52. SIMÓN. Un mes después. Por treinta días, sin olvidarse de un solo día, mi hermano había cumplido su promesa conmigo. Me venía a ver, me hacía compañía y me hablaba de todo lo que hacía en el colegio, me hablaba de todo pero sin mencionar lo que me interesaba. Y cuando no era día de visitas, se las arreglaba para conseguir un permiso especial. Por mi parte, me pasaba los días siempre con un enfermero cerca, en una sala grande en la que había de todo, mesas de ping pong, un televisor con programas elegidos con cuidado por algún profesional, algunos libros de poesía y algo más por ahí, nada de eso me interesaba, yo me pasaba el día entero mirando hacia afuera, deseaba tanto estirar las piernas y ponerme a correr, solo que no me permitían salir a la hora que yo deseaba al jardín y me lam

