La saludo, nos sentamos en el sillón y le pregunto más sobre Pablo. Me intriga. ¿Cómo sabe ella lo de Pablo y yo? ¿Por qué haría algo así teniendo a tan buen amante como Gabriel? ¿Dónde lo conocí? Una a una responde mis preguntas. Es evidente que esta chica era mi confidente. ¡Dios! ¡¿Cómo pude contarle semejantes cosas?! En lugar de almorzar con ella, salimos y vamos a un restaurante pequeño, muy íntimo a encontrarnos con él. Al llegar Pao lo ve y nos sentamos a su mesa. Al verme sus ojos se iluminan y una amplia sonrisa se dibuja en su rostro. Tengo que admitir que sus profundos ojos verdes me cautivan y su sexapil es tremendo. Nos tiene a las dos embobadas mirándolo. Pao le cuenta brevemente lo que me ocurrió. Cada vez que alguien le cuenta a otro sobre mi accidente, la

