En realidad, no se sorprendió cuando Robert apareció en su puerta el miércoles al mediodía; habían estado mensajeándose y conversando en plan de amigos desde la tarde del almuerzo. Rob se volvió mesurado, se había dado cuenta de que entre ella y Aaron había algo que no lograba dilucidar, e iba despacio, rodeando lentamente el tema. No había cejado en su intento de acercarse con intenciones poco amistosas; de vez en cuando dejaba caer algún comentario sobre lo divertido que sería salir una noche, ir por unos tragos. Ría sabía que tenía razón, Robert era divertido, más si dejaba de lado la actitud de increíblemente atractivo prepotente millonario que adoptaba la mayoría del tiempo y que con ella no funcionaba. Sabiendo esto, el mayor de los herederos O'Brien optó por una estrategia distinta

