El beso parecía interminable, pero ninguno de los dos se cuidó de ello. James se sentía eufórico y lleno de deseo, sus manos recorrían con avidez el suave contorno de la figura femenina haciendo que ella suspirara casi continuamente mientras enredaba sus dedos en el cabello masculino. James se separó de ella y la miró con ternura y pasión, y ella le sonrió con los mismos sentimientos, sus labios volvieron a unirse y esta vez ella se pegó de él y aunque lo sintió de nuevo, esta vez no se asustó ni se separó aunque unas alarmas le sonaban como a lo lejos en su cerebro. Frases como: ¿Qué estás haciendo Sharon? ¿Por qué estás cediendo a lo que nunca quisiste hacer antes? ¿Quieres ser una cualquiera? ¿Qué piensas que dirá tu padre? resonaban en su cerebro junto con otras igual o más severas q

