La mañana se abre paso lentamente, y la villa parece estar envuelta en un aura de calma inusual. Las cortinas filtran la luz dorada, proyectando sombras suaves sobre las sábanas desordenadas y los cuerpos entrelazados. Brandon y Patric aún duermen a mi lado, sus respiraciones acompasadas, pero sé que el reloj sigue corriendo. Este momento, tan perfecto en su delicadeza, es tan frágil como un castillo de arena. Me giro lentamente para observar a cada uno, tratando de ignorar el nudo en mi pecho. Brandon, tan seguro y confiado, con su cuerpo musculoso tendido de manera despreocupada sobre la cama, es una imagen de libertad y pasión. Patric, por otro lado, está más quieto, su cuerpo delgado pero fuerte envuelto en la tranquilidad de quien siempre está pensando más allá de la superficie. Los

