Brandon me tiene atrapada en sus brazos, sus labios moviéndose con un hambre incontrolable, y su cuerpo tan cerca que siento el calor irradiando de él. Patric, siempre más cuidadoso, más delicado, está cerca, sus ojos fijos en mí, sus manos suaves pero firmes sobre mi mejilla. Es una tensión entre lo urgente y lo íntimo, entre el deseo desenfrenado y la necesidad de control. Siento el temblor en mi cuerpo, una mezcla de anticipación y nerviosismo. Ambos están aquí, conmigo, y por más que lo haya fantaseado, el momento real es algo que nunca pude prever. —Estás temblando, —murmura Patric, sus palabras suaves, pero cargadas de significado. Sus dedos rozan mi mandíbula, y su toque envía una descarga eléctrica a través de mi piel. Brandon, notando la intimidad del gesto, no parece dispuesto

