellino de emociones y silencios cargados. Brandon y Patric siguen presentes en mi vida, pero ahora todo parece haber cambiado. Cada vez que los veo, cada vez que compartimos una palabra, una mirada, siento esa tensión latente, esa electricidad que nos envuelve y que ninguno de nosotros sabe cómo manejar. Pero en lugar de enfrentarlo, todos seguimos bailando alrededor de lo inevitable. Es como si ninguno de nosotros quisiera ser el primero en reconocer lo que realmente está sucediendo. Las citas con Brandon se hacen más frecuentes, llenas de risas, bromas, y momentos de pura adrenalina. Salimos a eventos, cenas, e incluso, escapadas improvisadas en moto, algo que él siempre ha amado. Es el rey del caos, del descontrol calculado, y

