Shirley Se escucharon pasos, todos volteamos a ver quién venía entrado al salón, mi corazón salto y yo quería hacer lo mismo, desee ir a traerlo de la mano, o quizá tirarme a sus brazos. ¿Qué sería más adecuado? —¡Buenas noches! —saludo él, no aguante, me levante y camine hasta quedar frente a él, era la emoción de verlo llegar y cumplir lo que había prometido, o sentirme a salvo de las arpías sentadas a la mesa, todo, era todo. —¡Te ves hermosa! —susurro, con él ahí, me sentí aliviada, feliz. Extendí mis brazos y me abrace a él, con la altura de los tacones llegaba a su hombro en donde repose mi cabeza, él tomó mi mejilla y deposito un beso, para luego ponerme a su costado y avanzar a la mesa. Al ver la cara de todos, era..., lo valía, podría ofrecerles “bolsitas para la baba”.

