La gran fortaleza estaba compuesta por una serie de torres cilíndricas de gran altura que se enterraban entre el foso de los demonios y que conectaba con el desierto por una serie de intrincadas vigas que, de un paso en falso, daban al oscuro agujero. La iluminación, que parecía pertenecer al abismo, provenía desde una de las torres centrales de la estructura como un faro que conectaba con el cielo rojizo. Las torres estaban conectadas por una muralla que servía de pasadizo, pero no parecía vigilada, por el contrario, el acceso al lugar no lucia con mayores dificultades.
Después de un rato planeando el siguiente movimiento, decidieron que lo más conveniente, por el momento, seria caminar por las vigas evitando mirar al vacío y desestabilizarse con la caída. Sin embargo, una gran cantidad de gritos de dolor y sufrimiento, sumados a corrientes de aire provenían del interior del foso amenazante. Así mismo, el aire placido que habían experimentado hasta el momento y que los había tranquilizado de alguna manera se había transformado en un olor similar al que tienen los cementerios, con flores descompuestas, tierra hedionda recién cambiada y gravilla mojada. Parecía que la mismísima muerte proviniera de la estructura.
Tras avanzar por unas largas vías evitando mirar hacia el vacío encontraron delante de sí una hoguera con fuego donde descansaba de nuevo la magnífica armadura que pertenecía a Henry, el Caballero de las camelias:
-Vaya, tal parece que sí logramos encontrarnos de nuevo. Creí que me ahogaría acá con mi propia soledad-. Mirando al gigante exclamó. -Ya estás bastante repuesto, al final de cuentas ha pasado mucho tiempo.
- ¿Quién eres, y cómo es que lograste llegar hasta acá? -. Preguntó Irina con desconfianza.
-Parece que la maldición ha empezado a consumirlos a ustedes también, después de todo les sugerí que no vinieran, pero no me hicieron caso-. El caballero pareció encogerse en hombros y colocó sus manos al fuego, los guantes de hierro se pusieron al rojo vivo. -Esto es lo que nos hace la maldición, nos impide sentir, incluso el dolor. He pasado mucho tiempo preguntándome el sentido de que aún continúe acá y he llegado a la conclusión que tan solo el dolor nos contrasta con los buenos momentos y aquello nos da sentido.
- ¿Qué quieres decir, por qué nos dices esto? -. Galem, quien continuaba llevando al medico a sus espaldas, le preguntó extrañado al caballero frente a esas palabras.
-Cuando estás maldito empiezas a olvidar las cosas que te hacían humano, es como un nuevo renacer, pero vacío. Ustedes están apenas experimentando la perdida de todo recuerdo, pronto dejarán de sentir, al igual que yo, y si no se cuidan quedaran vacíos por dentro.
-Entonces por qué no eres como esas criaturas con las que nos hemos topado.
-Bueno, no lo sé. Supongo que a pesar de todo continúo luchando. Conozco mi nombre, conozco mi situación y pretendo corregir mi maldición, esa es mi misión y lo demás no me importa por ahora. Siquiera recuerdo como morí o cómo llegué a este estado-. El caballero se sacó los guantes y su piel estaba ardiendo por completo.
-Si nos vimos antes, cómo es que llegaste a este lugar. De lo único que estoy segura es que a nosotros nos costó bastante llegar hasta aquí-. Preguntó de nuevo Irina.
-Parece que no tienes más que preguntas para con los demás, pero para contigo misma no hay cuestionamientos-. El caballero empezó a reír con suaves carcajadas. -En fin, todos los que estamos malditos tenemos un camino muy distinto al que transitar, pero aquellos quienes no hemos sucumbido a la maldición damos a parar acá de una forma u otra.
-Entonces estás acá por la misma razón que nosotros-. Trató de sugerir Galem.
-No, parece que no me he hecho entender. El destino de los latentes reside acá en esta fortaleza, sí. Sin embargo, no todos estamos marcados con el mismo destino y a todos nos espera una prueba diferente a superar. Todo esto que han visto acá esta corrompido por la Diosa que no debe ser nombrada, su nombre es el nombre de la mentira, aquella que lo corrompió todo y acabó con este lugar que debía ser el refugio de los muertos, una zona de descanso y de paz.
- ¿Cómo es que sabes tanto? -. Preguntó la anciana.
-El paso de los años me ha enseñado cosas, he sido suspicaz y cuidadoso, ahora lo sé y estoy preparado-. El caballero tiró una rama que parecía ser combustible para el fuego. -Cientos de compañeros malditos han caído por completo en la locura, pero sigo acá. Muchos otros están ahora vacíos y cayeron en la maldad, pero he logrado sobrevivir. No soportaría ver aquello de nuevo, por favor, no caigan ustedes en ese estado.
-No lo haremos, somos fuertes, más de lo que tú crees-. Dijo el gigante que más trataba de tranquilizarse a sí mismo. El caballero de nuevo rio y añadió:
-Todos decimos lo mismo, pero ¿Realmente estamos preparados para enfrentarnos a la oscuridad? En nuestra terquedad nos enfrentamos a aquello que no entendemos y todo es peor-. El caballero mantuvo el silencio por un momento y añadió. -En fin, si tengo la posibilidad de ayudar a su aventura lo haré inmediatamente, no es bueno ir a solas por ahí, no quiero ver a más personas caer. Tengan por favor esta flauta, la tengo desde que recuerdo. Cuando necesiten mi ayuda no duden en llamarme. Puede que no sea el hombre más hábil, pero estaré cuando intenten llamarme.
- ¿Por qué nos ayudas? No tenemos razones para confiar en ti-. Contestó Irina.
-Ya se los dije alguna vez y el muchacho lo entendió. El destino final de los malditos será el mismo si no nos ayudamos entre nosotros, tenemos que apoyarnos si queremos sobrevivir a este mundo. Si desean mi ayuda se las daré, no aceptaré ver más gente que sucumba a las fuerzas del mal, si creen que están mejor solos es su problema-. El caballero volvió a reír. -Encuentren la luz.
La compañía volvió a partir dejando atrás al caballero que descansaba frente a la fogata. A pesar del esfuerzo de Irina y de Galem por recordarlo no fueron capaces de determinar su procedencia. No había nada en sus recuerdos antes del abismo y no parecía haber nada más allá de ello. Todo el desierto, todo cuanto estaban atravesando parecía ser el total de sus vidas ¿qué pasaría cuando llegaran a su destino final? ¿Qué pasaría cuando encontraran a la diosa y al hechicero? No tenían respuestas para ello más que la determinación que la oscuridad infinita terminaría por acabar.
Las vigas se hacían cada vez más estrechas e irregulares. El caballero saltaba con dificultad entre los altos aceros, pero su propio peso y el de su compañero no le permitían mantener demasiado el equilibrio.
La fortaleza era verdaderamente gigantesca y a medida que avanzaban, el desierto se convertía es un gran mar de color blanco. En lo alto de las torres pudieron diferenciar distintas ruinas en la lejanía, desde la plaza por la que habían llegado, hasta los escombros de Gatehell que permanecían en la oscuridad desde hacía cientos de años. También lograron diferenciar a lo largo bosques con árboles sin hojas, pequeños asentamientos y algo que lucia como un gran cementerio cubierto de miles de lapidas. A esta altura las almas se veían como filas que deambulaban de un lado para otro y sin destino.
Cuando por fin llegaron a uno de los tejados por lo que parecía que se podría acceder con mayor facilidad Marcus empezó a revolverse en la espalda del gigante.
- ¿Dónde estamos? Esto se ve muy alto-. Dijo el medico tratando de salir de la protección del gigante.
-eh, chico, ya despertaste. Ya nos estábamos preocupando por ti-. Contestó la anciana que ya no recordaba a ciencia cierta el nombre del médico.
-Ya estoy mejor, gracias. Parece que ya hemos avanzado bastante, me dormí por mucho tiempo-. Marcus se reincorporó por completo, pero su pierna, por la que la sanguijuela se había metido, aún le producía bastante molestia. Mirando a su amigo el gigante añadió: -Galem, siento no haber dicho nada del colgante, la princesa me lo dio y me dijo que lo portara cuando el momento fuera adecuado, no entendía sus palabras.
- ¿Galem, ese es mi nombre? -. El gigante meditó como recordando algo. -No yo lo siento, me llené de ira y desesperación, me deje llevar por mis impulsos, soy yo quien necesita ser perdonado, joven.
-No entiendo ¿me están jugando una broma? Ese es el nombre que te puse-. Contestó el medico extrañado y olvidando la disculpa de su amigo.
-Lo lamento, he empezado a olvidar ciertas cosas. Otras se abren más fácil en mi mente, pero creo que el nombre no es tan importante en un lugar como este ¿no lo crees? -. El gigante bajo la mirada y se quitó el yelmo después de mucho tiempo.
-Galem, amigo ¿Qué te pasó en este tiempo? -. Marcus no podía creer lo que estaba viendo. La piel del gigante estaba cubierta por completo de un tono blanco igual al de la ceniza. Tenia entradas profundas en su cabello y sus ojos se habían tornado de un tono azul brillante.
-No lo sé. Supongo que es la maldición, pero no importa, te protegeré y todo estará bien…
-Oye chico, parece que recuerdas más que nosotros ¿Puedes explicarnos qué estamos haciendo acá? -. Preguntó Irina quien llevaba su bufanda como turbante.
-No entiendo, qué está pasando. Hemos venido por tu hija y también a destruir la piedra de la oscuridad. Por qué hablan como si no recordasen nada-. El medico estaba desesperándose.
-No nos lo tomes a mal, sabemos que tenemos una misión, pero hemos olvidado el por qué estamos acá. Lo que sabemos es que debemos llevarte al interior de la fortaleza-. La anciana parecía a punto de llorar, pero con dignidad le preguntó al médico -Dime chico, ¿conoces mi nombre?
-Claro que sí-. Marcus se arrodilló y la tomo de la mano. -Tu nombre es Irina, la mujer que salvo a todo un asentamiento y crio a una niña como si fuera suya, que entró al infierno solo por salvarla.
-Irina… Qué hermoso nombre-. La mujer bajo la mirada y le sonrió. - ¿Cómo nos debemos referir a ti ahora?
Marcus se llenó de tristeza ante el estado mental y físico tan deplorable de sus compañeros. Después de tanto tiempo había logrado convertirse en el medico, genio, que siempre quiso ser de niño, de una manera distinta a la que deseaba, pues su pasado no se podía borrar, pero se lamentó ante su incapacidad por ayudarlos.
-Mi nombre es Marcus, soy su amigo. No hay nada más que necesiten recordar de mí. De ahora en adelante yo los llevaré si han olvidado el camino-. Contestó Marcus armándose de nuevo y girando para entrar por una azotea en el edificio, el colgante empezó a brillar y los guio al interior de la edificación.