Camino lento, su cabello agitado me produce repelús. —¡Eh! —digo como un cavernícola asustado—. Detente. Detuvo el movimiento la sombra, pero no el cuerpo. —Te conozco, soy Locke. —Elevo la mano al pecho—. Aquí en el tercer piso te hemos visto, Rosantina y yo. Los puntos brillaron. Estoy preparado para cualquier percance. —¿Quién te lastima? La sombra baja del techo y Pendulum está estática. —No quiero hacerte daño —dije retrocediendo. Perdí los minutos que estamos viéndonos en silencio, un mutis tenso en la atmósfera. —Puedo ayudarte si me lo dices Me examina en la distancia de poco metros. —¿Me conoces? Asiente. No pude contener el suspiro de seguridad y calma. —¿Quién te lastima? —Intento otra vez. La sombra parece estar llorando, hace la mímica perfecta. Me

