Me levanto temprano, me ducho, ejecuto mi ritual de las cremas. Me pongo un pantalón gris de vestir una camisa blanca y unos zapatos de taco n***o no muy altos. Hace rato que no los uso todo el día y no quiero terminar con ampollas. Tomo algo rápido para desayunar y salgo hacia la dirección que Andrés me dio. Estoy un poco cansada porque no dormí bien. El señor misterioso y apasionado no dejó de visitar mis sueños.
Al llegar al edificio voy hasta el noveno piso y me dirijo a la recepcionista. A primera vista muy bien arreglada, una chica de ojos verdes, cabellos oscuros y tez blanca. Me saluda, me dice que no llegó y me indica que me siente.
Comienzan a llegar los otros empleados que saludan a la chica y atraviesan las puertas hacia los cubículos. Cerca de las nueve llega Andrés. Saluda a la señorita que me atendió y al verme me saluda con familiaridad.
-Hola, ¿cómo estás? ¿Hace mucho que esperas?
-Buen día Señor. No, no hace tanto que espero .
-Ven pasa
Me conduce por el pasillo hasta el final donde hay otra recepción con un escritorio en medio y dos puertas a los laterales. El escritorio está vacío. Al ver mi cara de curiosidad, me explica.
-Éste es el escritorio de Ana Tenía la prueba de vestido hoy temprano por lo que llegará más tarde. Esta es mi oficina- me señala hacia la puerta que está a la derecha del escritorio- y aquella es la de mi socio. Ya te lo presentaré. Pero pasa, así conversamos acerca del trabajo.
Luego de un buen rato de estar conversando sobre cuáles serán mis tareas, tocan a la puerta.
-Permiso, buen día señor Torres, ya llegué ¿Necesita algo?
-Ana. Buen día. –se le ilumina la mirada- Pasa, te quiero presentar a tu futuro reemplazo.
La chica entra. Se la ve muy bien, contenta. Es delgada, alta y muy delicada, de facciones casi perfectas. Mientras se sienta a mi lado pienso si podré ser tan eficiente y educada como ella o si para trabajar aquí es requisito indispensable ser bella. Todas las mujeres que he visto lo son. Yo no me considero tan linda.
-Buen día- me dice- Te ayudaré y te enseñaré todo lo que sé en este mes que queda. Espero sea suficiente tiempo.
-Gracias
-¿Cómo te quedo el vestido?- Andrés se dirige a ella.
-De maravilla, gracias por preguntar señor.
-Ana, Ana. Dejemos las formalidades- objeta.
-Señor, usted sabe que en el trabajo el respeto lo es todo- Sonríe y se le colorean las mejillas.
-Está bien Ana. Ella tiene que saber que sos mi prometida. Será la secretaria de Gabriel. Tarde o temprano lo sabrá.
Mi cara se congela. Ahora entiendo por qué tanto entusiasmo y felicidad cuando Andrés habla de Ana. También comprendo por qué el apuro de una nueva secretaria.
Andrés me explica que Ana seguirá siendo su secretaria y yo seré la de su socio. Él y Ana no tienen buen filin. Por eso decidieron tomar otra persona para que lo asista.
Asiento con la cabeza, al tiempo que mi curiosidad dirige mis pensamientos ¿Cómo será ése hombre para que una persona tan dulce como Ana no se pueda llevar con él? ¿Tendrá mal carácter? De seguro es una persona de avanzada edad y mal humor. Espero poder acomodarme. ¿Y si es el hombre del ascensor? ¿Cómo tratar con una persona con ésa actitud?
Ana me sonríe y me indica que vallamos a su escritorio para comenzar con el trabajo.
La mañana pasa volando. Son tantas las tareas que hay que realizar que no sé si alcanzarán las horas de trabajo para hacer todo.
-Tranquila- dice ella ante mi cara de desesperación- Al principio será un poco alocado, pero cuando te habitúes al trabajo verás que será sencillo. Vamos a comer algo, ya son la una.
Salimos del edificio, nos dirigimos a un pequeño restaurant de comidas. Nos sentamos y conversamos sobre nuestras vidas personales. Me cuenta que hace tres años que trabaja con Andrés y hace uno que comenzaron a salir. Ella es muy agradable y simpática. Me da indicaciones acerca de cómo dirigirme al otro socio, pero no me da referencias de su carácter o su persona. Sólo me dice que le tenga paciencia, que el trabajo y la paga lo valen. Agradezco la franqueza. Terminamos de almorzar y regresamos a la oficina.
Al llegar se da cuenta que Gabriel está en la oficina. Lo ve en las caras de los otros empleados. Cosa que me hace pensar nuevamente sobre éste hombre y el pavor que les causa a todos. ¿Será así para mí también? De ser así, no sé si podré soportar mucho tiempo. No soy una persona que aguante el mal trato.
Me conduce hacia la oficina de mi jefe. Me da unas últimas indicaciones y golpeamos la puerta. Siento un frío que me recorre el cuerpo y una sensación extraña por toda mi piel.
Una voz masculina y profunda contesta que pasemos.
-Buen día señor Rossi. Le presento a la nueva secretaria. Sofía. La entrenaré este mes para que me reemplace hasta mi vuelta.
Al ver la cara del hombre me quedo helada. Es el mismo hombre que estaba en el ascensor del hospital. No debería de sorprenderme pero no puedo evitar sentir escalofríos. Levanta levemente la cabeza para observarme. Sus ojos son de un verde muy profundo, su semblante es serio y su postura denota mucha confianza.
-Buen día señorita Ana- dice en un tono cortante- Déjenos solos para que trabajemos.
Ella se da vuelta, me desea suerte con un gesto de la mano y se retira.
-Siéntese- me ordena- Comenzaremos por mi agenda semanal, luego le daré mis números telefónicos por cualquier cosa y necesitaré el suyo, para los imprevistos.
Mientras habla no me mira a la cara, su tono es cortante, distante, frío. Yo solo asiento y no digo nada hasta tanto no me haga una pregunta. Estoy tan nerviosa.
-Comencemos- dice- ¿Está casada? ¿Tiene hijos?
Sus preguntas me sorprenden. ¿Qué tiene que ver mi vida personal con el trabajo? Pero ante su tono respondo con sinceridad y sin pensar.
-No señor. No estoy casada, estoy en pareja y no tengo hijos.
-¿Cuenta con disponibilidad para viajar por varios días o su pareja es un impedimento?
-No señor, no es ningún impedimento. Puedo viajar si así lo requiere- ¡¿Qué acabo de decir?!
-Bien, entonces le aviso que en algunas semanas viajaremos a Neuquén para atender unos asuntos de negocios. Si salen bien en unos días estaremos de regreso. La empresa se hará cargo de todos los gastos. Ahora revisaremos unos documentos y necesito que luego redacte unas cartas. La señorita Ana le dará los formatos y remitentes.
Después de ver distintos documentos, planillas e informes por horas, me ordena que le traiga un café. Salgo agobiada de tantas cosas y decido tomarme un momento para ir al baño. Sandra me indica dónde está el baño y ella me prepara el café para el señor Rossi y otro para mí. Hecho que agradezco.
Vuelvo a la oficina. Golpeo antes de entrar como me recomendó Sandra. Ingreso con el café. Él se encuentra mirando unos papeles sobre el escritorio. Levanta la vista, me observa. Le dejo el café frente a él. Me pasa unos papeles para que los vea. Mientras los leo siento su mirada sobre mí, observando cada gesto, cada parte de mi cuerpo. Me remuevo en el asiento.
-¿Algún problema señorita?-pregunta seguro de sí
-No señor
Cuando termino de revisar los documentos, ya son casi las siete de la tarde. Observa su reloj y al ver mi impaciencia dice
-No se preocupe por el horario, se le pagará cada hora extra que realice, al igual que los viajes, serán bien remunerados. Terminamos con el trabajo de hoy, puede retirarse. Mañana comenzaremos a la ocho en punto.
-Buenas noches señor
Ya fuera de su oficina respiro con alivio. Me relajo. ¡Dios! Este hombre es muy frío. Comienzo a caminar hacia la parada y un auto Mercedes Benz n***o se para a mi lado. El vidrio del lado del acompañante se baja y escucho una voz que me ordena que suba. No sé por qué, pero me asomo para ver quién es. Me quedo como estatua al verlo.
-Suba señorita Sofía, la alcanzaré hasta su casa. Es tarde- dice en con voz firme y decidida.
Pienso en decir que no pero mi cuerpo me traiciona y subo sin decir más que gracias. Miro hacia afuera sin mirar. Siento que sus ojos están sobre mí nuevamente, como absorbiendo cada detalle. Me pongo nerviosa y jugueteo con mi collar. Cuando le voy a indicar donde vivo se adelanta:
-Sé dónde vive señorita Sofía. Miré su formulario y su currículo. Me gusta saber con quién trabajo.
Asiento con la cabeza. Este hombre me deja sin habla. Cosa que es mucho decir.
-Me gustaría que nos tratáramos menos formal si no tiene inconveniente, la formalidad sólo la dejaremos para las reuniones y para la oficina.
-Está bien- digo casi inaudible.
-Contame Sofía, ¿De dónde conoces a Andrés?
Con un poco más de confianza en mí misma respondo:
-Mi padre y el suyo son amigos desde hace años, pero yo en realidad no conozco. Él me ofreció el empleo porque mi padre se lo sugirió.
-Y ¿Por qué aceptaste el trabajo si no lo conoces?
-Porque el anterior lo deje hace unos meses y me gustó la propuesta.
-Veo ¿Con quién vivís?
-Sola
Se hace un silencio incómodo hasta que llegamos.
Se baja. Da la vuelta por detrás del auto, abre la puerta y me da la mano para ayudarme a salir.
-Que descanses Sofía. Nos vemos mañana a las ocho.
-Hasta mañana
En mi departamento, me quito los zapatos que ya no aguanto. Tomo una ducha rápida, estoy muy cansada. Fue un día de muchos vaivenes para ser mi primer día de trabajo. Reviso el teléfono para ver si tengo mensajes de Javi. Estuve tan ocupada que ni pude revisarlo antes. Nada de él, solo uno de mi hermana que dice que llegó bien y que me desea un buen comienzo en mi trabajo.
Me acuesto y rendida me entrego a los brazos de Morfeo.
Él me toma en sus fuertes brazos, lentamente me desnuda, me va quitando una a una las prendas y me despoja de toda mi resistencia. Me besa por el cuello. Sus labios absorben el sabor de mi piel. Sus manos firmes me acarician la espalda, una baja por mis nalgas, se abre paso por mis muslos, se desliza por mi cadera, llega allí, donde es reclamada para apaciguar un poco el dolor. Estoy excitada, sedienta de atenciones. Intrigada por entrar en este juego. Se deleita con mis senos en su boca. Primero uno, luego el otro, con mordiscos suaves, besos que me consumen y succiones que replican en las terminaciones nerviosas más profundas. Su dedo se introduce dulcemente en mí. Gimo, me retuerzo, imploro por más. Mi rostro muestra una expresión de satisfacción, de confianza. Su cuerpo demuestra toda su habilidad. Se coloca entre mis piernas. Acomoda su m*****o en la entrada de mi hendidura, hinchada, húmeda, ardiente. Poco a poco me penetra. Lo recibo desesperada por calmar el éxtasis que se acumula en mi interior. Ruego que se mueva con más fuerza, lo provoco, lo aprieto con mis manos hacia mi cuerpo. Pero él sabe manejar la situación, con movimientos suaves y a ritmo lento entra y sale, torturándome. Mientras me mira se llena de mis gestos y gemidos de placer. Sabe que soy suya, que puede hacer de mi lo que le plazca. Estoy totalmente entregada a su cuerpo. El mío no se resiste, al contrario lo reclama. Mi mente no logra razonar mi pensar, solo estoy preparada para disfrutar del frenesí de sensaciones que me proporciona con tanta decisión y seguridad. De pronto el ritmo se incrementa. Estoy a punto de estallar. Mi cuerpo le dice que llega el momento culmine. Me aferro a su espalda, donde los músculos están tensos y rodeo mis piernas a su cuerpo para introducirlo más. Quiero que llegue hasta el fondo de mi vientre, lo deseo, lo necesito. En ése momento grito su nombre. Exploto. Él hace lo mismo con mi nombre en su boca.
Me despierto sudada y agitada. Mi sueño fue tal real. Al menos así lo sentí. Fue como tener sus manos sobre mi cuerpo, acariciándolo, besándolo y poseyéndolo de una manera tan carnal y posesiva que no podía resistirme. Pero el hombre en mis sueños no es Javier. No logro recordar el nombre en mis labios ni su rostro.
Voy a tomar un poco de agua para calmar las sensaciones de mi cuerpo. Vuelvo a la cama pero me cuesta dormirme. Temo volver a soñar con él, que si bien fue muy placentero es peligroso. No sé quién es el dueño de mi cuerpo en mis sueños.
La semana pasa deprisa. Aprendo a gran velocidad el trabajo y me acoplo bien con el resto. Con Ana tomé más confianza. Me aconseja sobre cómo tratar con mi jefe, que decir en las reuniones, cómo tomar nota de lo importante, qué hacer cuando este de viaje, qué llevar, cómo tratar los negocios y sobre todo dándome la seguridad de que soy la persona indicada para el puesto. No estoy muy segura de ello porque el señor Rossi es muy exigente, estructurado y formal en la oficina. Fuera es más amigable pero siempre reservado. Nadie sabe nada de su vida personal. Cosa que me llama la atención. Sobre todo que Ana no me quiera dar más información de la necesaria sobre mi propio jefe.
Viernes y penas he podido ir a ver a mi papá al hospital. A Susy la llamé algunas veces a la noche para contarle algunas cosas y ella las suyas. Lo peor es lo poco que pude ver a mi novio. Sólo una vez el miércoles que salí a una hora razonable. . Para colmo el fin de semana que podríamos salir debe viajar por trabajo. Dijo que cuando vuelva festejaremos.
Es sábado. Me quedo en la cama remoloneando un buen rato, lo necesito. El trajín de la semana me tiene exhausta. Como a las diez me levanto y voy a dar un par de vueltas con mi moto.
Mientras estoy en el centro comercial, me parece ver a alguien muy parecido a Javier. Trato de llegar hasta él pero se pierde entre la gente. Pienso que son las ganas de estar con él lo que me hace verlo en todas partes. Mejor voy a casa y arreglo con las chicas para salir. Es mi primer fin de semana desde que empecé en la oficina y quiero festejar.
Llamo a Pao y arreglo para encontrarnos en Palermo Soho. Un lugar donde se pueden encontrar infinidad de bares con múltiples estilos y boliches uno al lado del otro. Hoy pienso divertirme y dejarme llevar.
A la hora que quedamos nos reunimos, todas decidas a pasarlo bomba. Susy tenía que salir con su potencial nuevo novio y no quería asustarlo con sus amigas desequilibradas.
Entramos a un pub para hacer la previa y tomamos algunos tragos. Pao no toma alcohol por lo que siempre es ella la encargada de repartirnos a cada una hasta nuestras casas.
No sé por qué pero hoy me siento alocada y me dejo llevar por los tragos, la música y el baile. Dentro del boliche nos acomodamos en una mesa. Pedimos champagne, brindamos por mi trabajo y salimos a la pista. Estoy desatada, las bebidas me están subiendo a la cabeza. Siento que me toman la cintura por detrás. Me doy cuenta que es un hombre. Se acerca a mi oído y me dice algo que no puedo distinguir. Le sujeto las manos tiernamente, las separo de mi cuerpo y me doy la vuelta dispuesta a gritarle de todo. Pero al ver quién es me quedo dura. Es Andrés. .
-Hola, espero no haberte asustado- me grita- ¿Con quién veniste?
-¡Andrés!- respondo sorprendida- ¿Qué hace acá?
-Vinimos a bailar y a pasar un buen rato ¿Vos?
-Vine con unas amigas a festejar mi nuevo trabajo. Ana ¿Está ?
- No, ella tenía que salir con sus amigas. Podríamos tomar algo todos juntos ¿Te parece?- acepto.
-Voy a buscar a mis amigas y nos vemos en el vip.
-Ok, nos vemos allá.
¡Hay por todos los cielos! Es uno de mis jefes. ¡Y yo bailando y bebiendo como una desquiciada! Se va a llevar una imagen terrible de mí. Adiós trabajo.
Busco a las chicas, las encuentro haciendo fila en el baño. Las convenzo para ir con el grupo de Andrés.
En el baño me refresco un poco, me acomodo las mechas y vamos al vip.
Nos presentamos todos. Comenzamos a hablar de todo un poco pero nada de trabajo. Algunas de las chicas salen a bailar con dos de los chicos. Quedamos Andrés, Fernando, un amigo de él, Sole y yo. Mientras ellos dos conversan muy compenetrados, Andrés y yo hablamos un poco.
-El lunes, de esto nada a nadie, ni Ana debe enterarse.
-No te preocupes, nunca nos vimos. Aunque si estos dos terminan juntos tendremos decir la misma mentira a todos.
-Tenés razón. Se los ve muy juntitos.
-Más que juntitos, como dicen ustedes creo que Fernando está haciendo su movida.
Andrés se ríe y se da cuenta que lo que digo no falta a la verdad.
Al final de la velada, Sole y Fer se van juntos. Pao nos lleva al resto a nuestras casas y Andrés se va con sus amigos.
El domingo me despierto nuevamente sudada y agobiada por el sueño recurrente que tengo con ése hombre que no puedo saber quién es. No distingo su rostro. Solo puedo reconocer cada parte de su cuerpo, cada centímetro de su piel, sus movimientos al amar. Es desesperante e increíblemente frustrante.
Necesito relajar toda esta tensión de mi cuerpo. Mejor me voy a correr un rato por la costanera. Salgo con los auriculares puestos. Empiezo a escuchar uno de mis grupos favoritos, Babasónicos, y voy cantando la canción
No me lleva mucho llegar. Me gusta este lugar porque puedo pensar y aclarar mi mente, al tiempo que hago ejercicio.
Mientras corro siento que alguien viene atrás, a un paso más rápido, como si quisiera alcanzarme. Me doy vuelta para ver quién era. Para mi sorpresa tengo enfrente a un hombre parado y observándome. Me sobresalto. El señor Rossi.
-Espero no haberte asustado.
-No, claro que no- Si claro que sí, pienso.
-¿Qué haces sola corriendo por acá?
-Es uno de mis lugares favoritos, cerca de casa, con mucho aire puro, verde.
-¿Quieres que corramos juntos?
-Por qué no- digo. Tal vez pueda conocerle un poco más y sacarme el miedo que me infunde.
Se pone a mi lado y comenzamos a trotar. Es evidente que hace esto a menudo y que tiene un muy buen estado físico. No quiero mirar su cuerpo, pero esta tan bien formado. Todo sudado. Me incita y no lo puedo evitar. Me sorprende mirándolo. Sonríe, no dice nada. Volvemos caminando y conversamos de todo un poco. Llegamos hasta a su auto. Un precioso Camaro de 1968, azul Francia, totalmente restaurado y muy bien cuidado. Me quedo con la boca abierta, sin poder disimular mi estupefacción.
-¿Queres que te acerque a tu casa? Así podrás dar una vuelta en él- y señala al auto.
¡¿Pero qué clase de pregunta me hace?! Es más que claro que sí. Trato de bajar mi ansiedad y respondo lo más calmada posible.
-Claro, me encantaría- digo con disimulo.
Como todo un caballero me abre la puerta del lado del acompañante, luego da la vuelta por atrás del auto. Si así se puede llamar a esta terrible e impresionante máquina. Sube, se coloca el cinturón y mira si yo me lo he puesto.
Arranca, el sonido del motor es música para mis oídos. No soy fanática de los autos pero aprecio los buenos y únicos. Éste es uno de ellos. Y teniendo un padre que desde chica me llevaba a las carreras de TC los domingos, es como inevitable no apreciarlo.
Mi departamento no está lejos, por lo que llegamos bastante más rápido de lo que me gustaría. Gabriel es agradable fuera del trabajo. No puedo entender cómo hace para ser dos personas totalmente diferentes de un momento a otro.
Llegamos y se genera un silencio incómodo entre ambos. No estoy segura de invitarlo a subir a mi casa. Pero sus ojos y la postura de su cuerpo me muestran que está esperando que lo haga. Finalmente lo hago.
-¿Te gustaría subir a conocer por dentro dónde vivo?- digo sin siquiera pensar, mi boca se mueve más rápido que mi cerebro.
-No debería ¿Qué pensaran tus vecinos o tu novio si se entera?
-Nada. Todos me conocen desde hace un par de años y saben que no soy ésa clase de chica.
-Entonces acepto.
Al llegar abro la puerta. Lo invito a entrar y le ofrezco algo de tomar. Acepta. En lo que preparo las bebidas me doy cuenta que observa cada detalle de mi hogar, las fotos, los cuadros, la decoración. Se acerca a mi computadora, me mira
-¿Puedo poner música?-pregunta con calidez.
-Si claro, toma- le alcanzo el agua
Esto es raro. Mi jefe en mi departamento, poniendo música, tomando algo conmigo, como si fuéramos viejos amigos. Cambiamos algunas palabras y después de un rato, se despide y se marcha.
-Hasta mañana Sofía, gracias por la invitación.
-Hasta mañana Gabriel, gracias
-De nada. Espero que otro día se repita.
Quedo viendo cómo se va.
Comienzo mi segunda semana de trabajo, ya me estoy poniendo práctica y las cosas me salen mejor y con mayor fluidez. Lo que me permite retirarme a diario casi en mi horario, a las cinco.
El martes aprovecho a pasar por lo de Javi. Volvió por la mañana, le quiero dar una sorpresa. Tengo las llaves de su departamento. Pienso darle una sorpresa. Llego, introduzco la llave pero no abre. No sé qué pasa, de seguro se debe de haber descompuesto la cerradura. No puedo quedarme acá afuera esperando hasta que llegue, faltan dos horas. Mejor voy a casa y en el camino le mando un mensaje para que venga él a casa después del trabajo.
Son las ocho, Javier no contesta mis mensajes, lo llamo.
-Hola- contesta.
-Hola cariño, te mandé mensajes para vernos hoy y que cenemos juntos, Tengo ganas de verte.
-Lo siento hermosa, el celular no tiene buena señal. ¿No te enojas si lo dejamos para mañana? Te prometo que yo cocino para vos. Hoy estoy muy cansado por el viaje y porque fuia trabajar.
-Está bien, no te preocupes. Nos vemos mañana. Te quiero.
-Nos vemos.
Otro día sin él. Últimamente nuestros horarios y trabajos están cruzados. No es la primera vez que nos sucede. Pronto todo volverá a ser lo que era. Paciencia.
Es miércoles, en el trabajo todo va igual. Pero no fuera de él. Tengo que cancelar con Javi porque por la tarde le dan el alta a papá del hospital y debo llevarlo a su casa. Como mi hermana no está para acompañarlo tengo que ser yo la que esté con él.
Papá esta radiante y muy alegre. Lo saludo, me abraza y nos vamos. Al llegar a su casa la encuentra fría y vacía. Aunque yo pasé antes a darle una lavadita de cara y a ventilar un poco, la soledad lo abruma. Pero está feliz de estar de nuevo en su lugar. Me quedo con él a cenar.
Conversamos de todo un poco. Me pregunta por Javier, por el trabajo, por mi hermana y por Andrés. Lo veo contento y eso me pone bien. Cerca de las diez me marcho. Prometo pasar a verlo mañana después del trabajo.
La semana culmina sin muchas novedades. No pude ver a mi novio en toda la semana. Salí a correr un par de veces por la costanera con la esperanza de encontrarme con mi jefecito. Sin suerte. Pase a diario a cenar con papá. Hoy por fin es viernes por la noche. Me voy a quedar en casa a dormir hasta mañana a las dos de la tarde, realmente lo necesito. Cuando ya estoy lista para irme a la cama suena el teléfono.
-Hola
-Hola Sofi, Soy Marcelo, llegué hoy de Rio y quiero verte.
-¡Marce, qué sorpresa! Claro que sí ¿Dónde nos encontramos?
-Te espero en el bar de Carlos en una hora.
-Nos vemos allá- parece que no me acostaré temprano.
Marcelo es mi amigo desde mi primer año de la secundaria. Es realmente bueno volver a verlo. Hace un año se fue a Río de Janeiro por trabajo y desde entonces que no lo veo. Me levantó el ánimo.
Me encuentro con él donde quedamos. Carlos lo saluda con cariño y nos invita una ronda de cervezas. Durante toda la noche charlamos, nos contamos un año de cosas perdidas, tomamos varias cervezas más. Casi a las cuatro de la mañana nos marchamos. Marce me lleva con el taxi hasta mi casa, nos despedimos con la promesa de volver a vernos el sábado por la noche.
Ya en casa me recuesto en la cama y me quedo totalmente dormida. Me despierta el sonido del teléfono. No sé ni qué hora es. Miro el reloj, son apenas las nueve ¿Quién puede ser tan desconsiderado de llamar a esta hora un día sábado?
-Hable
-Sofía, soy Gabriel
-¿Gabriel? Buen día señor ¿Qué necesita? ¿Sucedió algo?
-No, solo quiero invitarte a desayunar. Estoy abajo ¿Me podes abrir?
¿Qué hago? Gabriel en mi casa un sábado temprano. ¿Qué querrá?
-Si pase- le abro
-Buen día, ¿Cómo dormiste? Te traje facturas, te toca preparar el café con leche ¿O tomas mate?
-Buen día Gabriel. Tomo lo que quieras.
-Café solo, n***o está bien.
Me dirijo a la cocina para preparar el café, él me sigue.
-No dormiste bien por lo que se puede ver.
-En realidad dormí poco.
-¿Por qué?
-Salí con un amigo que llego de Río ayer.
-¿Solos?- noto que sus ojos se abren con asombro.
-Sí, somos amigos desde el primer año de la secundaria.
-Y ¿nunca pasó algo entre ustedes?
-No. Es como mi hermano. Dormí con él abrazada, me escuchó y acompañó en cada pena que tuve, me contuvo en cada desventura amorosa. Lo quiero tanto.
-Ah- ¿Entonces son muy buenos amigos y nada más?
-Así es. Gabriel ¿Por qué la visita?
-Sólo tenía ganas de pasar a desayunar con vos. Últimamente me siento bien con vos y me gustaría que nos conozcamos mejor. Eso es todo. Además quería avisarte que en un rato viajo a Neuquén y volveré el martes o miércoles. Por lo que tengo que asegurarme que algunas cosas queden resueltas.
-¿Qué cosas?
-Cosas.
-¿Tienen que ver conmigo?
-Sí y no. Cosas del trabajo y otros temas.
-¿Como cuáles?
-Como que los próximos días estés atenta en la oficina. El casamiento de Andrés se aproxima y sé que muchas cosas pasaran a un segundo plano. También que tengas siempre el celular prendido por si necesito algo.
Es raro. No sé por qué siento que me está controlando. Como si quisiera decirme algo y no se anima.
-Sofía. Dependiendo de cómo me valla en éste viaje deberé volver a viajar a Neuquén en dos o tres semanas y necesito que vengas para ayudarme con éste negocio. Es muy importante. ¿Podrás venir en esa ocasión?
-Sí, no creo tener problemas para viajar. Ya le dieron el alta a mi papá. Eso me deja más tranquila.
-¿Y con tu pareja?
-Ya lo hablé.
-Entonces todo dicho.
Toma el café y devora una medialuna. De repente se pone de pie, me saluda con un beso en la mejilla, por primera vez. Lo que me transmite una sensación de electricidad por el cuerpo. Se marcha con cierta tranquilidad y satisfacción. Me quedo petrificada. Todo fue tan rápido que no pude despedirme. Miro el reloj, es temprano, me voy a dormir nuevamente, con una sensación de duda y confusión.
Me despierto como a las tres de la tarde, levanto la cabeza para ver a mi alrededor. Todo está tan calmo.
Susy no llamó en toda la semana. La llamo. Se pondrá feliz de saber que Marcelo volvió. Después de hablar un buen rato, de contarme de su cita, de su semana y yo de contarle de mí, quedamos para vernos. También llamo a Pao para invitarla.
Llegamos y pedimos la piza. Después de cenar, con la excusa de que me siento algo indispuesta le pido a Pao que me acompañe a casa y los dejamos solos. A ver qué pasa. Susy seguro dejará a ese otro tipo para quedarse con Marce que es un tipazo.
Son las once. Suena mi móvil. Es Javier, nada me podría alegrar más la noche. Me pide que vaya a su casa, cosa que hago encantada. Me despido de Pao y voy.
Me subo a un taxi. Llego cerca de las doce. Javier me espera con ansias. Pasamos una noche maravillosa.
El domingo lo pasamos juntos mirando pelis y disfrutando el uno del otro, pero lo noto intranquilo. No pregunto, tal vez solo me lo parece o pueden ser cosas del trabajo. Por la tarde paso por lo de mi papá para ver que esté todo bien. Javier prefiere quedarse a descansar. Tomo unos mates con mi padre y cerca de las siete me voy a casa.