Capítulo 3 Sorpresa

4690 Words
   Comienza la semana más tranquila. Gabriel no está y todos están más relajados. No entiendo por qué le temen. Si bien se muestra constantemente frío, serio, imponente y distante, es una buena persona. Tal vez porque yo lo conozco en otros ámbitos y sé que puede ser muy diferente. El miércoles por la mañana llega Gabriel a la oficina, se nota en el aire cómo todo se tensa. -Buenos días señor Rossi -Buenos días señorita Sofía. Venga a mi despacho para comenzar a trabajar, ya sabe lo que tiene que traer, hay muchos asuntos que tratar. -Si señor- digo con serenidad.    Después de estar casi todo el día encerrados trabajando, ni siquiera salimos a comer. Él pidió que nos traigan algo a la oficina. Salgo a estirar las piernas y a preparar café. Me encuentro con Ana que se retira algo apurada. La saludo y me dice que después debemos hablar. Pienso de qué será, tal vez sabe que Andrés y yo nos encontramos en el baile. ¿Estará enojada porque no le conté nada? No quiero meterme en problemas de pareja, así que le sonrió y me hago la desentendida. Se marcha y me dice que mañana en el almuerzo conversaremos.    Entro otra vez a la oficina. Después de un rato Gabriel me confirma que debemos viajar el viernes. Tengo que avisarle a Javier para que no prepare nada.    El jueves Ana me pide que almorcemos solas para charlar. Le doy gusto. Mientras nos encaminamos al restaurant comienza a contarme de su futura boda, el vestido y la fiesta. No menciona nada de Andrés ni de la salida. Estoy tan intrigada sobre la conversación que quiere tener. Sé que no tiene nada que ver con su futuro matrimonio.    Llegamos nos sentamos, encargamos la comida y cuando el mozo se retira comienza -Sofí, yo quería que habláramos de Gabriel. Como te diste cuenta, él y yo no tenemos buena relación pero es uno de los mejores amigos de Andrés y debo aceptarlo. Pero quiero que estés alerta. No es lo que parece. No sé mucho sobre él pero note que tiene un cierto interés en vos. Y cuando quiere algo no para hasta tenerlo. Sé que no soy quién para decirte esto, pero no te involucres con él a menos que estés muy segura de que eso es lo que querés. Sé que puede hacerte la vida muy difícil y que puede llevar las cosas al límite. Pensá bien cada pregunta que te hace, cada cosa que te pide, de cómo respondas dependerá cómo él actué. No le des esperanzas de nada si no querés terminar atrapada por Gabriel. -Ana, quédate tranquila. Yo tengo mis sentimientos muy claros y sé que Gabriel nunca se propasará conmigo. Sólo busca mi amistad y un buen clima laboral. -Yo ya te advertí. Queda en vos lo que suceda luego. Lo vi enredar a otras chicas, enamorarlas tanto que las ha llevado a depender de él como el aire y en ése momento abandonarlas sin más. -No creo que tenga esas intenciones conmigo. Además yo tengo una relación firme y segura que no dejaré por tener un afer con mi jefe.    Noto su impaciencia con el tema por lo que decido cambiar de rumbo. Le pregunto por su luna de miel y otras cosas del casamiento. Su cara se relaja, se ilumina y se distiende. Yo también al saber que no tiene nada que ver con Andrés y la salida.    Volvemos del almuerzo, voy a mi escritorio y termino mi día como siempre.    Por la noche Gabriel me llama para ultimar detalles de horarios y papeles para el viaje. Me habla de manera tranquila y sin insinuaciones. Ya decía yo que Ana exageraba.    Aprovecho y le dejo un mensaje a Javier en el celular avisando de mi viaje. Como no pudimos vernos esta semana ni hablar, es el mejor que nada.    Mi jefe es muy puntual. Pasa por mi casa a las ocho en punto de la mañana para emprender el viaje. Me llama a mi celular para indicarme que baje que está esperando en la puerta. Me apresuro a recoger mis cosas. Aprendí en este corto tiempo que no le agrada esperar. Me aseguro de dejar todo apagado y en su lugar. Al salir, lo veo esperando de pie junto a la puerta del acompañante del auto, la que abre al momento de verme aparecer. -Buen día Sofía ¿Tenes todo? -Buen día. Sí. Espero no olvidarme nada. Este es mi primer viaje de trabajo. -Estoy seguro que tenes todo. Sos muy organizada. Tomaremos un vuelo y en pocas horas llegaremos a destino. -Qué bueno.    El viaje hasta el aeropuerto es corto y podemos intercambiar detalles. Lo noto algo nervioso, como si algo lo preocupara, pero no pregunto.    Llegamos al aeropuerto. Después de despachar las valijas, subimos y nos acomodamos en nuestras butacas. Me toco del lado de la ventanilla y él, a mi lado. Nota mi nerviosismo, me estrujo las manos sin cesar. -¿Primera vez que volás? -Sí, ¿Tanto se nota? -Algo. Tranquila, sentirás un sacudón al principio pero luego será como estar sentado en el sillón de la sala de tu casa. Si querés podes tomar mi mano para sentirte más segura. -Gracias- me llama la atención. Nunca es tan gentil con nadie, ni siquiera con Andrés que lo conoce de años. Tal vez es para ser amable y tranquilizarme.    El avión comienza el carreteo. Tomo su mano sin advertirlo. La nave se eleva poco a poco y se estabiliza, tal como él lo aseguro. Le suelto la mano avergonzada. Sonríe por lo bajo. En lo que dura el viaje vemos algunos puntos a tratar en las reuniones de hoy a la tarde y de mañana temprano. Me distiendo, su tono es cada vez menos firme, más amigable.    El viaje solo dura un par de horas. Bajamos del avión, tomamos un taxi y nos dirigimos al hotel. Es uno muy bonito y elegante. Nos registramos, subimos por el ascensor hasta el tercer piso. Me acompaña a la puerta de mi habitación y me dice que a las cuatro tenemos la primera reunión.    Entro, me refresco tomando un baño. Tengo tiempo,  apenas son la una de la tarde. Me dispongo a cambiarme para ir a comer algo, la panza me hace ruido. Tengo hambre. Alguien toca a la puerta. Abro sin darme cuenta que solo tengo una toalla envuelta en mi cuerpo. Es él. Al verme sus ojos brillan y se iluminan. Entra sin esperar que lo invite, cierra la puerta sin decir nada. Avanza hasta el sillón que se encuentra a un lado de la cama. Observa la ropa que está sobre ella y se sienta. -Vine a buscarte para ir a comer algo. Veo que ya estas casi lista.    Me ruborizo al darme cuenta que solo llevo una toalla y debajo de ella mi piel desnuda. -Sí, me estaba por vestir- digo tratando de ocultar mi vergüenza. -Pues, adelante, acá te espero- clava sus ojos en mí y se acomoda como quien está esperando que comience el espectáculo.    Agarro la ropa que está sobre la cama y me dirijo al baño. Me pongo lo que tengo preparado, arreglo un poco mi pelo y me perfumo, No me maquillo, eso no va con mi estilo. Salgo más cómoda, aunque me dura poco. Al abrir la puerta él sigue ahí, sentado con su pie derecho sobre la rodilla izquierda, en una postura que indica que tiene todo bajo su control, que está muy seguro de sí. Hecho que hace que mi seguridad se valla por los caños. Al verme salir se pone de pie avanza hasta la puerta de la habitación y me espera. Tomo mi cartera, me pongo unas botitas, me dirijo a la puerta. La abre y me deja pasar primero. Sale, coloca la mano derecha sobre mi cintura y me guía hacia el ascensor. Siento el calor de su mano en mi cuerpo y me estremece la sensación. Al subir dice: -Estás muy linda, ese color te sienta bien.    Roja como un tomate le agradezco.    Bajamos, nuevamente pone su mano en mi cintura. Me siento algo intimidada, no sé por qué, ya hemos tenido encuentros amistosos, pero noto cierta incertidumbre. Nos anuncia en la puerta y un mozo nos acompaña hasta la mesa que está reservada. Nos sentamos y sin mirar la carta ordena para los dos. -Espero no te moleste, pero ya ordené para ambos, estoy seguro que te gustará. -Gracias- digo, después de todo la cuenta la paga su empresa, aunque me gustaría una buena milanesa con papas fritas y una coca helada. Sé que mi menú de seguro no será el que comeré hoy, ni que esté disponible en tal lujoso hotel. -Los empresarios con los que nos encontraremos más tarde son muy especiales y familiares. Por lo que no es necesario que te vistas formal. Podes ir más cómoda- lo dice mirando mi atuendo, un pantalón de vestir azul oscuro y una blusa de seda cremita con unas botitas claras. -Está bien, estoy cómoda con lo que llevo- le digo.- Nunca me pondré algo con lo que no esté a gusto. -Cómo gustes. La reunión será en una casa cerca de la montaña, como estas lista solo tengo que subir a buscar los documentos y nos iremos después del almuerzo.    Llega la comida. Nos traen liebre patagónica con papas noasette y una salsita. Para tomar un vino de la zona, que si no me equivoco al probarlo, pasarlo por la boca y degustarlo en mi paladar es un cabernet sauvignon, Ventus, bodega del fin del mundo. -Excelente vino, una bodega de la zona muy buena. -¿La conoces? -Sí, tengo algunos parientes acá. Cuando vengo a verlos me doy una vueltita por las bodegas de la zona, son realmente buenas. También aprovecho, les llevo algunos a mi papá y a mi novio.    Al pronunciar a Javier, noto que su mandíbula se tensa, y su semblante se endurece. -Debes de quererlo mucho a tu padre- evita nombrar a Javier. -Sí, es un gran hombre.    Me limito a contarle poco sobre mí, creo que mientras mantenga mi vida personal alejada de la laboral será mejor, pero me doy cuenta que de a poco usa estrategias que le permiten conocer más sobre mí y yo menos sobre él. Demás está decir que preguntarle algo personal es un poco suicida, ya que no me atrevo. No tengo la confianza ni la osadía para tal cosa. Mientras que él no se intimida para preguntar lo que quiere saber sin la menor vergüenza. -¿Cuánto hace que estás en pareja? -Dos años casi. -No piensan formalizar por lo que veo- dice con mucha seguridad. -Sí, más adelante, cuando las condiciones sean propicias. -Entiendo- sus facciones se suavizan ¿Qué es lo que entiende? Porque yo no entiendo a qué se refiere. Mi imprudencia me lleva a preguntar sin pensar o tal vez sea que el vino se me está subiendo a la cabeza y me desinhibe -¿Tenés pareja? -No -¿Por qué?- insisto- ¿No existe la mujer ideal? -Porque la mujer ideal para mí en este momento se encuentra en pareja con alguien más. Pero pronto se dará cuenta que ella merece algo mejor y será mi oportunidad de tenerla- Aclara con total seguridad.    Me quedo sin habla, por lo que sigo comiendo. Pero mi curiosidad me puede y vuelvo a indagar -O sea que vivís solo- afirmo. -Sí, de momento. -¿De momento?- inquiero -Sí, ya te lo dije, hasta que ella se mude conmigo. -¿Tan seguro está que será así? -Siempre obtengo lo que quiero. Podes tutearme. -Veo- recuerdo las palabras de Ana.    Continuamos con la comida, pero pedí una botella de agua, sino terminare mareada y aún tenemos que ir a la reunión de negocios. No quiero hacer papelones y perder mi trabajo.    Al retirarnos los platos le pide al mesero el postre para ambos. Nuevamente elige por mí. No sé si conoce mis gustos o simplemente considera que lo que a él le gusta debe de gustarle a todos. No replico, cualquier postre me gusta.    Terminamos, nos levantamos, saluda con un gesto de cabeza al mesero y nos retiramos sin pagar. Al ver mi cara me aclara que todo lo agregan a su cuenta. Me avergüenzo por pensar mal y me ruborizo.    Me pide que lo espere en recepción mientras sube a buscar los documentos.    Mientras lo espero observo el lugar. Es realmente hermoso, con mucho lujo y todos los materiales de calidad. Estoy muy entretenida mirando hacia el exterior por los ventanales cuando siento que posa su mano en mi cintura. Su calor se está volviendo agradable o el vino me sensibilizó.    Me indica que salgamos. Hay un auto esperándonos. Saluda al chofer y me abre la puerta trasera para que ascienda. Él lo hace del otro lado. Durante el viaje no dice nada. Lo siento impaciente. Casi llegando a la casa, habla: -Sé que lo que te voy a pedir suena loco, fuera de lugar y que no tenemos la confianza necesaria aún, pero necesito que para que éste negocio se realice te hagas pasar por mi prometida- Me mira expectante- Si no querés no te obligaré- continúa- Tampoco pienses que si no lo haces te despediré. Eso no sucederá. La verdad es que son muy tradicionalistas, y no sé por qué loca razón sólo realizan negocios con personas que estén casadas o por hacerlo. Llevo un par de años tratando de negociar y de trabajar con su cartera de clientes, sus productos y contactos harán crecer significativamente nuestra empresa. Pero como yo no me encuentro dentro de sus marcos de exigencias para los negocios, sólo me brindan concejos y afecto.    Me quedo atónita, jamás se me hubiese ocurrido tal petición. -Necesito una respuesta- insiste -Está bien- respondo sin medir la magnitud de la situación y algo apabullada. -Gracias. Prometo no propasarme y tratarte como si de verdad fueras mía.    Llegamos a la entrada de la casa. Es realmente bonita. Es una mansión enorme, con bellos jardines, un camino de la entrada hasta la puerta de la misma. Todo con una frondosa arboleda. Todo muy bien cuidado y conservado.    El auto se estaciona justo enfrente. El chofer baja, me abre la puerta y me ayuda a salir. Al hacerlo está Gabriel esperándome. Me toma de la cintura, con actitud posesiva y me encamina hacia la entrada en donde están los dueños de casa esperándonos con una gran sonrisa. -Recuerda, eres mi prometida. Dejame a mí responder todo cuanto a lo que a nosotros se refiere. -Está bien- respondo nerviosa. Temo no hacer bien mi papel y que perder el negocio. -Hola querido ¿Cómo estás? Tanto tiempo sin vernos, nos tenes abandonados. -Hola mamá. No hace tanto tiempo.    Me quedo pasmada en el lugar ¿Mamá? ¿No que eran unos amigos? ¿Por qué me mintió? ¿Por qué no decirme la verdad? ¿Qué otras sorpresas me tendrá preparadas? -Papá, te presento a Sofía mi prometida. -Mucho gusto- le digo y extiendo la mano para saludar más repuesta -¡No sea tímida! ¡Vení! ¡Dame un abrazo! ¡Pronto tendrás que llamarme suegro! -Si querida, pasa. Tenemos mucho de qué hablar. Hay que conocernos bien, Gaby lleva semanas hablándonos de vos.    Sin poder evitarlo en mi cara se refleja la sorpresa. -¿Semanas hablando de mí? -Si querida, lo tenes loco.    Me rescata de los brazos de su madre tomándome por la cintura y me lleva hacia él. -No la apabullen. Va a salir espantada y esta vez no será por mí- me mira y me sonríe.    Nunca lo había visto sonreír hasta ahora. Es evidente que quiere impresionar a sus padres, pero no entiendo por qué. Ah, sí, el negocio. ¿Será eso realmente?    Caminamos hasta un elegante salón, decorado de manera exquisita. Hay unos sillones color marfil y una mesita ratona frente a una tradicional chimenea. Mientras vamos entrando observo las fotos familiares. Veo una de ellas con atención. Son cinco personas de las que logro reconocer a la mamá, al papá y a Gabriel. Supongo que los otros dos, aparentemente, son sus hermanos más grandes.    Nos sentamos en los sillones para conversar mientras una muchacha nos trae el té con unas masitas. Después de un rato de intenso interrogatorio hacia mí, decide que ya es suficiente. -Ven amor. Vamos a nuestra recámara para acomodarnos y refrescarnos un poco. Más tarde bajamos a cenar- me toma de la mano y tira de mí hacia unas escaleras.    Escucho que su madre alcanza a decir: -La cena se sirve a las ocho. No se retrasen.    Subimos por la escalera hasta el primer piso, aunque ya no nos ven, no me suelta la mano. Abre la puerta de la tercera habitación y me deja entrar primero. -Aquí dormiremos hoy. -¿Juntos?- digo con sorpresa. -Sí. Se supone que sos mi prometida. No te preocupes, no pasará nada, pero sí deberemos compartir la cama. Conozco a mis padres. Para confirmar que no miento son capaces de escabullirse por la noche dentro de la habitación para ver que estamos durmiendo en la misma cama. -¿Por qué no me dijiste que eran tus padres? -¿Eso hubiera cambiado en algo tu respuesta a mi propuesta? -De seguro que sí. -¿En qué cambia que te hagas pasar por mi prometida delante personas que fueran mis amigos o que fueran mis padres? No conoces a ninguno de ellos, por lo que no hay diferencia. -Si la hay. Al menos para mí. Jamás le mentiría a mi padre. -No sabes por lo que tengo que pasar. -Si me lo explicaras podría cumplir mejor mi rol. -No es necesaria más información de la que ya tenes. Si todo sale bien no necesitaré volver a ponerte en esta situación.    Lo noto más tenso de lo normal. Comienza a desvestirse frente a mí. Se saca la camisa, los zapatos y voltea para verme. Me pongo más roja que un tomate. Al ver mi reacción se dirige al baño. -Me daré una ducha, cuando salga ultimaremos detalles.    Asiento con la cabeza. -Podes elegir ropa de aquel guardarropa. Seguro encontrarás algo que te quede para la cena.    Cierra la puerta.    Me encamino hacia el guardarropa. Abro la puerta y veo el sueño de toda mujer. Hay vestidos, zapatos, carteras, polleras, blusas hermosas y todo de marcas reconocidas. Mientras recorro las prendas con las manos, las veo y no puedo evitar preguntarme de quién será todo. No creo que su madre guarde aquí sus prendas. Además por lo poco que pude observar no son su estilo. Llevo un largo rato mirando cada prenda. Decido que no tomaré nada. No quiero usar cosas que pertenezcan a otra mujer. No entiendo por qué no me avisó que nos tendríamos que quedarnos a pasar la noche. De ese modo me hubiese traído mi propia ropa. Mientras estoy absorta en mis pensamientos, Gabriel se acerca por detrás y se para justo atrás mío: -¿Ya elegiste algo?    Me sobresalto -Sí, nada de lo que hay aquí. -¿No te gusta nada?- me dice sorprendido. -Sí, todo es muy bello pero pertenecen a alguien más, y no me gusta usar cosas ajenas. -Todo lo que ves aquí está nuevo. Nadie lo uso y no le pertenece a nadie. -Alguien debió de haber comprado todo esto- le indico con una mano la ropa. -Sí, yo. No se hable más como no elegís lo hago yo. Toma.    Me da un vestido de color rosa pálido, con breteles finos, largo hasta las rodillas y algo ajustado al cuerpo con unos zapatos con taco blancos. -De seguro estarás cómoda con todo- Me indica el baño.    Me siento como una criatura pequeña a la que le ordenan qué hacer. Bastante mal humorada me meto en el baño cerrando la puerta. Me desvisto, preparo la bañera y me sumerjo en el agua caliente. Cierro los ojos y me relajo. Pienso en calmarme un poco. Me pregunto por qué acepté está loca propuesta. Luego de un rato el agua comienza a enfriarse. Abro los ojos y me encuentro con los de Gabriel que me observan hambrientos. Me paralizo. Es el efecto que me causa su mirada, tan penetrante y dominante. Alcanzo a balbucear algo -¿Qué necesitas? -Nada -¿Qué hace acá? -Tardabas demasiado y como no me respondiste cuando golpee la puerta, decidí entrar para ver si estaba todo bien. -¿Y lo está? -Sí, veo que si- desliza sus ojos por mi cuerpo, el que ya casi no está cubierto por la espuma- Todo está muy bien.    No sé por qué pero no siento vergüenza, sino un fuego que se enciende por dentro y me calienta. -¿Necesitas algo? ¿Qué te traiga algo?- pregunta -No gracias, ya salgo.    Espero que se retire, pero no lo hace, por el contrario, me acerca un toallón abierto, esperando para envolverme en él. Me pongo de pie, salgo de la bañera, le doy la espalda y acepto que me envuelva con la tela en sus brazos. Inspira mi aroma. Cierra los brazos y siento como todo su cuerpo se tensa a mí alrededor. Sé que me estoy metiendo en un gran problema, pero estoy como hipnotizada por su presencia. -Te dejo para que te vistas. Te espero afuera.    Me suelta y se va. Me quedo con el cuerpo encendido, la piel me quema y mis entrañas pidiendo que las calmen. Inspiro con fuerza y comienzo a secarme, me visto, me peino y salgo a la habitación. Él está sentado en una silla que está al lado de la cama. Me observa como un depredador a su presa. Siento que mi cuerpo se desarma de deseo. Como también siento el suyo.    Se pone de pie, me muestra los documentos y me invita a revisar los últimos detalles. No puedo concentrarme. Su mirada sobre mi cuerpo, el aroma de su piel, su cercanía me están volviendo loca de deseo. Para calmarme un poco me pongo de pie con los papeles en la mano y camino, como si los estuviese leyendo, pero en realidad es para alejarme un poco, para respirar, para que no escuche los latidos ahogados de mi corazón y no perciba el fuego de mi cuerpo. Me vuelvo, lo miro y le aseguro: -Ya está todo listo, podemos bajar cuando quieras. -Sofía. Es necesario que me trates como tu prometido. De lo contrario esto no resultará y ya es demasiado tarde para arrepentirse. -Disculpa, es que me cuesta. Hace dos años que estoy con mi novio y no puedo ponerte en ese lugar. -Piensa que soy tu novio. Así te será más fácil. -Lo intentaré- me encantaría, pero ¿quiero? -Gracias. Tomaré todos los recaudos para que te sientas cómoda conmigo.  Ahora bajemos a cenar y luego hablaremos de los papeles.    Esto se está tornando peligroso y no quiero quemarme en este juego.    Al llegar al comedor, todos me sonríen con ternura. Me tratan como si fuera de especial. -Querida, vení. Sentate junto a mí así podemos conversar de cosas de mujeres y ellos de sus asuntos. -Gracias señora. -Llamame Norma, a secas y a mi esposo José. Pronto serás parte de la familia. Dejemos las formalidades. -Gracias Norma.    Durante la cena Gabriel no me quita los ojos. Sus padres nos observan. Yo más nerviosa casi no pruebo bocado, aunque todo está delicioso, mi estómago está cerrado. Después del postre, el que sí comí, nos dirigimos a las sala para tomar un café y donde Gabriel habla con su padre sobre los papeles que revisamos antes. Estoy atenta a cada palabra, pero Norma me distrae. -Decime Sofía ¿Dónde se conocieron? Busco su mirada para que me saque del apuro pero está muy concentrado discutiendo algunos términos por lo que me veo obligada a responder. -En la oficina, soy su secretaria. -¿Y cuánto hace que están juntos? -Unos dos meses, casi- lo miro nuevamente. Él que ni siquiera se percata del interrogatorio. -¿Cuándo piensan casarse? -Aún no lo sé, no hemos tenido tiempo para hablar de ello. Es un tema delicado y es muy pronto. -Ya lo creo, a Gabriel le cuesta asumir compromisos. Siempre huye. Por eso nos sorprendió que nos contara de vos. Fue toda una sorpresa. Después de su última relación seria, sólo tuvo aventuras. -¿Por qué dice que huye de los compromisos? -No te asustes. Seguro no te contó nada de su compromiso anterior, pero faltando pocos días para su casamiento, anuló todo. Sin dar ninguna explicación. Así como así abandonó todo y se fue a Buenos Aires a trabajar. De esto ya pasaron tres años. -No, no me contó nada. Igual lo único que me importa de Gabriel es el presente y el futuro juntos. -Se nota que lo querés. Lo puedo ver en tus ojos.    Me sonrojo, hecho que a Gabriel no le pasa inadvertido. Comienza a prestar atención a la conversación y declara -Ella es el amor de mi vida. No tengo dudas. -Por eso, dado lo que acabas de decir no habrá problemas para que firmes los documentos- dice su padre- Las cláusulas son claras, cuando se casen todos los negocios y contactos de mis empresas pasarán a ser tuyos.    Mi cara se transforma. Me pongo pálida. Siento que me mareo, Gabriel al verme se acerca me rodea con los brazos para confortarme. -Fue un día muy largo, el viaje, la presentación a la familia. Todo esto hace que esté muy cansada- dice mientras me ayuda a levantarme- Vamos, amor, vamos a descansar un poco. -Sí, vallan a descansar. Mañana será un día nuevo y podremos hablar de los detalles del compromiso.    Me descompongo peor. El estómago se me revuelve. Esto se nos va de las manos.    Subimos al cuarto, me ayuda a sentarme sobre la cama y me da un vaso de agua. Luego me explica que no tendremos que casarnos, que ya veremos cómo saldremos de esto, que es sólo hasta que consiga la firma de su padre en los documentos.    Estoy tan perdida en mi propia cabeza que no me doy cuenta que Gabriel me está desabrochando el vestido y comienza poco a poco a desvestirme. Reacciono cuando siento sus manos en mis hombros. Lo miro a los ojos, Veo el deseo en ellos, pero no se atreve a tocarme ni a acercarse más, se aleja y va al guardarropas. Vuelve con un camisón el que pone en mi mano. -Cambiate. Te ayudo a ir a la cama.    Pienso cómo hace para controlarse. Yo estoy que ardo. Creo que si me roza solo un poco me abalanzaré sobre él como una fiera para calmar el fuego dentro mío. Tengo que resistirme a ese cuerpo que me provoca y me llama a saciar mis instintos más bajos; y me distrae de lo realmente importante. Creo que es mejor que me ponga el camisón estos días y que, mientras este con él, no duerma solo con mi tanga como hago siempre Creo que eso sería una motivación difícil de resistir para ambos.    Termino de cambiarme y lo encuentro al pie de la cama. -Vení que  te ayudo a meterte en la cama, yo me acuesto del otro lado. -Gracias. -¿Cómo te sentís? -Mejor gracias.    Se acuesta a mi lado, con cuidado de no tocarme. Yo me acurruco, pero no puedo dormir, toda la información que obtuve hoy me da vueltas en la cabeza. Su casamiento pospuesto, los documentos, las cláusulas, su cuerpo pegado al mío, su calor, todo. Siento que su respiración se relaja. Me doy vuelta para mirarlo dormir. Se ve tan tranquilo, tan relajado, tan sexi. Mejor me acuesto de nuevo antes que haga algo de lo que me arrepienta. Trato de pensar en otra cosa, en Susy, tengo que llamarla mañana para contarle todo. En mi papá, también tengo que llamarlo para saber cómo esta y a Javier, hace días que no sé nada de él.    Me duermo de espaldas a Gabriel.
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