Por fin llego a casa. Es martes por la tarde. Llamo a mi papá para ver cómo van las cosas, luego a Susy y Pao. Les cuento con dolor que Javier me dejo y la forma cobarde que lo hizo. No les digo nada de lo que pasó con Gabriel el fin de semana, prefiero hablarlo en persona, pero sólo con Pao. Ella es más crítica y sincera. Mi amiga de toda la vida.
Miro el celular y quiero llamar a Javier para que hablemos cara a cara pero no estoy segura de ser fuerte para afrontar lo que me diga. Le mando un mensaje diciendo que quiero hablar con él, que ya volví del viaje, que me llame. No me contesta. Me deprimo. Pero al instante me enfurezco. Será cobarde.
A la tardecita Pao pasa por casa. Hablamos un buen rato. Pedimos una pizza y seguimos con la charla. Le cuento lo que pasó con mi jefe. Qué siento por él, cómo me siento con él y todo lo que hice, sin detalles íntimos. También hablamos sobre Javier y la forma miserable de terminar la relación. Mis lágrimas comienzan a asomar por mis ojos. Ella me dice que no vale la pena ponerme así por un hombre que ni siquiera tiene la delicadeza de enfrentar una ruptura de manera decente. Sé que tiene razón, pero en estos casi dos años él lo fue todo para mí y no me hago a la idea de seguir sin él.
Son las nueve de la noche, suena el teléfono.
-Hola reina.
-¿Gabriel? Hola ¿Pasa algo?
-No, sólo quería saber cómo te encontrás.
-Bien, mi amiga Paola vino a verme y a hacerme compañía.
-Está bien. Es bueno que tengas amigas que te apoyen- noto cierta tristeza en su voz.
-Si es una gran amiga. Gabriel quisiera que hablemos de lo que sucedió éste fin de semana- digo tratando de enfocarme.
-Lo sé. Mañana después del trabajo vamos a un café y conversamos sobre lo que quieras.
-Gracias por tu comprensión y apoyo.
-Te dejo para que sigan con sus cotorreos de mujeres. Nos vemos mañana.
-Hasta mañana- pongo cara triste.-Cuelgo el teléfono y mi amiga me mira fijo.
-¿Qué?
-Ese hombre te gusta y no sé por qué loca razón no querés tener algo con él.
-Es mi jefe y recién termine una relación. No quiero involucrarme con alguien sin haber cerrado del todo lo anterior. No es justo para ninguno de los dos.
-Estas en lo cierto, pero yo no dejaría pasar una oportunidad como esta.
Pao se va como a las diez. Me quedo sola, pensando en lo que me dijo. Lo de no perder la oportunidad. Mañana hablaré con él y veré que es lo que se propone, así sacaré mis propias conclusiones.
Llego temprano a la oficina, como siempre. Hoy decidí que para sentirme mejor conmigo misma me vestiría más femenina. Por lo que me puse un hermoso vestido cremita al cuerpo y unas lindas botas altas de taco y me maquille un poco para tapar las ojeras. Tomamos unos mates con Sandra hasta que comienzan a ingresar los demás. Me voy a mi escritorio. Enciendo mi computadora y comienzo a revisar los mail. Gabriel llega, me saluda con toda formalidad y me pide que vaya a su despacho.
Él entra primero y segundos después lo hago yo. Me sorprende tomándome por la cintura, me aferra contra su cuerpo y me besa con locura. Me toma por sorpresa. No puedo resistirme a sus besos, son tan apasionados. Al culminar el beso me dice que me extraño y que necesita besarme, devorarme y tenerme. Lo entiendo, cuando lo tengo cerca siento las mismas necesidades.
Cierra la puerta con llave. Me levanta en sus brazos y me lleva hasta el sillón de cuero que está cerca de la ventana.
-Voy a hacerte el amor acá y ahora.
-Pero estamos en tu oficina, alguien puede entrar- estoy atónita, la seguridad en sí mismo me avasalla.
-Puse llave y nadie se atrevería a entrar sin mi permiso.
En eso tiene razón. Nunca nadie entró a su despacho sin su autorización.
-Gabriel tenemos que hablar.
Me mira. Estoy parada frente al sofá. Mi cuerpo no me responde. Estoy paralizada. Me abraza y me besa nuevamente, al tiempo que sus manos bajan el cierre de la espalda de mi vestido, lo desliza por mis brazos y cae al piso. Quedo expuesta frente a sus ojos. Su mirada recorre mi figura y veo cómo un bulto crece bajo sus pantalones. Sus manos empiezan a recorrer mis brazos. Llegan a mi cuello y me sujeta la cara. Invade mi boca con la suya. Su lengua se enreda con la mía y el beso se vuelve salvaje, desesperado. No puedo resistirme y me dejo hacer, necesito sentirlo. Con impaciencia me desabrocha el sostén, me lo quita y me pide que me siente. Como siempre respondo a cada una de sus peticiones. Se sienta a mi lado y empieza a besar mis pechos con ahínco. Con una mano se desabrocha el pantalón y en un movimiento ágil se lo quita junto con los calzoncillos. Queda desnudo de la cintura para abajo.
-Levántate -ordena
Me paro poniéndome frente a él. Me besa el vientre y me quita la única prenda que tengo.
-No te quites las botas. Quiero que me montes con ellas puestas.
Estoy tan caliente que sin pensarlo me empalo en su pene. Estoy tan lista para recibirlo que entra en mí sin dificultad.
-Siempre estás tan mojada y dispuesta. Te veo y en lo único que puedo pensar es en estar así, adentro tuyo. Me calentás tanto que no puedo contenerme. ¿Qué me hiciste?
-No sé, pero cuando te tengo cerca siento lo mismo.
Me sostengo por el respaldo del sofá y empiezo a subir y bajar lentamente, mientras mis pechos quedan justo frente a boca. Lo incito a que los chupe. Me enloquezco. Mis movimientos se hacen más frenéticos y me muerdo el labio para no gritar. Puedo ver en su rostro la desesperación y el placer que le causo. Con un movimiento rápido me levanta, me pone de pie y me ordena
-Arrodíllate en el sofá, abre las piernas y sujétate del respaldo.
-¿Así?- dijo entre gemidos y me pongo como me pidió.
-Sí, te ves tan tentadora, que quisiera morderte ese hermoso culito.
Nunca lo había escuchado tan desenfrenado y eso me calienta hasta el exceso.
Se ubica entre mis piernas y me penetra con una embestida profunda y certera. Gimo y ahogo un grito. Me toma por las caderas con una mano y con la otra sujeta mi pelo dominándome por completo. Su ritmo se vuelve más rápido y descontrolado.
-Vamos Sofía, quiero oírte gritar de placer. Quiero tus gemidos en mis oídos.
Yo solo puedo cerrar los ojos, apretar los labios y ahogar los gritos.
-Quiero que grites Sofía, quiero que explotes con mi nombre sobre tu boca- dice y sus movimientos se tornan frenéticos.
-Hazlo o me detengo -Asegura
-No, por favor- suplico- No puedes para ahora.
Mis entrañas están que hierven y el clímax está tan próximo que no quiero que pare.
-Entonces deja que te escuche, tus gemidos me excitan tanto.
Y cuando no puedo más y me entrego al estallido de mi cuerpo, digo entre gemidos su nombre, y él explota dentro de mí. Se recuesta sobre mi espalda y luego me llena de besos. Se retira lentamente y me da un pañuelito para que me limpie. Yo lo agarro, me limpio y comienzo a vestirme.
-No te vistas, quiero apreciar tu cuerpo. Vení.
Me toma la mano y se sienta de manera que quedo sobre su falda. Apoya su cabeza en mi pecho e inspira profundo.
-Sofía, sé que esto es muy apresurado, pero quiero que de verdad seas mía. Desde el momento que te vi en aquel ascensor quede prendado por vos. Al principio pensé que sería pasajero, pero luego al tenerte tan cerca, trabajando a mi lado, me fui encaprichando más. Hasta que sucedió lo del fin de semana. No sabía cómo responder a tu asalto. Pensé en detenerme, no estabas actuando con claridad, pero tus labios sobre los míos, tu piel pegada a la mía nublaron mi juicio y caí en la tentación. Al otro día comprendí que estabas arrepentida, pero ya mis sentimientos se habían afirmado. Después de no verte por un día me di cuenta en lo locamente hechizado que me tenés, y hoy al verte tan linda, sexi y con ese vestido mis instintos no me dejaron pensar, solo actuar. Perdóname si te atropello con todo esto pero necesito saber qué es lo que sentís y si estas dispuesta a continuar conmigo.
-Gabriel, en verdad no sé qué hacer. Me gustas, de verdad que sí. Pero acabo de terminar una relación de mucha dependencia por mi parte. Reconozco que siempre fui yo la que puso todo de sí para mantener la pareja con Javier, por eso me cuesta tanto dejarlo ir y no quiero lastimarte. De momento sólo te puedo ofrecer esto. Encuentros que nos llenen a ambos, e ir de a poco.
-No puedo exigirte nada, y si esto es lo que me puedes dar por ahora, lo quiero. Sé que dejarás atrás esa relación y me querrás a mí como no quisiste antes. Haré todo lo que esté a mi alcance para lograrlo.
Toma mi rostro y me besa. Me suelta y me deja ir.
-Tengo que almorzar con alguien y me llevará toda la tarde. Así que podes irte temprano.
-¿Querés que te acompañe?
-No, está bien. A ella no le gusta que vaya acompañado.
-¿Ella?- no sé por qué una punzada de celos se presenta en mí.
-Sí, es un clienta. No la conoces.
No sé por qué, pero sentí curiosidad y cierto apremio en el pecho.
-Está bien.
Me levanto de sus piernas, recojo la ropa y me visto. Él hace lo mismo. Luego salgo del despacho y lo dejo solo, sentado frente a su escritorio, en una actitud pensante.
Después de un rato, me repongo, golpeo la puerta y entro.
-Pasa. ¿Qué sucede?
-Son las doce treinta, ¿A qué hora tenés el almuerzo?
-Ya me voy, estoy guardando unos papeles.
-De verdad ¿No querés que te acompañe?
-Está bien, gracias. Prefiero ir solo.
Se levanta del asiento, rodea el escritorio y su mirada se clava en mí. Puedo ver la duda en sus ojos, me besa suave en los labios dulce para luego desaparecer.
-No te olvides de dejar todo listo para la junta de mañana temprano. Adiós.
-Lo dejaré todo listo. No te preocupes.
Puedo notar la desilusión en su voz y en su forma de expresarse. Tal vez esperaba mucho más de esto que nos pasa.
Salgo temprano como Gabriel me autorizó. Quiero aprovechar para pasar por lo de Susy. Me gustaría su punto de vista. Ella siempre fue muy sentimental y tiene una visión en estos asuntos como nadie.
Voy caminando hasta su casa que no está lejos de la oficina. Llego hasta el edificio a punto de cruzar la calle para ir hasta la puerta y la veo salir con un hombre de la mano. Éste la detiene en la puerta, la toma por la cintura, la atrae hacia él y la besa apasionado. Me pongo contenta por ella. Por fin tiene un hombre que le dará lo que necesita. Me acerco un poco sin que me vean. No quiero interrumpirlos, pero quiero ver bien su rostro. Éste la suelta y se da vuelta. Me quedo helada. El corazón se me comprime y siento un dolor terrible en el pecho. Veo su rostro, el mismo que tantas veces vi yo. También así de cerca como ella ahora. No puedo creer que sea él, Javier.
Me quedo en el lugar. Dura. Parada en el borde de la acera.
Susy me ve y se congela. Lo que hace que él mire hacia donde ella enfoca sus ojos. Me ve, la suelta y se encamina hacia mí. Con lágrimas que nublan mi visión hecho a correr. Doblo en la esquina y sigo corriendo sin dirección fija. Él me sigue de cerca pero se detiene al darse cuenta que no me alcanzará. Entro en un negocio de ropas para escabullirme. La señora me ve y me pregunta si me siento bien, respondo que no con la cabeza. Le doy mi celular y le pido que llame a Pao para que me venga a buscar. La mujer asiente y llama.
En poco rato aparece mi amiga y me lleva a su casa.
Allí me consuela. No me pregunta nada, solo me sostiene y me deja desahogarme.
Me quedo dormida en su cama de tanto llorar.
Al otro día le pido a mi amiga que avise al trabajo que no puedo ir, que estoy descompuesta. Ana toma la llamada y se preocupa. Más tarde me llama para ver cómo me encuentro. Pao le resume lo ocurrido. Ana le dice que me tome unos días, que ella me cubrirá con el trabajo, que descanse para volver el lunes. Le avisa a Gabriel sobre mi ausencia sin darle detalles por mi estado. Solo que estoy enferma. Éste se preocupa y de inmediato llama a mi celular. No respondo. No tengo ganas ni ánimo de hablar con nadie, menos de dar explicaciones.
Por la tarde Pao pasa por mi casa a buscar algo de ropa para mí. No quiero quedarme sola en mi departamento. Eso me deprimiría mucho más. Se encuentra con Gabriel en la puerta. Me está esperando hace rato, como no contesté ninguna de sus llamadas se preocupó y quería verme. Pao se sorprende de encontrarlo dentro del edificio, sentado en la puerta de mi casa.
-Hola ¿Necesitas algo?
-Hola, soy Gabriel ¿Vos?
-Soy Paola. –De inmediato sabe de quién se trata
-¿Sos la amiga de Sofía, la que estaba con ella la otra noche?
-Sí ¿Cómo sabes?
-¿Dónde está? Quiero hablar con ella.
-Ella ahora no está bien. Necesita tiempo para reponerse.
-¿De qué? ¿Está enferma?
-Ana no te lo contó, ¿verdad?
-¿Contarme qué?
-Vení pasa. Mientras agarro unas cosas para la Flaqui te cuento.
Pao se hace con algunas prendas y le cuenta todo lo sucedido. Gabriel se enfurece.
-Vamos te llevo hasta tu casa y luego me llevo a Sofía.
Pao al ver su determinación acepta sin decir nada. Después le pondría los puntos sobre las íes, cuando las cosas se calmasen un poco. Pao no es alguien a quien se le ordenan las cosas, más bien se le obedece.
Llegan. Estoy recostada en la cama. Gabriel avanza con seguridad hasta mí. Se acuesta a mi lado y me abraza con fuerza. No protesto, me dejo confortar por sus brazos.
-¿Por qué no me llamaste? ¿Sabes que hubiera venido en el momento?
-No sabía qué hacer. Pao es siempre mi guarida y mi amiga más fiel.
-Está bien, calmate- me acaricia la cabeza.
Mis ojos comienzan a llenarse de lágrimas de nuevo. Tengo los ojos colorados he hinchados de tanto llorar. Me seca las gotitas que corren por mis mejillas con su mano.
-Vení. Vamos. Yo me encargo de cuidarte.
-No quiero que me tengas lástima.
-Sofía, no es lástima, ya te dije lo que siento por vos. Quiero cuidarte.
-Sofía anda con él. Estoy segura que encontrarás más seguridad y respuestas que acá. Además sabes que Susy y Javier vendrán. Es el lugar al que siempre recurres ante una crisis.
Tenes razón- dijo cabizbaja. Me levanto y dejo que Gabriel me lleve.
Luego de media hora de viaje, tal vez más, llegamos a una estancia, a las afuera de la ciudad. No sé muy bien cómo es porque mis pensamientos me tienen lejos.
Se detiene frente a la puerta de una casa imponente, me ayuda a bajar y entramos.
-Bienvenida a mi hogar.
-Gracias por traerme.
-No me agradezcas, para mí es un placer.
Me lleva hasta un cuarto en el primer piso. Es hermoso, amplio y acogedor. Me ayuda a recostarme y se acuesta a mi lado, sin tocarme. Sólo me mira.
-Necesito que me abraces. Necesito tu calor.
Me estrecha entre sus brazos con actitud posesiva. Su calor me da cierta sensación de alivio, pero no puedo dejar de pensar en la traición de ambos. Más en la de Susy, y mis ojos se humedecen.
-No llores, no vale la pena. Descansa un rato. Voy a preparar algo para comer.
-Gracias.
Me besa la frente, los ojos, la nariz y se detiene antes de besar mis labios, decide darme un beso en cada mejilla y se va.
Me quedo allí acostada, en esa enorme cama, me siento tan indefensa. Odio sentirme así vulnerable. No puedo resistir estar sola, así que me levanto y bajo a buscarlo. Desciendo por las escaleras. Miro hacia ambos lados y escucho ruidos a la derecha, así que voy para ése lado. Camino un poco sin prestar atención a nada. Llego a una cocina muy grande y súper equipada.
-Hey ¿Qué haces acá? Deberías estar descansando.
-No quiero estar sola, me siento mal.
-Vení, sentate- me señala un taburete- Preparo unos fideos con salsa. Espero te gusten.
-No tengo hambre, gracias
-Pero tenés que comer algo. Probalos.
-De acuerdo- tomo el tenedor que me pasa, están muy ricos.
Me siento en una banqueta alta junto al desayunador y me coloca un plato de pastas humeante delante, se ve muy rico, aunque tengo el estómago cerrado, pruebo unos bocados para no ser desagradecida. Continuamos la cena en silencio. Yo estoy tan sumergida en mi mente que no advierto que Gabriel me observa hasta que mis ojos se cruzan con los suyos. Veo en ellos desesperación y ansiedad. Me levanto, me acerco y lo abrazo por la cintura apoyando mi rostro sobre su pecho.
-Gracias por estar a mi lado y por no aprovecharte de la situación.
-En verdad estaba pensando cómo aprovechar la situación pero ahora que me agradeces creo que es mejor no hacerlo- me sonríe y yo igual.
-¿Querés que veamos alguna película?
-Por qué no, me ayudará a distraerme.
Juntamos los platos, dejamos todo en la pileta de la cocina y me lleva de la mano hasta la sala en donde hay un televisor, unos sillones, una enorme biblioteca que ocupa toda una pared y una mesita entre otras cosas.
-¿Qué querés ver?
-Nada que me haga llorar.
-Entonces algo que te haga reír.
Busca en internet y pone Shrek. Lo miro sorprendida.
-¿Qué? Me gusta y no te hará llorar.
Sonrió y nos acomodamos en frente a la tele. La peli termina, y yo estoy de mejor ánimo. Empezamos a charlar de tonterías, hasta que Gaby me dice que ya es tarde y tenemos que ir a dormir. Me acompaña hasta el cuarto donde dormiré hoy. Me entrega una colcha y se despide con un beso dulce en los labios. Al cerrar la puerta siento un vacío y una angustia que me oprime el pecho.
Abro la puerta y escucho que dos puertas más al fondo se cierra otra. Me cambio, con una remera y descalza me dirijo hacia ella. Golpeo y sin esperar a que me dé permiso ingreso. Lo encuentro frente a la puerta llevando sólo los pantalones puestos, descalzo y el torso desnudo. Sin darme cuenta separo los labios y la boca se me seca. Su mirada es de sorpresa.
-¿Qué sucede? ¿Necesitas algo?-dice sorprendido.
-No quiero dormir sola ¿Puedo?
-Sí claro, vení- me sonríe.
Me pasa la mano para que la tome, me lleva hasta un lado de la cama. Corre las sábanas y me ayuda a entrar. Me arropa, deja un beso en mi frente y se va del otro lado de la cama. Veo que se quita los pantalones y se mete en la cama. Se acerca, me ayuda a acomodarme en su pecho y cierra los ojos.
Mis sueños son tormentosos, me veo llorando y dos personas se ríen y se burlan de mí. Me siento pequeña, indefensa, asustada. Comienzo a correr pero no logro moverme del lugar. Ellos siguen allí acosándome y exigiéndome algo que no alcanzo a oír. Me despierto sobresaltada y agitada. Siento que ajusta su cuerpo al mío. Me quedo quieta y trato de volver a dormir. Me cuesta..