Tras una discusión con Ría mientras el italiano se duchaba, se decidió que él los iba a dejar en sus respectivos sitios. No escuchó razones sobre que ella podía tomar un Uber o un taxi, nada de que Dennis podía ir por ella y mucho menos el cretino de Robert. Él había tomado la responsabilidad de llevarla a su casa en vez de a su apartamento y la iba a dejar en la puerta de su edificio cuando salieran; era su última palabra. —Y si me sigues jodiendo —amenazó con una sonrisita maliciosa en los labios—, te llevo hasta la puerta de tu departamento tomaditos de la mano. La disputa fue bastante amistosa; todo fue más en onda de chistes y puyas insidiosas. En más de una ocasión tuvo que hacer un enorme esfuerzo para no reírse, sobre todo cuando veía las muecas de ella para no hacer lo mismo. E

