El día de la recepción llegó. Me preparo me pongo el hermoso vestido que Gabriel me regalo, azul noche, largo hasta los pies, con pronunciado escote en la espalda, de una seda tan suave que me eriza la piel. Haciendo juego un chal de encaje muy delicado y unos zapatos al tono. Me hago un peinado recogido, me maquillo un poco y salgo al encuentro de él, que me espera afuera de mi cuarto. Al verme se queda sin habla. Doy una vuelta para que me vea bien, como no dice nada pregunto: -¿Qué tal me queda el vestido?- sé qué le causo. -Estás encantadora, pero estás mejor sin él y en mi cama. -¡Gabriel! -Perdona, no puedo contenerme al verte tan hermosa. -Gracias. Sé que lo dices con sinceridad. -¿Vamos?- me pasa el brazo para que lo tome. Bajamos las escaleras, subimos al coche que nos es

