La brisa fría de la noche acaricia mi piel mientras caminamos por las calles vacías. Brandon, siempre tan cercano, mantiene su brazo alrededor de mí, casi como si quisiera marcar su territorio. Patric, con su elegancia habitual, camina a mi otro lado, con esa tranquilidad que solo él puede transmitir. Es una paz tensa, sí, pero es paz. Nos detenemos frente a un bar pequeño y discreto, uno de esos lugares que solo conoces si has vivido la ciudad lo suficiente. Brandon suelta una risa suave al verlo. —Este sitio es perfecto —dice, abriendo la puerta como si fuera el dueño del lugar. Es típico de él, siempre tiene que liderar, asegurarse de que el mundo sepa que él está en control. Dentro, el ambiente es cálido, y las luces bajas nos sumergen en una intimidad inesperada. Nos sentamos en un

