Tin Tin borró las palabras y comenzó a escribir el alfabeto. —¿Qué está diciendo ahora? —Ese es el alfabeto. Creo que te va a enseñar… —¡Calogo! —gritó alguien. Giramos las cabezas para ver a Ukaron acercarse por el camino. Dimos un brinco. Agarré la mano de Tin Tin para levantarla, y pisoteé las letras que Tin Tin había escrito. Ukaron se dirigió hacia nosotros, con la cara desfigurada por el odio mientras me miraba. —¿Qué crees que estás haciendo, muchacho? —le gritó a Calogo. —Es mi culpa —dije—. Estábamos… —Cierra la boca, esclava. Habla solo cuando te hablen. Lárgate de aquí. ¡Ahora! —Pero Calogo no… —¡Fuera! —Ukaron levantó el bastón como si fuera a pegarme—. La próxima vez que te pille aquí abajo, le diré a Hannibal que me estás causando problemas otra vez. Te atará a un á

