Dudas

2261 Words
El interior del portal conducía a unas largas escalinatas que se perdían descendiendo por un mar infinito de oscuridad. Todo tipo de ruidos se escuchaban a medida que continuaban descendiendo y las almas de caballeros recorrían sin rumbo el recinto ignorando la presencia de los inesperados visitantes. El portal parecía mantenerse estabilizado, aunque las figuras de los guerreros se distorsionaban continuamente y desaparecían entre los muros claros que limitaban los infinitos escalones. El olor del abismo, a pesar de lo tétrico de su apariencia, era bastante agradable y acogedor, a Marcus le recordó las horas junto a su madre aprendiendo a leer, Irina recordó las mermeladas de mora y las tardes de que haceres en su casa. Para Galem el olor le trajo recuerdos de sus días en las cosechas a las afueras del reino, cuando regresaba temprano a casa y su madre y hermanas le preparaban un baño para descansar, fue un olor que pronto asocio con la hija del rey con quien mantenía una oculta relación cuando esta asistía en secreto a los patios de entrenamiento y sus miradas se perdían con el granjero. Antes de partir, la princesa les pidió tomar posesión de los bienes que creyeran hacerles falta para su nueva travesía y les prometió como recompensa todo cuanto quisieran llevarse una vez terminada su tarea. Marcus encontró una grande y liviana espada que parecía atravesar con facilidad las armaduras más livianas y vistió una armadura de cuero que se encontraba en el almacén. La anciana, luego de sanar a medias sus cortes con la pomada de Marcus, encontró un par de sables que habían pertenecido a soldados de alto rango y relleno su caraj con flechas de plata. Por su parte Galem completó su pesada armadura y afiló como pudo sus espadas, llevando a su vez un pesado escudo de los caballeros de plata. Cuando al fin estaban repuestos para el viaje, la princesa se despidió de todos y cada uno de forma personal, pero al momento en que llegó a Marcus, lo abrazó y habló directamente a su oído. -Nuestra esperanza recae ahora en ti. Como te has dado cuenta desde que entraste en el perímetro del abismo, la oscuridad te afecta de un modo distinto. Cuando llegue el momento por favor porta este colgante, es un amuleto de protección contra las fuerzas del mal. Destruye por favor la piedra oscura y sobrevive-. La mujer metió secretamente el collar en su bolsillo y continuó. -Me temo que lo que encontraran allá será aún peor que los horrores que han encontrado hasta ahora. Si tienen dudas es mejor que se detengan ahora, pero si tienen seguridad en su corazón les deseo suerte y que la luz sea su guía-. La mujer abrió el ultimo compartimiento hacia el portal y el grupo se dirigió hacia la oscuridad sin mirar atrás. A medida que bajaban los sonidos se distorsionaban aún más y los lamentos de las almas eran imposibles de distinguir. A este lado del mundo el cielo era de un color rojo intenso y la tierra era bastante helada. El suelo estaba cubierto por completo en polvo de cenizas como si fuera arena y las estructuras no eran más que un complejo de ruinas donde los muros no formaban ningún orden lógico aparente. No había corrientes de aire, no había norte ni sur, en esta dimensión las cosas parecían seguir su propio patrón lógico. A lo lejos, como una gran montaña contrastando con una luz que se ponía detrás, se lograba ver la gran fortaleza del hechicero, pero a medida que avanzaban en línea recta la fortaleza parecía estar más lejos. No se sabe cuánto tiempo se mantuvieron caminando.  No había ningún tipo de noción del tiempo y los contrastes de luz se mantenían siempre iguales. Todas las dunas de ceniza se mantenían iguales y las almas continuaban atravesando el desierto sin ningún sentido. Guerreros, niños, ancianos, mujeres y hombres adultos vagaban sin ningún destino por entre las tierras. No había ninguna expresión en su rostro, tan solo seguían su camino inalterable como si una fuerza los llamase y luego los rechazase continuamente. Mientras los viajeros caminaban se atravesaron con miles de almas que continuaban vagando y más distante parecía la fortaleza sin sentir ningún agotamiento aparente. -No lo entiendo, pareciera que camináramos en círculos. Tal vez llevamos días y nada ha pasado aún, todo es igual que al principio y siento que no somos más que otras almas vagando sin sentido-. Se dijo Marcus para entre sí al darse cuenta de que su mente estaba cansada. -Recuerda lo que te dijo la mujer de plata, no puede haber dudas en nuestros corazones o la oscuridad nos alcanzará igual que a ellos-. Contesto Irina que mantenía sus dudas, pero no las exteriorizaba. -Cómo podemos saber que no nos engañó y nos metió a esta cloaca para alimentar el decadente cuerpo de su padre. Nos engañó y ahora estamos acá-. Marcus molesto se dio vuelta y pretendió regresar, pero Galem puso la mano en su hombro. -No podemos perder la esperanza, estoy seguro de que el camino se encuentra más allá. Yo conocí a esa mujer antes de partir y podemos confiar en su palabra-. Galem permanencia con la cabeza baja y sin mirarlo a los ojos. - ¡Quién se supone que me dice esto, un traidor que abandonó a los suyo para salvar su pesado culo y aparecer en extrañas circunstancias en una aldea desierta! - Contestó molesto y con gritos Marcus - ¡Marcus, como te atreves! -. La anciana se puso en medio de los dos hombres para evitar una confrontación, pero el gigante en lugar de luchar se alejó y se sentó de espaldas. -No, deja, tiene razón. Por dos largos años mi mente pretendió olvidar aquellas cosas, pero no siempre puedes huir de tu pasado-. Contestó el gigante mientras veía al vacío. -Hace años deje mi casa en busca de aventura. Un buen amigo mío se enlistó en el ejército, y me hablaba maravillas de como conocía lugares extraños, como podía comer mejor y de todas las personas que conocía. Me convenció y deje mi casa, a mi madre y mis hermanas que me cuidaron desde que mi padre murió por una neumonía. Quería ver todo aquello que los demás habían visto y por cinco largos años entrene hasta el cansancio para alcanzar a mi buen amigo. Los otros dos acompañantes se sentaron mientras Marcus inconscientemente metía su mano en el bolsillo para sentir el medallón que la mujer de plata le había regalado. De alguna manera era lo único que lo podía calmar desde que habían entrado al infierno. -Él termino la carrera militar mucho antes que yo, pero quería pertenecer al escuadrón de plata como él, era el mayor honor- Continuó Galem- Sin embargo, no logre calificar, por el contrario, quede en la guardia regular que custodiaba las murallas. Yo quería ver el mundo exterior y vivirlo, no hacer guardias en un muro, además todos aquellos que se volvían de plata tenían cualidades aparentemente espectaculares, cualidades que yo jamás logre alcanzar. Ellos tenían luz, como la que tú tienes, Marcus, y mi amigo era prácticamente un sol. La guerra tocó a nuestras puertas y fue seleccionado por el Rey para ir a resguardar Gatehell junto a un escuadrón, sin embargo, ellos se perdieron y jamás se supo de ellos. -Lo lamento-. Contesto Irina -No hay problema, tuve tiempo para superarlo-. Galem movió la cabeza y continuó con su relato. – Mi amigo adoraba la luna, decía que irradiaba la luz más pura y bella que se pudiera observar, decía que la luna era a quien podías recurrir en el momento más oscuro de tu vida, según él, la luna era quien le irradiaba la luz cuando creía que su corazón se llenaba de tristeza. Antes de partir nos reunió a sus amigos y en medio de la borrachera nos dijo que cuando regresara lleno de gloria iba a instaurar su propia casa noble con la luna como estandarte. Naturalmente todos nos reímos, pero la noche en la que dejamos de recibir noticias de la compañía de plata lo entendí con facilidad. Aquella noche hacía luna llena y estaba preocupado por él, era como el hermano que nunca tuve. Pero miré la luna y aunque hacía frio su luz iluminó mi corazón y mi mente, era como si se encendiera una antorcha en mi pecho y mis energías regresaron con totalidad, no sentí más tristeza o pesar, tan solo vigor. Esa noche, lleno de seguridad me enliste a la guardia oscura del bosque. Marcus se estrechó sus rodillas en su rostro y sonrió al recordar la sensación de soledad cuando miraba la luna llena en sus días como mercenario. Nunca lo había pensado de esa manera, que la luna le diera fuerzas y volvió a sentirse en paz, al parecer alguien había entendido sus sentimientos. -Cuando me uní a la guardia oscura la guerra ya estaba tocando las puertas de la ciudad y me despedí de mi familia y amigos, también de una mujer a la que amaba y que trataba de ganar favor frente a su padre-. Continuó el gigante. -Los primeros días en el bosque guardamos los árboles, la tierra, los ríos y la vegetación, fueron días hermosos y que siempre atesoraré a pesar del contexto en que estábamos. Sin embargo, un día las bestias llegaron y nos atacaron, era plena noche y llegaron sin algún aviso. Eran no muertos muy podridos, nos atacaron y masacraron en cuestión de días. Con un pequeño grupo pudimos soportar un par de días colgados en un árbol mientras mirábamos aterrorizados como nuestros compañeros eran devorados y sus armaduras explotaban por la presión de insectos que se metían en sus cuerpos. -Galem, amigo, lo siento. No tienes que continuar si no lo deseas. Estaba en un mal momento y…- Trato de interrumpirlo Marcus. -No, llevo mucho tiempo ocultando esto y tengo que sacarlo-. Continuo el caballero. – Al cabo de unos días nos fuimos quedando sin provisiones y el bosque había cambiado por completo, nos perdimos y constantemente esas cosas nos acechaban en medio de la oscuridad. El sol había desaparecido y jamás volví a ver el sol o la luna de nuevo. Los pocos que sobrevivimos nos manteníamos juntos, pero continuamente había más desaparecidos. No fuimos capaces de escapar del bosque y perdimos toda noción del tiempo. En una ocasión encendimos una hoguera y nos peleamos entre nosotros, el estrés y la tristeza nos tenían con los ánimos en alto y decidí largarme de ahí. Al cabo de un tiempo quise parlamentar con ellos, pero no los volví a encontrar. Pasaron semanas, había cada vez menos comida y me encontraba solo en medio del bosque. Las criaturas me acechaban y tuve que correr por mucho tiempo. La voz del gigante se cortó y se mantuvo en silencio por unos minutos mientras lograba encontrar las palabras con que expresarlo. -Tras unos días tratando de conseguir un rastro logre encontrarlos a ellos en medio del claro del bosque, vagaban sin ningún sentido como estas almas y al verme se abalanzaron a matarme. No entendí lo que pasaba, pero traté de reducirlos en vano. Su piel era la piel de los muertos y los gusanos se mantenían en su rostro mientras se los comían. Uno de mis compañeros mantenía algo de cordura, pero su cuerpo parecía estar siendo controlado. Lo último que recuerdo fue que me rogó que lo matase, que las alimañas estaban controlándolos y no quería hacerme daño. Me lo dijo mientras lloraba, pero no fui capaz y hui del sitio. El resto de la cuadrilla me persiguió al notarme. Pero jamás olvidare cómo él me gritaba desde lejos “No te largues cobarde, acaba con esto de una vez. Duele y no puedo evitarlo, duele por favor mátame ¿Por qué huyes, es tu deber? Fue lo último que escuché. Por años mantuve vagando y evitando que me encontraran los demonios que una vez fueron mis compañeros. Hui y perdí la noción del tiempo. El tiempo me mataba poco a poco y tras años me volví a encontrar con el hombre que me rogó que lo matara. - ¿qué ocurrió? - Preguntó Irina -Cerré los ojos y esperé que acabase conmigo, no fui capaz de hacerle daño. Me arrodillé y abrí mis brazos esperando mi destino. Él se acercó rápidamente gruñendo como una alimaña, pero entre los últimos jadeos pude escuchar “sálvalos, todos, sálvalos” Me empujó por un barranco y cuando desperté estaba encadenado en la casa de Marcus. Todos se mantuvieron en silencio, así que el gigante continuó. -Durante todo el viaje estuve pensando en morir. Quería que el bosque me consumiera y me llevara con ellos, creía que de esa manera iba redimirme, morir por otros, utilice como excusa la búsqueda de Frigila, pero no encontré lo que buscaba. Ahora que estamos acá entiendo que morir sería lo más cobarde y acabaría por completo con la memoria de mis compañeros. Ahora sé que mi misión en mantenerlos a salvo y lo haré, no huiré y remediaré a mi manera mis pecados. Lo sé fui un cobarde, pero eso quedo en el pasado y lo único que nos define es el aquí y el ahora, las únicas acciones que nos definen son las del ahora, no las del ayer. El gigante se levantó y continuó caminando. -No hay tiempo que perder, encontraremos el camino si seguimos caminando. El camino lo hacemos nosotros, nadie lo harán antes por nosotros.
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