Observaba su celular con fiereza, decidiendo si iba a hacer la llamada o no. Sabía que con mujeres como Savannah todo tendría un costo; lo que no lograba dilucidar era cuál sería para él, porque era evidente que no la estaba llamando por otra cosa sino por el número de teléfono de Ría, o de ser posible su dirección. Había tenido una idea: sorprenderla en su casa con Aaron y unas pizzas que ellos llevaran, todo informal, de carácter ameno, una demostración de que ambos querían ser amigos y que no todo iba de sexo, como seguro pensaba ella. No es que Ría esperase algún tipo de relación romántica por parte de ellos; era ridículo creerlo en ese punto. Pero sí quería que fueran amigos, y que luego, más adelante, cuando ella tuviese confianza en ellos, fuesen algo más. —¡Dios! ¡Dame una maldi

