—Nunca imaginé verla así —soltó el irlandés aguantando la risa—. Es gracioso y adorable; causa ternura. —Los estoy escuchando —informó Ría con los ojos cerrados—. No me he dormido; solo estoy agarrando fuerza para enderezarme y sacarme las malditas botas. Ambos hombres rieron. Cada uno tomó un pie, soltaron las hebillas, aflojaron los cordones y sacaron los zapatos con delicadeza; Ría llevaba unas medias de seda de color piel. Gimió casi sexualmente cuando sintió sus dedos liberados. —Gracias… —soltó con una sonrisa y se enderezó. —Vamos a ayudarte con la ropa para que te acuestes a dormir la borrachera —indicó Connor. —¿Me vas a desnudar, Duendecillo? —le sonrió coqueta. Connor no pudo evitar reírse del tono. —No estoy tan borracha como piensan. —Ría… —amonestó Aaron—. Farfalla, p

