Sentí una ácida sensación recorrerme desde la boca del estómago hasta la garganta. El desagrado que esa perra me causaba era gigantesco. Rodé los ojos y me di vuelta para verla. Estaba vestida como una auténtica puta barata, como era de esperar. Miró de una extraña forma a Aaron, pero logré ver que en esa mirada había deseo. Aaron tenía en ceño fruncido, sin embargo, no mostró sorpresa alguna. -¿A quién le dices que hace dibujos de primaria, perra? -No te hagas la tonta, Sarah. -sonrió con falsedad- ¿O acaso necesitas que te lo diga lentamente para que te entre? -se agachó un poco, acercándose a mí- Tus dibujos apestan. -pronunció con lentitud. Yo estaba roja de la ira. No aguantaba su asqueroso tono de voz de travesti- -Retráctate, maldita. -dije entre dientes- -Vámonos, Sarah. -Aaro

