Capítulo 1 El extraño
Entro corriendo por el pasillo del hospital hasta la puerta del ascensor del hall central, presiono el botón y espero con impaciencia, ya es tarde, me paso las manos por el pelo revuelto y me acomodo un poco la ropa. Las puertas se abren, entro y toco el número del piso, cuando está a punto de cerrarse dos hombres con trajes elegantes y zapatos caros, ingresan, justo antes que el ascensor se cierre. Uno es de estatura media, pelo oscuro y con una linda sonrisa que me dedicó al entrar y al hacer un gesto de saludo, el otro, un poco más alto, de cabello rubio algo más serio, se para a mi lado sin siquiera mirarme. Miro al primero y le pregunto a qué piso van, sin darse vuelta y sin ver el piso que estaba presionado el hombre rubio me responde que al mismo que voy, su tomo seco y cortante me provocó escalofríos en la piel, pero de una manera rara no de temor, no sé bien como describir la sensación, como si la electricidad recorriera cada parte de mi cuerpo.
Por fin llega al séptimo piso. Ni bien se abren las puertas salgo como un rayo hacia el pasillo, camino deprisa con la intensión de dejar atrás a esos hombres, pero mi curiosidad me puede. Giro la cabeza para ver hacia dónde se dirigen, veo que se acercan con paso firme al mostrador de las enfermeras.
Doblo por el pasillo hacia la izquierda, me detengo, respiro profundo y entro como siempre, con una sonrisa. Me acerco, lo abrazo y le doy un fuerte beso en la mejilla, lo noto débil y algo demacrado, seguro el estar dos meses internado en éste hospital hace que mi padre se vea de esta forma. Su enfermedad está avanzando poco a poco.
Su cara se ilumina, me abraza con ánimo. Sé que se siente solo acá, pero pronto le darán el alta y podrá volver a su vida, mientras tanto yo vengo a verlo todos los días que puedo y me quedo hasta que las enfermeras me echan porque se ha terminado el horario de visita, aunque muchas veces hacen la vista gorda y me dejan un ratito más.
Luego de unos minutos entra a la habitación uno de los hombres que estaba en el ascensor, el más bajo. Casi se me para el corazón, no entendía que hacía aquí ni qué quería. Mi papá lo mira, le extiende la mano y lo saluda con afecto, al ver mi expresión de sorpresa me dice:
-Hija él es Andrés el hijo de mi amigo Alberto.
Extiendo la mano algo temblorosa y lo saludo, con cierta desconfianza.
-Mucho gusto- digo.
Ante mi cara de incertidumbre mi papá me explica.
-Su padre y yo somos amigos desde la infancia y me ayudó mucho en éste último tiempo. Realmente lo aprecio.
Mira al hombre que está del otro lado de la cama:
-Mandale muchos cariños- Le dice con nostalgia- Una lástima que esté de viaje y no podamos vernos.
-Lo haré- contesta Andrés- Siempre es un placer venir a verte y mi padre siempre te tiene presente.
Mientras ellos conversan, yo me pregunto ¿Qué sería del otro hombre?¿Dónde estará? ¿Se habrá marchado? Sí, así es mejor para mí ya que con él aquí también me hubiese sentido aún más incómoda.
Me saca de mis pensamientos unas carcajadas que da mi padre:
-Andrés ¿Conseguiste secretaria?-cambia el tema.
-No, es complicado con mi socio. Ya sabes lo osco que puede ser.
Si es el hombre que estaba con él con esa forma de ser tan seca, seguro que no habrá secretaria que lo soporte.
-Sabes Sofía, Andrés podría darte un empleo en su empresa. Serías una excelente secretaria, me acaba de contar que la actual se casará pronto y abandonará su puesto. Necesitan con urgencia una de confianza.
Me quedo atónita. No entiendo por qué mi padre sale con esto. Miro a Andrés ruborizada y algo apenada, siento que sus ojos se clavan sobre mí, con impaciencia. La situación se vuelve incómoda.
Vuelvo a mirar hacia la cama, totalmente avergonzada. Que podría ser peor que tu padre te busque trabajo estando él internado y ofreciéndote a un desconocido.
-Papá estás poniéndonos en un compromiso a ambos. Él no me conoce y no sabe si soy lo que necesita, ni tampoco sabes si yo quiero tomar el empleo.
-No seas tonta. Sé que dejaste tu trabajo anterior y necesitas con urgencia uno nuevo. Andrés ya me había dicho que si sabía de alguna persona capacitada para tal empleo que le avisara, como estabas con trabajo no se me había ocurrido pero ahora.... Sería muy bueno para ambos, sos capaz, eficiente, responsable y obtenés un empleo que ayudará a pagar las cuentas. Andrés tendrá una persona que ocupe el lugar vacante que tanto le urge. También podrán conocerse y ser buenos amigos como su padre y yo.
-Lo haces fácil-le digo mientras me dirijo al hombre frente a mí.-Disculpa a mi papá, él cree que todo es sencillo
-Está bien, no es una mala idea. Claro siempre que aceptes el empleo- me aclara.- Además estas con muy buenas referencias-mira a mi padre.
Me quedo pensándolo sólo un momento y a decir verdad mi papá tiene razón. El trabajo lo necesito, las cuentas se acumulan en mi mesita, pero lo tomaré para probar, hecho que dejo bien en claro.
-Bueno la verdad, me gustaría probar. Si no te convence o no soy lo que necesitas quiero que lo digas sin vueltas. Que no te sientas comprometido por ser el hijo del amigo de mi padre.
-No creo que haya problemas- dice con una sonrisa.- Estoy seguro que sos la indicada y a decir verdad estoy realmente desesperado, Ana se casa en un mes y es del tiempo que dispongo para encontrar su remplazo. Anda a esta dirección a las nueve el lunes, allí te pondré al corriente.
Luego se despide de mi padre, me extiende la mano para saludarme y se retira.
Me quede pensando en lo que había pasado. Sin querer había conseguido un empleo gracias a mi padre. Lo abrazo fuerte y le doy un beso en agradecimiento.
Al llegar la hora de irme le doy un fuerte abrazo y le prometo contarle todo con respecto al trabajo. Sé que se queda contento por su logro pero triste porque otra vez queda solo.
Salgo a la calle, tomo el casco de mi moto Honda Tornado XR, roja con detalle en blanco. Es algo grande para mí, pero me las arreglo muy bien para manejarla. Subo y salgo hacia el bar donde quedé en encontrarme con Javier, mi novio. Al comenzar a mover la moto noto unos ojos profundos que me observan. Nuestras miradas se encuentran. Es el hombre que estaba con Andrés en el ascensor, fijo la vista al frente para romper el contacto visual entre ambos. Eso sí que es raro.
Llego a la calle Arévalo al 2800 cerca de las ocho de la noche, me bajo de la moto, la aseguro y entro. Busco entre la gente a Javier, lo veo hablando con un grupo pequeño de gente cerca del centro del salón. Esta tan lindo como siempre, con su pelo castaño, lacio, largo hasta la mitad de la espalda, con una camisa que acentúa el ancho de la misma y un jean que marca su precioso culito. Me acerco por detrás, me pongo en puntas de pie, le tapo los ojos con ambas manos. Le beso el centro de la espalda, es más alto que yo por lo que no llego a su cuello como me gustaría. Se da vuelta, me abraza, me besa y nos dirigimos a la barra. Saludo al barman y al dueño. Nos conocemos hace años. Me tomó como camarera cuando comencé mis estudios de contabilidad. Fue mi primer empleo. Siempre se lo agradeceré. Pedimos un par de cervezas, nos miramos con cariño y le cuento lo que me acababa de pasar con respecto al trabajo.
Mientras festejamos por mi nuevo empleo, la noche pasa rápido al igual que las bebidas. Cerca de las tres de la mañana me pido un taxi para ir a casa. Bebí unas cuantas copas de más y no quiero tener un accidente. Le pido a Carlos, el dueño del bar, que me guarde la moto en el garaje del local. Mañana pasaré a buscarla. Le entrego las llaves, lo saludo y me voy sola. Javier no viene conmigo pues tiene que buscar unas cosas en su departamento para el trabajo el día siguiente y está a contramano del mío. Realmente me hubiese gustado que viniera. El alcohol me sube la temperatura y me pone muy mimosa. Ni modo- pienso- tendré que darme una ducha fría y esperar a mañana.
Es sábado, me despierto con un terrible dolor de cabeza. Prendo el celular para ver si Javier llamó. No hay llamadas. Seguramente está muy ocupado o complicado para llamarme, de igual manera le mando un mensajito de buenos días y otro para avisarle que pase a la noche. Tengo pensada una velada que no podrá olvidar. Pero primero lo primero, algo para la resaca. Voy al baño y al verme en el espejo me asusto de mí misma, de mi cara demacrada acentuada por las terribles ojeras. Me doy una ducha caliente para deshacerme del olor a alcohol y refrescarme un poco antes de salir. Después de bañarme me paso por el cuerpo una crema perfumada, para que mi piel siempre tenga un aroma agradable y suave.
Son las doce del mediodía. Salgo del departamento para ir a ver a Susy, mi amiga desde hace algún tiempo. Llevo días queriendo contarle algunas cosas y quedamos para almorzar hoy por la costanera de la ciudad. Un lugar con mucho espacio verde para pasar un buen rato, caminar por la reserva y comer algo de paso. Esos carritos son una perdición, con sus bondiolitas y las papas fritas, mmm... Después tendré que bajar las calorías con un poco más de ejercicio, pero lo vale, cada bocado.
Susy me espera en la entrada de la costanera. Lleva un pantalón corto beige, una remera musculosa blanca y unas zapatillas a juego, Su pelo tirante atado con una banda muy prolija. Se ve tan linda y delicada. Yo en cambio, voy con mis calzas azules de correr, una musculosa negra y mis zapatillas de colores, no son muy discretas, pero son realmente cómodas. Me ve y me saluda con la mano, me acerco y le doy un fuerte abrazo. Nos saludamos con unos saltitos como dos tontas.
Caminamos hasta los carritos, pedimos unos sandwichitos de bondiola con huevo frito, una papas para acompañar y aguas. Nos sentamos en una de las mesitas. Nos disponemos a almorzar y a apreciar lo bello que nos rodea, que demás está decir, aparte del lugar, también se pueden ver unos hermosos ejemplares masculinos realizando sus rutinas de ejercicios, con esos cuerpos bien formados y trabajados, donde dejan a la vista femenina todo su esplendor, con esas pequeñas gotitas de sudor corriendo por sus espaldas y sus músculos tensos por el esfuerzo. Le doy un bocado a mi bondiolita y me meto un par de papas en la boca. Estoy realmente hambrienta. Susy me mira y se ríe de mi forma de comer.
A la mitad del almuerzo y en medio de nuestra charla Susy me cuenta que está comenzando a salir con alguien. Nada serio, pero que podría ser el padre de sus hijos. Siempre dice lo mismo pero al final de cuentas nunca lo es. Las relaciones son algo difícil de llevar para ella. Mientras sigue describiendo a su nuevo amor, veo por encima del hombro de mi amiga a un hombre alto de cabello rubio, muy interesante a primera vista. La interrumpo y le señalo con un gesto que voltee para apreciar la belleza, pero a medida que se acerca a nuestro lugar reconozco al hombre. Me atraganto y comienzo a toser. Susy se asusta y trata de ayudarme, hecho que hace que algunas personas a nuestro alrededor nos miren. Me repongo un poco y busco con la mirada al hombre que me causo el atragantamiento. No lo veo. Tomo un poco de agua y me tranquilizo. Me digo a mí misma que solo puede ser producto de mi imaginación, o que ya se fue.
Terminamos de comer y comenzamos a caminar, para bajar el atracón de comida. En realidad, que me comí porque Susy me regaló sus papas porque era demasiada fritura y grasa para su cuerpo por un día. Obvio que mi cuerpo y yo se lo agradecimos; no tanto así mis caderas.
Caminamos un largo rato y salimos de la costanera. Le cuento sobre mi posible nuevo empleo, sobre cómo lo conseguí y por quién. Ella escucha y asiente con la cabeza. Es una buena amiga.
Cerca de las cuatro de la tarde llego a casa. Miro mi celular, que estuvo muy silencioso hoy, pero nada. Ni mensajes ni llamadas. Decido llamar a Javier. No responde. Le mando un mensaje invitándolo a mi departamento por la noche, diciéndole que tengo una sorpresa para él. Me compré un trajecito sexy, muy lindo y delicado, de seguro le gusta.
Cerca de las ocho tengo todo listo. La cena: un pollo al verdeo con crema y acompañado con arroz blanco; un buen vino cabernet, Fincas del Fin del mundo, de muy buen sabor, tonalidad, aroma y cuerpo. El que a él le gusta. Y un postre que será la frutilla de la torta, yo.
Cuando todo está ya dispuesto recibo una llamada.
-Hola Sofi
-Hola cariño- noto su voz algo diferente.
-Perdóname por no haberte llamado y por no haber contestado tus mensajes, pero no estoy en Buenos Aires. Anoche mi jefe me pidió que viajara con urgencia hoy temprano a Córdoba para resolver unos asuntos, los que se complicaron y me mantuvieron totalmente enfrascado, pero estaré de regreso en unos días.
-Está bien cariño, entiendo.
-¿No estas enojada conmigo verdad?
-No, no, como podría- me giro para ver todo lo que está listo para ser disfrutado- Te espero en unos días, besos.
-Hasta pronto linda, que descanses, besos.
Cuelgo el teléfono y me quedo pensando qué hacer con todo esto. Decido guardar todo en bol y ponerlo en la heladera. Esto realmente no me lo esperaba. No quiero quedarme sola compadeciéndome de mí misma porque Javier no está. Llamo a Susy para proponerle que salgamos a bailar o a tomar algo pero no contesta. Seguro está con el hombre que me contó. Pienso, me digo que lo mejor será ir al bar a ver si hay alguno de mis amigos.
Me pongo unos jean bien ajustados, una remerita corta y la campera de cuero negra con detalles rojos que uso para andar en moto. Cuando me doy cuenta que sigue en el bar de Carlos. Tendré que tomar un taxi.
Llego y el lugar está repleto de gente. Logro entrar, me dirijo a la barra, saludo a los chicos. Carlos me ve y se acerca con un gesto que ya conozco, desesperación.
-Hola linda. ¿Querés unos pesos extras hoy? Estoy saturado y me faltaron dos camareras.
-Claro, dame un delantal y decime dónde me querés.
-Gracias, sabía que aceptarías- Me da un beso en la frente, pone un delantal en mis manos y me manda a atender unas mesas- Además con esos jean de seguro obtendrás buenas propinas- me guiña un ojo.
La noche pasa rápido. Hay tantas personas que la cocina y la barra no dan abasto a preparar todos los pedidos. Cerca de las 4 de la madrugada las cosas se calman un poco y puedo tomarme un descanso. Maxi, uno de los bármanes, me sonríe y me hace un gesto de cansancio. Yo le respondo del mismo modo. Me apoyo en la barra. Él se acerca y me entrega un vaso con Coca cola bien fría. Me conoce, sabe qué es lo que me gusta. Tiempo atrás fuimos buenos compañeros de barra. Por fin la noche se termina, el bar cierra y nos disponemos a limpiar el lugar, que es lo que se hace siempre antes de irnos. Al concluir la limpieza todos nos sentamos un momento en una mesa a beber algo y charlar un poco antes de partir. Le pido las llaves de la moto a Carlos y le ofrezco a Maxi acercarlo hasta su casa, queda de paso a la mía. Acepta sin dudarlo.
Llegamos a su casa, se baja, me saluda y me invita a salir uno de estos días. Cuando no trabaje. Invitación que acepto. Él y yo somos buenos amigos y hace tiempo que no salimos juntos.
Mi casa esta fría, a pesar que afuera el clima está bastante cargado, húmedo y pesado. Me acuesto, me tapo con una colcha. Cuando estoy por rendirme al sueño suena el teléfono, atiendo
-Hola
-Hola Sofi, soy yo, Dany
Su llamada me sorprende, mi hermana no es de llamarme y menos a esta hora, a las 6 de la mañana. Me despabilo de golpe y me siento en la cama.
-Dany ¿Pasa algo?
-No, solo te llamo porque estoy llegando a la ciudad y quedamos que me venías a buscar para quedarme contigo durante el día, así paso a ver a papá y por la noche ir a tomar mi vuelo a Madrid. Te avisé la semana pasada. ¿Te olvidaste verdad Flaca?
-No, claro que no- Mentí, el sueño y el cansancio no me permiten recordar nada- Solo que anoche fui a darle una mano a Carlos en el bar y todavía no me acuesto. Pensé que llegabas más tarde.
-Bueno, no seas perezosa y vení a buscarme. Estoy llegando a Retiro en el micro.
-Ok, ok, ya salgo- Si no voy ya recogerla de seguro me mata cuando me encuentre. Es de esas personas que no entienden que los demás también tenemos vida y cosas que hacer.
Me doy una ducha rápida, salgo a la calle, paro un taxi, que gracias al cielo a esta hora no son tan difíciles de conseguir, y me encamino hacia la terminal. Al llegar la encuentro con su valijita, sentada en un banco, con cara de pocos amigos y su pie izquierdo dando golpecitos sobre la vereda.
-Tardaste demasiado. Hace rato estoy acá sentada esperando. Estaba a punto de sacar las raíces- dice y se sube al auto sin decir siquiera hola.
-Hola, tanto tiempo. Yo bien ¿y vos?- le dijo sarcásticamente. Mientras el conductor acomoda el equipaje en el baúl, subo y le doy un fuerte abrazo. Le digo que la extrañé y su semblante se descontractura, responde a mi abrazo y contesta que ella también me echo de menos.
Una vez instalada en casa, tomamos unos mates y conversamos animadas. Me cuenta sobre su vida de casada con Luis, su nueva casa de ensueños, su trabajo de siempre y otras cosas. Llevamos tiempo sin vernos y distanciadas, desde que se casó y se mudó a Rosario. Lugar de donde es oriundo su preciado marido. No es que no lo quiera pero se llevó lejos a mi adorada hermana.
Antes éramos unidas pero la distancia hace que las personas se alejen físicamente pero no emocionalmente. Yo sigo amando a mi hermana y sé que siempre podré contar con ella para lo que sea. Decidimos salir a almorzar y después pasar a ver a papá por el hospital. Seguro que la visita de Daniela lo alegrará mucho.
La quiero llevar con mi moto pero ella se niega. Vamos en colectivo. El viaje no dura mucho más de veinte minuto. Por suerte el colectivo tiene aire acondicionado. Llegamos al Alto Palermo, caminamos y miramos vidrieras. Dany se para frente a una lencería y se enamora de un conjuntito bordo. Es muy delicado. Entramos a verlo y de paso miro alguno para mí. Terminamos con dos conjuntos cada una, ella uno bordo y otro n***o. Yo uno rojo y otro azul Francia de encaje que está para matar. Seguro que a Javier le va a dar un infarto al vérmelos puesto.
Las compras y caminar nos da hambre. Mientras comemos en el shopping, le cuento de mi nuevo empleo, cómo lo conseguí; mejor dicho cómo y quién me lo consiguió, mi vida sentimental con Javier y otras tonterías. Me gusta estar con ella. Es tan confortante. Siempre me brinda esa sensación de calma, es como mi lugar a donde ir cuando no quiero que el mundo me encuentre. Ella me cuenta el motivo de su viaje a Madrid. Unos nuevos hoteles que van a brindar paquetes de viaje para su agencia. De paso pasea y conoce un poco España. Me habla sobre su feliz vida de casada y sus planes de darme un sobrinito. Después de tomar unos cafés partimos hacia el hospital.
Llegamos, subimos y nos dirigimos hasta la habitación, papá está sentado en la cama y me ve entrar. Su semblante cambia, pone una sonrisa en la cara a pesar del dolor. Sé que hoy en particular está algo adolorido, me lo acaban de decir las enfermeras. Lo abrazo, le doy un beso y noto que sus ojos se abren grandes al mirar hacia la puerta. Mi hermana esta parada ahí.
-¡Hija! ¡Viniste a visitarme!-sus ojos se empañan de lágrimas- ¡Qué felicidad!
-Hola papi- dice Dany mientras lo besa y abraza- ¿Cómo estás? ¿Qué tal te tratan acá?
-Bien hija, bien. Las enfermeras son muy lindas y buenas con este viejo quejoso. Los médicos me atienden con paciencia, de manera muy profesional. Contame, ¿qué tal tu vida de casada? ¿Para cuándo un nietito?
-Papá es pronto para eso. Recién llevamos 6 meses de casados y con Luis queremos disfrutar un poco del matrimonio. Además tengo que poner algunos asuntos laborales en orden para no tener que viajar estando embarazada- responde Dany mientras se sienta a un lado de la cama.
-Mira que estoy envejeciendo muy rápido y mi enfermedad avanza. Me gustaría conocer un nieto tuyo y ver a tu hermana casada- me mira mientras observa mi gesto de negación.
-No cuentes con ello- digo-. Estoy bien como estoy. Además apenas tengo 23 años para atarme a un hombre y abandonar mi libertad.
-¿Libertad?- reclama mi padre- Si ya llevas 2 años con ese mequetrefe, por lo menos podrían casarse y darme una alegría. Aunque si cambiaras de pareja creo que me pondría más feliz. Ese novio tuyo nunca me gustó.
-¡Papá!-digo elevando un poco la voz- Javier es un buen hombre, si así no lo fuera no estaría con él, ¿no crees?
-Si tú lo dices. Pero cuídate hijita, él me da mala espina.
Mi hermana aburrida de escuchar siempre lo mismo entre mi padre y yo cambia el rumbo de la charla.
-Decime papá ¿cuándo te dan el alta? ¿Ya te dijo el médico?
-Hay hijita- le toma una mano entre las suyas- Dicen que si no cesa el dolor y la inflamación en el riñón no pueden dejarme ir.
-Hablaré con ellos antes de irme para que me informen bien todo. Quédate tranquilo que pronto te irás a casa- le besa la frente con cariño.
Cerca de las cinco de la tarde, cuando el horario de visita concluye, Dany y yo nos despedimos de papá y nos vamos a mi departamento a buscar sus cosas, para luego llevarla al aeropuerto. Su vuelo sale a las ocho de la noche, y ella prefiere llegar antes que sobre la hora. Es tan perfeccionista.
Mientras estamos en casa buscando sus cosas Dany me pide que me cuide, que no me meta en problemas en el trabajo y en especial que no me enamore de mi jefe. Sé que lo dice en broma pero también con un tomo de veracidad.
Llegamos al aeropuerto, su vuelo está retrasado dos horas. Aprovechamos para cenar algo, ya que llegaré muy tarde a casa y ni en sueños me pongo a cocinar a la hora que llegue.
La espera se hace interminable y Dany se pone densa. No es de las que le gusta esperar. Trato de distraerla mirando cosas en el free shop. Hasta que por fin anuncian su vuelo. Me da un fuerte abrazo y embarca. Me da pena verla irse, pero también alivio.
Por fin me voy a casa. Me tomo un taxi en la salida. Tardo casi una hora en llegar, estoy agotada. Me saco la ropa y me meto en la cama. No tardo mucho en conciliar el sueño. Mi mente comienza a relajarse y aparece él. Posa sus manos en mi cintura y se apodera de mi cuerpo. Lo disfruto, le permito entrar en mí. Sus manos se pasean por mi piel, su boca saborea la mía. En mi interior un mar de revoluciones estalla. Quiero verlo, su cuerpo perfecto y sus músculos moldeados me elevan aún más. Hago todo por ver su rostro pero no lo consigo. Me despierto sudada, con la piel hirviendo, el corazón acelerado y queriendo más, pero lo peor es no haber podido verle la cara al adonis apasionado.