46. La única cosa cierta entre tanta mentira era que se quería morir y se odiaba por haber sido demasiado débil para dejar que saliera de su boca, eso y… lo otro… Aceleraba con ganas, mientras entraba en el pulpo de la autopista con dirección a casa. Estaba sonando todo el tiempo el maldito celular. Lo tomó con una mano, y se fijó: Eran diez llamadas de nuestro padre, cinco mensajes de voz de Brad, y un montón de súplicas de Camilo. Lo dejó caer en el asiento del copiloto y continuó. No podía darse el lujo de contestar a ninguno de los tres. Nunca en su vida había sido tan solicitado por nadie, recordaba ese primer maldito año en el que nuestros padres en su egoísmo habían decidido separarnos y en capital, encerrado en su cuarto, solo en casa mientras mamá salía con otros hombres él se

