—Volvemos a vernos, Lea.— abrió los ojos, ya no estaba sumergida en un pozo helado, estaba frente a una chimenea candente y acompañada. —¿Elaia?— esta era la vez que más dudaba, el deseo de encontrarle a su lado era tan inmenso que parecía confundir cualquier sombra con la suya. —Eso se lo dirás a todos.— rió aquel hombre apuesto.— Querida, estás helada. Ven conmigo.— Lea aún estaba intentando convencerse de que no conocía a aquel joven que la envolvía con un cálido abrazo y una colcha. —¿Quién sois?— al fin se armó de valor para apartarse. —No actúes como si no lo supieras, mi pequeña.— sus sospechas no hacían más que confirmarse.— Solo nos hemos visto una vez, pero no soy alguien fácil de olvidar. —Satanás.— dejó escapar tres sílabas entre sus labios temiendo cada una más que la ant

