Por la mañana me despierto con su brazo que envuelve mi estómago, no me muevo para no despertarlo. Golpean la puerta, es Norma que nos llama para que bajemos a desayunar. Entra sin esperar a ser invitada y nos observa. Como ninguno de los dos se mueve, sale despacio y cierra la puerta. Gabriel entre dormido me aferra más a su cuerpo. El mío se estremece al sentir su erección en mi espalda. Mi piel se eriza, al igual que mis pezones, mi vientre se contrae con una sensación que me quema. Gabriel comienza a moverse inquieto, se despierta. Siento que contempla la situación y se retira muy despacio, para que yo no me despierte. Así que finjo estar dormida. Se levanta despacio para ir al baño. Luego de un rato sale, se acerca a mi lado para observarme. Retira el pelo de la cara y me acaricia la mejilla. Me remuevo un poco, se separa de golpe. Comienza a llamarme para que me despierte.
-Sofía. Levántate. Es hora de que bajemos a desayunar. Nos esperan- dice despacio y con suavidad.
Abro los ojos y lo veo vestirse. Esta de espaldas hacia mí, así que aprovecho para apreciar su cuerpo. Me levanto, voy al baño, me saco el camisón y abro la ducha. Cuando estoy por entrar a la tina, entra sin golpear.
-¿Qué haces?- recorre mi cuerpo desnudo con la mirada.
-Podrías golpear- le digo y trato de cubrirme los pechos con mis manos.
-No podes bañarte ahora es tarde. Vestite y bajemos a desayunar.
-Lo hago rápido. No puedo funcionar bien si no comienzo el día con una ducha.
Me contempla un instante.
-Está bien, pero rápido- su gesto se endulza.
Como no se retira le digo:
-Ok ¿Te vas a quedar para controlarme?-digo algo abrumada.
-Te espero afuera mientras te preparo algo de ropa.
-Gracias.
Me ducho súper veloz. Salgo envuelta en la toalla. Trato de pasarme mis cremas lo más rápido posible. Al salir del baño encuentro en la cama una muda de ropa compuesta por un jean azul, una remera ajustada, ropa interior y zapatillas. Miro alrededor para buscar a Gabriel. No lo veo. Decido sacarme la toalla para vestirme. Todo me queda perfecto, como si me lo hubiese comprado yo. Me miro en el espejo, creo que estoy genial. Salgo del cuarto, bajo las escaleras, al llegar al comedor Gabriel me sorprende tomándome de la cintura. Me lleva hasta la mesa y frente a sus padres me da un beso delicado pero luego, el beso se vuelve apasionado. Primero resisto un poco pero después me dejo llevar. Su lengua se entrelaza con la mía en una danza de pasión. Recorre cada recoveco de mi boca, acaricia mi lengua y saboreo su dulce sabor. Me quedo sin aliento, mi cuerpo se estremece. Puedo sentir que el suyo también y al finalizar el beso, nuestros ojos se quedan fundidos, sin poder registrar lo que ocurre alrededor. Después de un rato volvemos en sí, me abraza mientras me dice al oído.
-Gracias.
Le sonrió y me ruborizo, no sé por qué no puedo controlar eso de mí y comienzo a jugar con mi collar.
Desayunamos sentados uno junto al otro, con su mano apoyada sobre mi falda. Hecho que no pasa desapercibido para nadie. Después salimos a caminar. Llevo mi celular para llamar a mi papá y a Susy. Al prenderlo veo que tengo un mensaje de Javier. Lo abro feliz y leo:
“No sé cómo decirte lo que me pasa, pero estoy confundido. Conocí otra persona y quiero que nos tomemos un tiempo. Me gustaría decírtelo en persona, pero las cosas se dan así. El tiempo que estamos separados nos ayudará a aclarar nuestros sentimientos. Perdóname. Hablaremos cuando vuelvas”
Mis ojos se llenan de lágrimas, se me aflojan las piernas y caigo de rodillas. Se apresura a sostenerme. Lo noto nervioso, no sabe que me pasa y yo no logro articular palabra. Mi llanto no me lo permite. Toma mi teléfono y lee el mensaje de Javier. Me abraza fuerte y lloro en sobre su pecho. Noto que su cuerpo se tensa, siento su bronca, pero estoy muy dolida para ocuparme de él, ni siquiera puedo pensar claramente.
Cuando me tranquilizo, me consuela diciendo que él no me merece, que hay otro hombre que de seguro me hará feliz, que sólo tengo que darme tiempo, que todo pasa. Quién mejor que él lo sabrá, que dejo a su futura esposa a días de su casamiento y se marchó, de manera aún más cobarde, sin dar ninguna explicación. Lo obligo a separarse de mí. Pienso que él es igual que Javier, usan a las mujeres para sus propios fines y después las abandonan sin importar los sentimientos de ellas.
-Dejame, estoy bien- lo aparto
-Pero...- no entiende que me pasa, me mira perplejo.
-Estoy bien te dije, no me toques.
Me levanto, seco las lágrimas con mi puño y sigo caminando de manera enérgica para alejarme de la casa. Necesito estar sola para pensar. Necesito aclarar mis pensamientos. Gabriel camina cerca de mí, sin decir nada, noto su ansiedad. Paro de golpe, volteo y le digo:
-No más mentiras.
-¿Qué?- se sorprende.
-No quiero seguir con esto. No puedo. No sé qué hacer. Me siento una estafadora.
-No podes decir la verdad justo ahora. Te comprometiste. Te di a elegir y elegiste mentir.
-No sabía lo que hacía.
-Todos sabemos lo que hacemos y por qué lo hacemos-. Yo lo hago por mi empresa, para salvarla. Vos ¿Por qué lo haces?
-No sé- le grito- No lo sé.
-Sofía .Sé que estas herida por ese idiota pero yo no soy como él y no tengo nada que ver en todo eso, no podes faltar a tu palabra.
Me siento en el suelo con las piernas flexionadas, las abrazo y meto la cabeza entre ellas. No quiero saber nada del mundo, porque mi mundo se desmorona tan rápido que siento que estoy cayendo al vacío.
Gabriel me observa sin decir nada. Solo está junto a mí, acompañándome. Después de un rato, me ayuda a levantarme y me lleva de regreso para escoltarme hasta la habitación. Se acuesta conmigo envolviéndome en un abrazo, acariciando mi pelo con suavidad. Así me duermo en su pecho.
Me despierto con un dolor terrible de cabeza,. Tengo los ojos hinchados de tanto llorar. Gabriel sigue a mi lado acariciando mi mejilla al tiempo que pregunta:
-¿Cómo te sentís?
-Mejor, gracias -respondo más repuesta
-Mientras dormías hable con mis padres y les pedí que no nos presionen con lo del matrimonio. Prometieron no mencionar nada, y también respaldarme con mi empresa.- Me toma la cara con su mano izquierda para que lo mire a los ojos- Todo gracias a vos.
No respondo, no tengo fuerzas, ni ánimo. Sólo quiero volver a mi departamento para recomenzar mi vida o mejor dicho encerrarme como el caracol en su caparazón y llorar.
Es sábado por la noche y Gabriel insiste en que salgamos a despejarnos. Le doy gusto, me levanto, me cambio. Esta vez elijo qué ponerme. Una pollera ajustada negra hasta las rodillas y una blusa de gasa del mismo color que deja entrever mi sostén. Gabriel se sorprende al ver mi atuendo, pero no dice nada. Salimos a tomar unos tragos. Si bien no soy de beber, hoy quiero y necesito ahogar las penas. Llegamos a un pub en el centro. Está repleto de gente. Nos acercamos a la barra y pido un destornillador.
-¿Estás segura de querer ese trago?- me dice
-Sí, quiero algo fuerte para empezar a olvidar las penas.
-Cómo gustes, pero no comiste. Pedimos algo para que no te emborraches.
Estoy tan suelta, tan enojada que no temo enfrentarlo. Él siente mi bronca y no objeta. Por primera vez lo veo como realmente es, sin esa máscara que se pone a diario para intimidar a todos, para no dejar que nadie se le acerque.
-Como quieras- digo mientras me siento en un taburete. Él pide algo para comer al tiempo que mi trago llega.
Comienzo a bailar, a tomar y a subir el calor de mi cuerpo. Cerca de las tres estoy muy alegre, en realidad muy bebida. Me abrazo a él y le bailo de manera muy sugestiva. Gabriel decide que es momento de irnos. Pide un coche, me sube y me lleva de regreso al hotel. Me ayuda a entrar a mi cuarto. Trata de acostarme pero me paro para ir al baño. Muy caballero me acompaña y espera en la puerta. No entra. Salgo camino como puedo hasta la cama mientras él me sostiene. Cuando me sienta de nuevo sobre el colchón para acostarme, paso mis manos por su cuello, acerco mi boca a la suya y lo beso. Él no responde a mi beso. Entonces me retiro un poco. Lo miro con curiosidad. Aún estando algo ebria puedo ver el deseo en sus ojos. Vuelvo a besarlo, pero esta vez con más pasión. Se resiste pero en pocos segundos se deja llevar. Lo atraigo hacia mí para que me cubra con su cuerpo. Nuestro beso se vuelve más profundo, más salvaje. Nos incorporamos de golpe. Se retira de mi lado diciendo que no está bien esto. Que no quiere aprovecharse de mí. Pero yo estoy tan decidida a que esto suceda, que insisto tomando sus labios nuevamente. No puede resistir. Sé que me desea tanto como yo. Con manos torpes le desabrocho el pantalón, que él se saca en un movimiento rápido. Luego me quita la falda poniendo sus manos en mi cadera y deslizándola hasta que la prenda cae al piso. Me desabrocha uno a uno los botones de la blusa y la abre para besar la base de mi cuello. Me acomoda en la cama, me mira, como pidiendo permiso. Asiento, no sé si es por el alcohol que tengo encima o porque de verdad lo deseo. Se acomoda sobre mí, pone sus piernas entre las mías, sus manos me acarician cada parte de mi cuerpo, sus labios húmedos sobre mi piel me estremecen. Me besa la base del cuello y va bajando hasta mis pechos. Se detiene, me quita el sostén, y comienza a jugar con mi pezón izquierdo. Lo lame, lo chupa, lo muerde, lo estira y lo suelta ocasionando que entre mis piernas se humedezca. Luego le dedica el mismo tiempo a mi pezón derecho. De nuevo una ola de calor se extiende por mi vientre. Lentamente baja con un camino de besos hasta mi monte de venus. Lo muerde por encima de mi diminuta prenda y yo me retuerzo. No puedo verlo pero siento su media sonrisa de lado sobre mi piel, como orgulloso de lo que sus atenciones me causan. Introduce los dedos por el borde del elástico de mi ropa íntima y la desliza hacia abajo. Levanto un poco las piernas para ayudarlo y se queda contemplando mi desnudes. No siento vergüenza, más bien me siento atrevida. Se quita lo que le queda de ropa. Observo su cuerpo con hambre. Su erección me tienta a lanzarme sobre él, tomarlo y metérmelo en la boca. Ve mis intenciones y comienza a subir por mis piernas con besos delicados. Cuando llega a mis muslos me da un leve mordisco que me hace saltar. Sigue su camino hasta el centro de mi intimidad y una danza se desarrolla con su lengua en mi clítoris, mientras un dedo se introduce en mí. Lo mueve adentro y afuera. Dejo escapar un gemido suave. Elevo las caderas para sentir mejor. Estoy totalmente entregada a él. Coloca sus manos debajo de mis nalgas, como si fuera una fuente de la cual va a beber y comienza a chuparme, lamerme y a hacerme el amor con su diestra lengua. Me aferro con fuerza a las sábanas. No puedo controlar el frenesí de placer que se dispersa por todo mi cuerpo. Al ver que me humedezco más, sabe que estoy por explotar y mi clímax no se hace esperar. Llega con movimientos bruscos de mi vientre.
Satisfecho sale de entre mis piernas y con una regadera de besos va subiendo por mi cuerpo hasta mis labios. Me besa con hambre y siento el sabor de mi propio deseo. Se acomoda entre mis piernas y me mira con ojos encendidos. Me penetra con una lentitud torturante. Las paredes de mi v****a lo aprietan para que no salga. Me sonríe al tiempo que comienza a moverse en círculos. Con los brazos apoyados a los lados de mi cuerpo puede apreciar todas mis expresiones de placer que refleja mi rostro. Poco a poco vuelvo a sentir ése fuego y la urgencia de calmar el deseo creciente. Gimo con los labios apretados, lo abrazo y clavo mis dedos en su cuerpo. Sus movimientos se intensifican. Mientras me habla, sus palabras me calientan aún más.
-Si Sofía, dame todo de tu cuerpo.
-Sí, tómalo, tómalo- digo en susurros como pidiendo más
-Quiero escuchar como disfrutas, quiero sentirte, quiero que te llenes de mí.
Me besa con pasión, como si quisiera saborear cada parte de mi boca, tomarla y dejar a la vez su sabor en ella. Estoy tan excitada que ya no puedo contener mi orgasmo. Me tenso, me sacudo. De mi boca salen sonidos ahogados. Sus caderas se mueven más dominantes, más exigentes por recibir mis jugos.
-Vamos mi reina, dámelo, quiero que explotes conmigo como no lo hiciste nunca. Quiero que te des cuenta que sos mía.
-Más fuerte, no pares, por favor, no pares -susurros apenas audible.
-No puedo controlarme más, me excitas tanto que es difícil contenerme.
Me quedo por unos segundos con todo el cuerpo tenso, sintiendo sus embestidas profundas y un huracán se despliega por dentro y me lleva al orgasmo más pleno que jamás haya experimentado. Junto a mí también puedo sentir que Gabriel explota. Nos quedamos mirándonos unos segundos. Luego me besa suave en los labios y se acuesta a mi lado, saliendo de mi interior. Me abraza, besa mis ojos, la nariz, el mentón y los labios.
-Gracias- me dice- Por dejarme amarte.
-Gracias a vos. Nunca tuve una experiencia tan intensa.
-¿Con tu ex no sentías así? -Sonríe socarrón
-No, siempre es…- me quedo pensando- Era-corrijo- más por su placer que por el mío.
-Yo solo quiero darte placer a vos. Llenarme de tu esencia
-Gabriel no quiero arruinar el momento, pero...
-Sshh, no digas nada.
-No. Yo no soy de tener relaciones pasajeras o de momento.
-Lo sé. Vení, recostate en mí y descansemos un rato. Mañana será otro día.
Hago lo que me pide y casi de inmediato me duermo sobre su pecho. Su cuerpo me acoge y me da una sensación de seguridad.
Por la mañana, me despierto con calor. Estudio la situación. Estoy de lado con Gabriel pegado a mi espalda. Su mano izquierda me sujeta atravesando mi pecho. No quiero moverme para no despertarlo. Mi mente repasa lo sucedido. Me quedo helada. No puedo creer que me acosté con mi jefe ¿En qué mierda estaba pensando? El dolor de cabeza me lo recuerda.
-Buenos días reina, ¿Dormiste bien?- dice
-Buenos días. Si muy bien ¿Y vos?- digo algo tímida.
-El mejor descanso desde hace años.
Me gira para que yo quede boca arriba con su brazo tomando mi cintura. Él se acomoda apoyando su cabeza sobre su brazo derecho flexionado. Me observa con ternura. Me siento pequeña ante sus ojos. Se aproxima, me besa la nariz y luego los labios, con un beso suave.
-Necesito ir al baño- digo nerviosa.
Me suelta para dejarme salir de la cama. Desnuda me dirijo al toilette. Hago mis necesidades. Comienzo a lavarme los dientes y salgo envuelta en una toalla. Me mira extrañado pero no dice nada. Puede apreciar mi vergüenza. Sin decir nada se levanta, pasa junto a mí y se mete en el baño. Mientras yo me cambio. Al salir me informa.
-Vamos a dejar el hotel para pasar las próximas dos noches en la casa de mis padres. Así que recoge todo, cuando estés lista me avisas y nos vamos. Voy a mi cuarto a buscar mis cosas y paso por vos- su tono se volvió más seco, frío-
-Está bien. Pero necesito que hablemos de...
Pero no me deja continuar, se acerca, me toma con una mano por la cintura y con la otra sujeta mi rostro. Me besa dulcemente y se va. Me quedo allí parada sin saber cómo reaccionar.
Nos vamos a la casa de sus padres. En el auto de su familia que vino a buscarnos. En el trayecto me toma de la mano y me la aprieta como queriendo infundirme seguridad. Lo miro. No sé qué pensar ni que sentir Estoy en un torbellino de sentimientos, rabia, ira y desilusión por lo de Javier. Pero también se despiertan sentimientos de afecto y confusión por este hombre tan hermoso a mi lado.
Llegamos, nos están esperando con los brazos abiertos. Norma me dedica una sonrisa y me acompaña al interior de la casa.
-Me siento feliz que puedan pasar unos días con nosotros, en familia.
-Gracias por recibirme.
-Hay linda. ¿Cómo no hacerlo? Sos la persona que hizo que mi hijo vuelva a creer en el amor. Lo veo en sus ojos cuando te mira. Está loco por vos.
-No creo que sea tan así. Hace poco que estamos juntos- me ruborizo.
-Conozco muy bien a Gabriel y sé cuándo algo le interesa y lo quiere para sí. Yeso mi cielo sos vos. Al igual que puedo ver en tus ojos el amor que sentís por él. Aunque trates de no demostrarlo. Pronto no podrás evitarlo.
¿Qué dice esta mujer? ¿Yo enamorada de Gabriel? Evidentemente soy buena actriz, me sale bien el papel de prometida. Así que decido pasar estos días lo mejor posible, disfrutando de todas las atenciones que pueda recibir. Ya veré cómo continúo cuando vuelva a la realidad en mi hogar.
Los siguientes días Gabriel no menciona nada de nuestro encuentro. Yo tampoco. Me trata con dulzura y paciencia. Delante de sus padres somos la pareja perfecta pero cuando estoy lejos de sus miradas me siento triste y muy dolida. Él puede notar mi sufrimiento por lo que respeta mis silencios.
Mientras estoy aquí puedo conocer algunas cosas más sobre él. Sus cambios de ánimo. Estudiar sus gestos. Sacarle poco a poco más información. Cada vez me convenzo más de que es un buen hombre. Nos sentamos a conversar y a conocernos de poco a poco. Nos queda poco para volver.
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Narrador Omnisciente
Sus dedos decididos escriben el mensaje y lo envía de una vez. Dejarla así no es la mejor manera pero ya no hay vuelta atrás. Se tiene que terminar. Ella no está cerca, ni lo atormenta con sus mensajes, lo que le permite pensar con claridad. Él quiere terminar con toda la farsa. Ya van casi dos años y sabe que no la ama. Pero llegó a conocerla bien. Es una buena persona, con un alma sincera e inocente, pero eso no le alcanza para seguir fingiendo en la cama. Como la última vez, mientras la penetró puso en su cabeza las imágenes de esta otra mujer, la que es su verdadero amor. Le puso a su rostro el de aquella que lo lleva hasta la locura de hacer lo que le estaba haciendo. La amó con deseo, se lo hizo como nunca antes, le dio placer sin preocuparse por el suyo, le entregó todo de sí.
Todo por complacer a esa mujer que ama de verdad. Por darle lo que su amor más anhela: poder y riqueza. Él haría hasta lo impensado para que su amada fuera feliz y lo amara. Aunque últimamente no lo ha conseguido. Buscará otra forma. Ya no quiere aprovecharse de esa joven. Quiere amar y tomar a una sola mujer. Quiere dejar de ocultar lo que siente.
La puerta se abre, alguien entra, lo observa, mira el móvil en sus manos.
-¿Qué hiciste?
-Terminé con ella de una vez. No quiero seguir con esto.
-¡¿Estás loco?! Ella es la llave a nuestros sueños.
-No. Ése es tu sueño, el mío sos vos.
-Ya cumpliste tu sueño. Ayúdame a cumplir el mío.
-No, por favor, ya no puedo verla. Me siento un estafador, no puedo continuar. Sólo quiero estar con vos.
-¿Pensás que para mí es fácil? ¿Fingir ser su amiga y escuchar cuánto te ama, escuchar cómo planea la vida junto a vos y simular felicidad por ella? Pues no, no lo es. Pero todo es por un buen fin. Cuando ella trajo esa joya avejentada a la joyería para que la valuara, pude darme cuenta que no tiene idea de su valor. Por eso le mentí y no dejé que nadie más la viera. Esa joya vale millones. Si la podemos tener, yo tengo un coleccionista que pagará lo que nos merecemos y por fin podemos ser ricos. Sé que lo que te pido es muy arriesgado y pones mucho en juego pero lo vale. ¿No crees?- lo acaricia con ternura.
Sus palabras y gestos lo convencen. Tratará de remediar lo que hizo, sólo por ella. Su amada Susana.
Se sientan en el sofá. Él la mira con amor. Ella está concentrada en armar una estrategia que revierta la situación. Tendrá que hablarle ella misma. Consolarla y aconsejarle que no lo deje ir. Convencerla que es el amor de su vida. Hacerle entender que tal vez la distancia que se fue instalando entre ellos lo ha hecho sentirse solo. No es culpa de nadie, sólo de las circunstancias. Sí, ella resolverá todo. Ella hará todo cuanto esté a su alcance para lograr su objetivo. Mientras tanto colmará de besos y amor a su amado, en tanto ella está lejos, muy lejos.