Tras otra dura jornada de silenciosa caminata, el camino los condujo a lo que parecía una antigua plazoleta. En medio del desierto y de grandiosos riscos de piedra se encontraron con un camino cubierto de losas de mármol y en el centro lo que parecía una antigua fuente de agua que ahora estaba seca y cubierta por completo de ceniza. A pesar de la oscuridad y los tonos negros generalizados, no era difícil ver delante de ellos y diferenciar por fin las primeras figuras solidas en todo el camino. El complejo estaba constituido por una serie de muros destruidos que no mostraban necesariamente la coherencia que con el paso del tiempo se había borrado por completo.
Tras pasar por la plazoleta notaron que las figuras pertenecían a aldeanos que se encontraban en harapos y con capuchas en su cabeza. Varios de ellos parecieron ignorarlos y se amontonaban solitarios frente a los muros manteniendo poses de rezos y lamentaciones. A diferencia de los no muertos con que se habían topado con anterioridad esto no parecían estar podridos, por el contrario, su piel estaba cubierta por completo de un tono blanco similar al de las cenizas del suelo y su piel no se encontraba tan desgastada como la de los otros. Las almas parecían tener mucho menor transito por la zona y la degradación humana les dio una sensación de melancolía. Con suerte aquel grupo de no muertos mantendría la cordura y no los atacaría, por lo que sus pasos fueron silenciosos evitando perturbar los sueños y rezos de los miserables.
Luego de atravesar la plazoleta dos grandes riscos daban a lo que parecía una zona exterior, mientras que otro camino transitaba a los adentros de una cueva inundada por completo en cenizas. Cansados y tratando de encontrar refugio tras días interminables de marcha se decidieron adentrarse, sin explorar profundamente, a la cueva para tratar de dormir y reponer las fuerzas. Desde la entrada al abismo no habían sentido necesidad de dormir, por lo que la noción del tiempo había cambiado por completo, sin embargo, aun ahora no sentían la necesidad de hacerlo. El lugar parecía tan solemne y antiguo que vieron necesidad a parar y meditar sobre el viaje.
- ¿Cuánto tiempo creen que llevamos acá metidos? Me siento tan extraño, a veces creo que nos estamos convirtiendo en ellos-. Dijo tristemente Marcus que rompió el silencio de varios días desde el anterior altercado.
-No lo sé, pero también lo he sentido. Vagamos casi sin sentido como las almas, a veces tiendo a creer que ellos nos ven así y al igual que nosotros a ellas nos ignoran por completo-. Añadió Irina -A pesar de todo he tenido mucho tiempo para pensar, es extraño como al aislarnos del exterior las antiguas voces que tratábamos de ignorar salen a dar gritos en nuestro interior.
- ¿A qué te refieres? -. Preguntó Marcus que continuaba con el colgante en sus manos.
-He vivido una larga vida, llena de experiencias buenas y malas. Recuerdos que continuamente llegan a mi cabeza en forma de sueños, unos hermosos y otros que me gustaría poder olvidar algún día. Nunca pensé que llegaría el momento para conciliarme con los demonios de mi pasado hasta ahora.
-A qué viene tanto cuento de tu parte-. Se mofó Galem uniéndose a la conversación. -Desde que te conozco no habías sido tan elocuente.
-Muy gracioso muchacho. Es solo que llevamos tanto tiempo y a la vez nada caminando, en silencio, y sin hablar que no me había dado cuenta de que el peso de los años está cayendo sobre mí-. Irina se miró las manos y notó la gran cantidad de cayos que tenía. -Alguna vez creí que esas manos serían para servir a mi esposo, luego crecí y las utilicé para hacerle daño a los demás. Después, cuando tuve que escapar, encontré a una pequeña niña y creí que duraría toda la vida cambiándole pañales. Ahora a mi edad me pregunto a qué más servirán.
-Lo veremos después, eres bastante hábil y te llegué a subestimar, lo siento-. Dijo Marcus para tranquilizarla.
-Lo sé, pero ese no es mi punto. Lo que trato de decir es que a medida que avanzamos, a medida que el tiempo parece eterno y nada cambia, me pregunto cuál es el verdadero propósito por el que estamos acá. Hace un rato tuve que hablar sola para tratar de recordar mi propio nombre-. Irina levanto sus ojos al techo de la cueva y agregó. -Si en algún momento llegó a olvidarme de mi propio nombre por favor recuérdenmelo.
Marcus recordó su conversación con la voz del rio, cuando esta le pedía recordar sus nombres y la similitud de las palabras lo perturbaron.
-Desde que Galem y yo vivamos te aseguro que no te perderás. No olvides que hacemos esto por ti, por tu hija y por los de nuestra aldea, para que no tengan que vivir este infierno-. Sugirió Marcus
-¿En realidad hacemos esto por otros, o lo hacemos por nosotros mismos? Escondemos nuestros deseos de aventura o de muerte tras quienes decimos defender-. Contesto Irina tristemente
-Sea por quién fuere que lo hagamos lo debemos hacer. No olviden lo que nos dijo la princesa, si perdemos nuestra meta seremos absorbidos por el abismo. No lo olviden, llegar al castillo es nuestro objetivo-. Dijo tajante el gigante quien se levantó. – Si me disculpan necesito un poco de privacidad con mi cuerpo.
-Tomate tu tiempo muchachón-. Dijo a manera de broma la anciana que recuperó un poco de su buen humor.
Cuando el caballero se adentró en la cueva notó que la gruta salía hacia un camino alargado y un claro en el fondo. La curiosidad pudo más que la prudencia y con espada en mano se adentro por el pasadizo sin avisar a sus compañeros. Al salir por el otro lado del camino, encontró un gigantesco nido en medio de escombros y en el medio una criatura petrificada en forma de lagartija gigante. Al parecer las cenizas lo habían cubierto por completo y lucia como una estatua milenaria que descansaba hacia siglos. El caballero se acercó para tocar la estatua de piedra con sus propias manos.
Un rugido retumbó por completo la recamara y, como si se tratase de una coraza, el animal se movió adoptando una pose amenazante frente al caballero. La criatura en realidad parecía una araña gigante con la cabeza y el pelaje de un león que se escurría entre sus patas trepando las paredes irregulares de piedra. El caballero adoptó una posición de lucha, pero la criatura se lanzo sobre él y exhaló un aliento mezcla de aire y arena. Los movimientos del soldado se hicieron más pesados y de una patada la criatura mando a volar al gigante.
Marcus e Irina llegaron corriendo a prisas mientras encontraron al caballero colocándose de pie dificultosamente:
- ¿Qué carajos es esa cosa? -. Gritó Marcus a su compañero al ver la criatura amenazándolos desde el techo del recinto.
-Me temo que no lo sé, lo mejor será salir corriendo y esperar que no nos siga, así que váyanse de acá ahora.
La compañía se coló por entre el agujero de la cueva que parecía derrumbarse ante el peso de la criatura. Al otro lado del exterior los no muertos que habían estado en reposo hasta ahora parecían asustados ante los rugidos de la criatura.
-No nos podemos quedar acá, en cualquier momento esa cosa va a salir a perseguirnos-. Sugirió Irina quien señaló la salida por el camino de los riscos gemelos que daban al exterior.
El trio corrió cuidándose las espaldas mutuamente, pero la criatura saltó sobre ellos y los derrumbó con un nuevo rugido. Los saltos de la bestia eran impresionantes a pesar de su gran tamaño y ahora, trepada en los riscos de la salida, se veía aún más grande. Sus ocho patas tenían garras amenazantes a modo de caparazón y en la boca conservaba una poderosa dentadura. Sus ojos eran de color marrón brillante y la nariz similar a la de un felino.
La anciana tomo su arco y disparó una flecha que dio a parar en el torso de su cuerpo. La criatura volvió a rugir de dolor y se abalanzó en modo estampida hacia ellos dando a parar contra otro risco de piedra. De nuevo se abalanzó hacia ellos y el caballero con el arma a dos manos le lanzo una estocada a sus patas. De un tajo le cortó dos extremidades haciendo chillar nuevamente a la criatura de dolor. El medico se abalanzó llegando a su cabeza, y en el momento en que pretendía enterrarle su espada, la criatura se volvió a poner de pie regenerando las extremidades perdidas.
El medico cayó de la cabeza de la bestia, aunque esta vez de pie y con sus espadas lanzo un tajo hacia su tórax. A pesar de la fuerza y habilidad de Marcus esto no logro perforar su dura piel, quedando expuesto bajo el cuerpo de la pesada criatura. Una de las espadas del caballero voló y se enterró sobre el pecho de la criatura que esta vez no logró levantarse con facilidad volviendo a emitir el aliento hacia el caballero. La anciana volvió a lanzar su poderosa flecha que dio directamente en uno de los ojos de la criatura, la cual se estrelló entre los riscos y se sacó por si sola el proyectil.
Marcus aprovechó la oportunidad y volvió a lanzar un conjunto de espadazos a las patas que fueron cediendo ante la presión de las cuchillas. Cuando el monstruo al fin cayo de cabeza el medico aprovechó la oportunidad y enterró en su cabeza el espadón que resulto sumamente efectivo. La bestia se retorció violentamente, pero a medida que iba perdiendo sangre negra de su cabeza se quedo completamente quieta y en silencio. El cuerpo se fue descascarando poco a poco hasta que se hizo ceniza y voló con la poca brisa del viento que se colaba entre los riscos.
Los guerreros estaban exhaustos y con poca energía, pero el tiempo no les dio para descansar en lo más mínimo. Al momento en que Irina se repusó y miro a su alrededor, los no muertos estaban de pie con antorchas en mano mirándolos inexpresivamente. No caminaban, no gruñían, no hacían absolutamente nada, solo los miraban desde las cuencas vacías de sus ojos. Uno de ellos hizo conexión visual con la anciana dejándola inmóvil.
- ¿Dónde está la madre, que le hiciste? -. Una voz empezó a resonar un su cabeza, voz que era de ella misma. -creíste que tus pecados se borrarían solamente llevándotela contigo. Estaría mejor con su madre. Tuviste la oportunidad de dejarlo y no lo hiciste.
-Basta, basta. No sabía lo que hacía, necesitaba sobrevivir-. Grito Irina mientras colocaba las manos en su cabeza y caía de rodillas. -Ella me necesitaba, yo la ayudé, ella no tiene nada que ver.
-Deja de darte excusas. Su madre está acá, con nosotros, lleva vagando quince años en busca de la hija que le quitaste-. La voz empezó a mofarse de la anciana. -No te has redimido, tuviste la oportunidad y la desaprovechaste. No solo ella está acá por tu culpa, todos esos inocentes con los que acabaste quieren justicia.
-No, no, no, no. Yo no sabia lo que hacía, no quiero tener que vivir eso de nuevo. Quiero irme a casa con mamá y comer mermelada-. Gritó de nuevo la anciana que metió su cabeza entre las cenizas y lanzaba el polvo a su espalda
- Irina, ¿qué pasa? -. El gigante la tomó de los hombros para hacerla reaccionar, pero la anciana tenia el dedo pulgar en su boca y no dejaba de morderlo con fuerza a pesar de que estaba sangrando.
- ¿Cómo era que te llamaban? Díselo a ellos, sentirán asco, así como tu sientes asco de ti misma. A todos nos da asco las mujeres sucias de la ciudadela. Dinos, cual era tu nombre, maldita infeliz
-No, no, no, no. Ya olvidé ese nombre, por favor no me lo hagas repetir. No quiero recordarlo. Me da vergüenza-. Continúo gritando la anciana cuando sus ojos se pusieron blancos y empezaba a tirar espuma por su boca.
-La cuchillera, la cuchillera, la cuchillera te llamaban-. Cantó la voz dentro de sí. -La cuchillera mojada. Qué gracioso nombre la verdad. ¿Por qué te llamaban así? No lo habrás olvidado.
-Me llamaban la cuchillera mojada porque ahogaba a mis victimas en alcohol y luego les prendia fuego. A su c*****r lo empalaba contra un estoque que dejaba para que todos los vieran-. Contestó llorando aún más la anciana.
-Cómo te sentías haciéndolo maldita zorrita, dinos, como te hacia sentir-. La voz se puso más aguda y en la mente de la anciana una sombra de lo que había sido de joven la recorrió. -Dinos, con sinceridad, cómo te sentías.
- ¡Irina! -. Gritó el caballero
-Galem, ponla en el suelo y de lado, está teniendo una convulsión. Tengo que sacarle el dedo de la boca antes que se lo termine de arrancar-. Gritaba el medico mientras se ponía manos a la obra. Sus palabras no se escuchaban en la mente de la anciana.
-No, yo no quería hacerlo. Necesitaba el dinero, tenia que sobrevivir-. La anciana continuaba llorando. -Yo no quise ser un monstruo.
-Mentira, tu eras un monstruo y disfrutabas haciéndolo. Te excitaba, lo amabas, ver la sangre y pensar en la mermelada de tu madre no lo niegues-. La voz se puso aún más grave. -Amas la sangre y te encantan degollarlos, degollar a tu enemigos. No lo puedes negar.
-Ya te dije que no, esa no era yo. La que lo hizo está muerta, yo la maté, ahora soy una buena niña-. La sangre del dedo de Irina le provoco una gran hemorragia y los dientes llegaron hasta su hueso. -Solo quiero rescatarla, por qué entras en mi mente, no quiero verlo de nuevo.
-No creas que escaparas tan fácilmente. Lo sabes, Frigila se fue porque huía de ti ¿Por qué la buscas de nuevo, quieres repetirle el infierno en su cabeza?
-No te metas con ella ¿Quién eres?
-Eso ya no importa, no llegarás acá. Tu hija ya no está, es mejor que la dejes. Eres un monstruo y lo sabes. Lo que le hiciste a su madre no tiene perdón, ¿crees que ella quiere regresar acaso contigo? Estás loca.
Marcus recordó su conversación con la princesa y sacó su colgante del bolsillo por primera vez. Rezó a los dioses en los cuales había dejado de creer hacía mucho y colocó el collar entorno al cuello de la anciana que parecía estar muriendo.
-No dejes que se vaya, no lo hagas por favor-. Gritó Marcus al colgante.
-Maldita sea, nos interrumpieron. Te salvaste por hoy de mí, pero no te salvaras nunca de ti misma, cuando te veas de nuevo al espejo veras a la cuchillera mojada-. La voz cambió por completo a la de otra mujer y se distorsionó. -Si es que lo deseas te estaré esperando maldita zorrita, atrévete si lo deseas.
La anciana aminoró la presión y dejo de combatir por completo. Quedó tirada en el suelo en medio de saliva, lagrimas y mocos. De nuevo parecía una anciana realmente mayor e inofensiva a punto de quebrarse. Marcus aprovechó la oportunidad para aplicar su pomada curativa en los dedos y los labios comprometidos, sin embargo, su cuerpo pareció no soltarse y se mantuvo rígido por un tiempo.
Los aldeanos no muertos que los habían estado mirando se desplomaron por completo y se convirtieron en cenizas difuminándose con el restos que se mantenían en el suelo. El sitio empezó a retumbar a sus pies y los riscos comenzaron a ceder en avalanchas de roca y cenizas que caían sobre ellos. No hubo demasiado tiempo y tomaron como pudieron sus armas del suelo. El gigante llevó a la anciana y se dirigieron al exterior de los riscos donde los esperó un gran barranco por el que terminaron cayendo. Las rocas y las cenizas amenazaban con enterrarlos y sin determinar las distancias corrieron escapando del lugar.
Del derrumbe se distinguió el rostro horrible de una mujer con una gran boca que trataba de tragarlos, pero al no alcanzarlos se fue desdibujando y la montaña de escombros les impidió por completo el retorno.
El paisaje había cambiado por completo y al levantar los ojos se sorprendieron dándose cuenta del lugar al que habían llegado. Ante ellos se alzada una poderosa estructura cubierta por completo de cenizas. El pico más alto se perdía a la vista y unos puentes estrechos le daban acceso a la edificación ante un agujero que se perdía en la completa oscuridad. Del fondo del agujero llegaban sonidos de rugidos de bestias que se mataban unas con otras.
- ¿Qué se supone que está pasando acá, Galem? -. Preguntó atónito el medico que ahora no tenia el colgante en su bolsillo.
-Creo que llegamos, esta debe ser la fortaleza del hechicero. No puedo creerlo, hasta dónde nos arrastro ese alud-. Dijo el gigante mientras colocaban a la anciana en el suelo y jadeaba por el cansancio.
-Pero la ultima vez que lo vimos aun permanencia en el horizonte-.
-Lo sé, al parecer sí estábamos siendo engañados. Todo lo que recorrimos este tiempo no fue más que una ilusión, el colgante debía ser la respuesta ¿De dónde lo sacaste? -. Le preguntó el caballero a Marcus.
-No lo recuerdo, solo sé que llevo bastante tiempo con eso en el bolsillo-. Se sorprendió al haber olvidado su procedencia.
-Cómo que se te olvido, qué carajos quiere decir eso. Llevamos no sé cuánto tiempo vagando y hasta ahora se te ocurre revelarnos algo tan preciado-. El caballero se levantó molesto y preparando el puño para una pelea.
-Ya lo dije, no lo sé, maldita sea. No sé ni para que funciona, solo me acuerdo de que lo llevaba en el bolsillo desde… desde siempre creo-. El medico olvidó por completo un antes del abismo.
-No me vengas con estupideces, maldito, eras quien más se quejaba y ahora resulta que nos querías perder. A dónde nos estás llevando, imbécil-. El gigante lanzó un puñetazo que dio a parar en el rostro del médico para luego subirse sobre él y continuar golpeándolo. -Dime desde cuándo.
El medico empezó a llorar ante la falta de recordación y repitió:
-No lo sé amigo, no lo recuerdo. Realmente no me acuerdo de nada. Mis recuerdos lo único que me dicen es que debo llegar al castillo y que esa cosa era importante. Si quieres matarme solo hazlo.
Sin que nadie se diera cuenta la anciana se puso de pie y empujó al caballero que seguía golpeando al médico tirado en el suelo.
- ¡Alto, maldita sea! -. La anciana parecía no tener demasiadas energías. -él no tiene la culpa ¿qué no te das cuenta, Galem? Este lugar nos esta afectando sin que nos demos cuenta. Deja de golpearlo ahora o me tendrás que pegar a mí también.
Galem se dio cuenta de su error y trato de reanimar al médico que permanecía tirado en el suelo y que había quedado inconsciente de tantos golpes. La anciana volvió a intervenir colocando el colgante en su cuello.
-Ahora entiendo por qué no nos dijo nada. El colgante era lo único que lo mantenía a salvo de la oscuridad. Los tres nos hemos estado degradando a medida que avanzamos, pero a él lo ha afectado de a peor forma. El colgante lo ayudaba, al quitárselo de las manos todo ello regresó en picada.
-No lo entiendo, qué está pasando-. Pregunto Galem que miró con horror su piel ahora de color blanco y cubierta con la sangre de su compañero.
-Dime, gigante, de dónde vienes y por qué estás acá-. Preguntó la anciana con dulzura.
-No, no, no lo sé. Creo que lo he olvidado. Mi misión es protegerlos-. El gigante estuvo confuso por unos momentos. -Mi tarea es ayudarlos a llegar a la fortaleza y cerrar el abismo.
-Lo sé, mi tarea es algo que me es imposible nombrar con palabras. Aquello que vi con el colgante me hizo recordar aquello que había olvidado, alguien entró en mi mente y me torturó, de no ser por ese objeto estaría loca o muerta-. Mirando a Marcus en el suelo continuó. -Galem, estoy empezando a olvidar mi propio nombre, recuérdalo si lo olvido. Él es nuestra luz y debemos llevarlo hasta el final de esa fortaleza. Si de algo estoy segura aún, es que todo esto terminará pronto.
El gigante tomó ahora a su amigo en sus espaldas y reiniciaron su camino al castillo por medio de las vigas que funcionaban como puente entre el poso y la fortaleza.
-Dime, mujer, de lo que dices que viste con esa cosa en tu cuello ¿hay recuerdos sobre mí? Qué clase de tipo soy.
-Eres de los tipos confiables, supongo. – contestó la anciana mientras miraba lo alto de la fortaleza.