Messina dejó de pensar, y mientras Connor se abalanzó sobre el cuerpo de Ría y empezó a besarlo y a acariciarlo, soltando pequeños gruñidos de desesperación, él solo atinó a sacarse el pantalón y dejarlo en el suelo abandonado junto a su ropa interior. Se sentó a los pies de la cama, mientras el rubio iba llevándola al lecho para ponerla al alcance de ambos; solo que él tuvo una idea mejor, una idea caliente que no pudo evitar llevar a cabo. La tomó de la cintura y la sentó sobre sus piernas, dejando que su cuerpo mirara hacia el frente. Con una mano la aferraba del cinto, mientras suspiraba por el movimiento acompasado de las caderas de la mujer, que buscaba acariciar su pene erecto con sus nalgas. Retiró el cabello de su espalda, regó besos y mordiscos por toda la piel de los hombros y

