Connor estaba ansioso, él pudo notarlo con facilidad. Sin embargo, no era una ansiedad mala, la palabra correcta era estimulado. Ría había jugado sus cartas de forma experta; ella, casi de inmediato, supo poner incómodo al rubio para luego llevarlo al punto que quería. No podía negarse, sentía admiración por ella. En cuanto a él, estaba supremamente excitado, así que cuando el irlandés le propuso ir al bar de siempre a beber un par de tragos más, no lo dudó. Dos whiskys de su parte y cinco cervezas para el rubio; después, la situación no había mejorado. —Deja de mirarme así —pidió Connor con voz ronca. —Mirarte, ¿cómo? —preguntó el italiano, haciéndose el desentendido. —Como si quisieras comerme en este instante —soltó en un susurro ronco. Ambos rieron. Estaban achispados, emocionado

